sábado, 28 de febrero de 2009

El problema del judaísmo ante el Concilio Vaticano II – (II)

En este trabajo expone la doctrina tradicional de la Iglesia sobre la responsabilidad de los judíos en la muerte de Nuestro Señor Jesucristo. Los errores que por Mons. CARLI detenta en los esquemas y borradores conciliares terminaron haciéndose oficiales en la Declaración conciliar Nostra Aetate sobre las religiones no cristianas, y hoy son ligar común.

Por Mons. Luigi Maria Carli
Cuadernos Fides nº 21. (2).

(El Obispo de Segni, Italia, Monseñor LUIGI MARÍA CARLI, se distinguió durante el Concilio Vaticano II por ser uno de los Padres más combativos del Coetus Internationales Patrum. sisinono@mixmail.com
Se trataba de un grupo de tendencia tradicional del que formaban parte, Mons. Proença Sigaud, Mons. Castro Mayer y Mons. M. Lefebvre).

En este trabajo expone la doctrina tradicional de la Iglesia sobre la responsabilidad de los judíos en la muerte de Nuestro Señor Jesucristo. Los errores que por Mons. CARLI detenta en los esquemas y borradores conciliares terminaron haciéndose oficiales en la Declaración conciliar Nostra Aetate sobre las religiones no cristianas, y hoy son ligar común. Forman parte de un “meaculpismo” tan injusto con la historia de la Iglesia (que jamás ha sido RACISTA ni ANTISEMITA, considerando el judaísmo como un problema exclusivamente religioso) como ajeno de toda fundamentación doctrinal.*

*Por el contrario, de manera más convincente, J. SCHIMID comenta: “El sentido real de este versículo no puede ser que el pueblo judío, en general, vaya a subsistir como viña de Dios (es decir, dejando aparte toda metáfora, como su pueblo elegido), pero recibiendo otros jefes en sustitución de sus jefes actuales, qu son contrarios a la voluntad de Dios. Tal interpretación contradiría no solamente la realidad histórica, sino también todo el mensaje de Jesús y la fe del cristianismo primitivo. También el versículo 43 se opone ello. Dado que se habla en él de otro pueblo, al cual le será dado el “reino de Dios” y que dará sus frutos, Él no se dirige solamente a los jefes del judaísmo, en antítesis con el pueblo, sino a todo el pueblo judío (“os digo”). El versículo expresa, pues, en términos precisos y eficaces, la idea central de toda la parábola. Ésta contiene una especie de teología de la historia, que contempla la falta de Israel en toda su extensión a través del tiempo. Pero la generación presente, aquella a la cual habla Jesús, colma la medida de la falta, ya que ella entrega a la muerte al “hijo bien amado”. De este modo se ha agotado la paciencia de Dios. Resulta de ello la condenación de Israel. Será reemplazado por un nuevo Israel espiritual, que Dios suscitará entre los paganos y al cual dará también nuevos “fittavoli”, “nuevos jefes”. (O. cit., pág. 395. Téngase también presente esta profecía amenazante para los judíos: “Así yo os declaro que muchedumbres vendrán de Oriente y de Occidente, y se sentarán a la mesa en el reino de los cielos con Abraham, Isaac, y Jacob, en tanto que los hijos del Reino serán arrojados a las tinieblas exteriores” (Mt. 8, 11).
SIMÓN-DORADO tiene la misma opinión: “Así pues, la nación judía un castigo, y en primer lugar, como ella se ha comportado indignamente, será privada de la dignidad teocrática; y los paganos ocuparán su lugar. (Praelectiones biblicae asum scholarum Novum Testamentum, vol. I, Taurini, 6ª ed. 1944, pág. 814).

2º) San Pedro, hablando el día de Petencostes a varios millares de judíos, no solamente de Jerusalén sino “de todas las naciones que están bajo el cielo (Hech. 2, 6) – por tanto una especie de representación de todo el judaísmo, tanto de Palestina como de la Diáspora -, no vacila en proclamar: “Israelitas, escuchad estas palabras: vosotros habéis hecho morir por la mano de los impíos…a Jesús de Nazareth. Que toda la raza de Israel sepa pues con certeza que Dios ha constituido como Señor y Cristo a este Jesús al que vosotros habéis crucificado” (Hech. 2, 22-36). En otros términos, el Príncipe de los Apósteles atribuye a todos los oyentes – entre los cuales quizá ninguno figuraba entre los materiales homicidas de Jesús – y por tanto, a todo Israel, la RESPONSABILIDAD DEL DEICIDIO.
SAN PEDRO usa el mismo lenguaje cuando se dirige al pueblo que acudió en gran número después de la curación milagrosa del cojo: “El Dios de nuestros padres ha glorificado a su servidor Jesús, que vosotros habéis entregado y negado…Vosotros habéis renegado del santo y del justo, y vosotros habéis pedido que se os diese más bien al homicida, y habéis hecho morir al autor de la Vida” (Hech. 3, 15). ¿Cuántos entre los oyentes de San Pedro habían efectivamente traicionado, negado, dado muerte a Jesús y reclamado a Barrabas? Esto importa poco para el principio de la responsabilidad colectiva; y, sin embargo, si existieran circunstancias en las que hubiera sido justo y útil distinguir entre un puñado de responsables y una masa de inocentes…¡en verdad ésta hubiera sido una!
3º) Los apósteles reprochan al Sanedrín entero y al pueblo de Jerusalán la responsabilidad de la muerte de Jesús: “El Dios de nuestros padres ha resucitado a Jesús, al que vosotros habéis dado muerte colgándole del madero” (Hech. 5, 30). ¡Y, sin embargo, bien saben que todos los miembros del Sanedrín no habían manifestado su adhesión!
4º) San Esteban, dirigiéndose al Sanedrín y al pueblo de Jerusalén (en medio del cual quizá no estaba ninguno de los que habían dado muerte a Jesús), establece una comparación entre los judíos contemporáneos y sus padres, y afirma indistintamente: “Ellos exterminaron a los que precedían la venida del Justo, a quien vosotros habéis entregado ahora y de quien sois los asesinos” (Hech. 7, 52).
5º) Para San Pablo, “los judíos”, en general, considerados colectivamente y sin tener en cuenta loables excepciones, son aquellos “que han dado muerte al Señor Jesús y a los Profetas, que no agradan a Dios, que son adversarios de todos los hombre impidiéndonos hablar a los paganos para que se salven; de este modo acrecientan ellos sin interrupción hasta el más alto grado la medida de sus pecados; pero la cólera de Dios ha terminado por alcanzarles” (I Tes. 2, 15-16). Y, sin embargo, el Apóstol se expresa así, hacia el año 50, a propósito de los judíos que persiguen a sus compatriotas convertidos, miembros de la diversas Iglesias de la Judea de las cuales muy probablemente ninguna (o casi ninguna) había participado en el crimen.

Para concluir, estimo que se puede afirmar legítimamente que todo el pueblo del tiempo de Jesús, entendido en el sentido religioso, es decir, como colectividad qu profesa la religión de MOISÉS, fue solidariamente responsable del crimen de deicidio, a pesar de que solamente los jefes, seguidos por una parte de sus fieles, hayan consumado materialmente el crimen.
Estos jefes, ciertamente, no eran elegidos democráticamente por el sufragio popular, sino que con arreglo a la legislación y la mentalidad entonces en vigor, eran considerados por Dios mismo (cfr. Mt. 23, 2) y por la opinión pública como las autoridades religiosas legítimas, responsables oficiales de todos los actos que ejecutaban en nombre de la religión misma. Pues bien, justamente por estos jefes fue condenado a muerte Jesucristo, Hijo de Dios; y fue condenado legalmente porque se había proclamado Dios (Jn. 10, 33; 19, 7); y, sin embargo, había suministrado pruebas suficientes para ser creído tal (Jn. 15, 24).
La sentencia condenatoria fue dictada por el Consejo (Jn. 11,49 y ss.), es decir, por la mayor autoridad de la religión judía, invocando la ley de MOISÉS (Jn. 19, 7) y motivando en ella la sentencia como una acción defensiva de todo el pueblo (Jn. 11, 50) y la religión misma (Mt. 26, 65). Es el sacerdocio de AARÓN, síntesis y principal expresión de la economía teocrática y hierocrática del Antiguo Testamento, el que condenó al Mesías. Por consiguiente, es legítimo atribuir el deicidio al judaísmo en cuanto comunidad religiosa.
En ese sentido bien delimitado, y teniendo en cuenta la mentalidad bíblica, el judaísmo de los tiempos posteriores a Nuestro Señor participa también objetivamente en la responsabilidad colectivamente del deicidio, en la medida en que este judaísmo constituye la continuación libre y voluntaria del judaísmo de entonces.
En ese sentido bien delimitado, y teniendo en cuenta la mentalidad bíblica, el judaísmo de los tiempos posteriores a Nuestro Señor participa también objetivamente en la responsabilidad colectiva del deicidio, en la medida en que este judaísmo constituye la continuación libre y voluntaria del judaísmo de entonces. Un ejemplo tomado de la Iglesia puede ayudarnos a comprender la realidad. Un Soberano Pontífice y un Concilio ecuménico, aun cuando no sean elegidos por la comunidad católica con sistemas democráticos, cada vez que toman una decisión solemne con la plenitud de autoridad, hacen corresponsables de esta decisión, ahora y en todos los siglos por venir, a todo el Catolicismo, a toda la comunidad de la Iglesia.

(Véase, THEODORE H. ROBINSON, “A history of Israel”. 2 vols. Oxford at Claredon Press. Reprinted 1957).

Próxima lectio: ¿Pueden los judíos ser calificados como “reprobados por Dios”?

Editó Gabriel Pautasso
gabrielsppautasso@yahoo.com.ar
Diario Pampero Condurbensis nº 209. Instituto Eremita Urbanus

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Los Templarios y la masonería


“De nuestra vida no véis más que la corteza de encima, pero no véis los grandes impulsos del interior”. - (Regla de la Orden del Templo).

Después de la toma de Jerusalén por los cruzados (1099), nueve caballeros franceses al mando de HUGUES DE PAYEN que acampaban en el monte Moriah, cerca de las ruinas del Templo de Salomón, decidieron fundar una orden de caballería – uniendo lo monástico con lo caballeresco – con el propósito de cuidar a los pobres y enfermos y amparar a los peregrinos que iban al Santo Sepulcro. Así nació la Orden de los Hermanos Pobres del Templo de Jerusalén sirviendo de modelo a todas las órdenes de caballería religiosas que posteriormente se establecieron.
La Orden tuvo como patrono a San Juan Evangelista y en San Bernardo a un decidido protector. En 1128 el Concilio de Troyes les concedió sus estatutos oficiales.
Ya entonces se manifestaba en es “Militia Templi Salomonis” o “Frates Templi Salomonis” extrañas contradicciones. Exentos de tasas e impuestos, podían, en cambio, cobrarlos. Como monjes debían abstenerse de toda gula pero como soldados “se les prohibía la inmoderada abstinencia”. La expresión “beber como un Templario” llegó a hacerse proverbial.
Los reglamentos le asignaban excepcionales privilegios y según un autor: “La soberanía de la Orden del Templo ya estaba en germen en sus estatutos”. No estaban subordinados sino al Papa – en teoría y en “análoga situación se encontraban los laicos asimilados” que eran amparados por la Orden a cambio de la cesión de sus bienes.
Llegó a tal grado el poder de estos caballeros de capa blanca, que se convirtieron en un Estado dentro del Estado , de cada reino de Europa. Su casa principal, el Temple de París llegó a convertirse en una especie de Ministerio de Finanzas del reino de Francia y en una verdadera bolsa internacional donde establecieron muchas de nuestras actuales operaciones de banco.
“La Orden de los Templarios – dice el historiador PRUTZ – que era una potencia militar y una acaudalada propietaria con la cual nadie podía competir, vino a ser de esta suerte también una gran potencia financiera”.
Con respecto a su gran poderío político financiero todos los investigadores parecen estar de acuerdo. Pero de cosas mucho más graves se acusó a la Orden: desviación de la ortodoxia, herejía, apostasía.

No hay que olvidar que en el momento de fundarse la Orden, el enemigo con el cual debía combatir – el Islam – se encontraba en todo apogeo histórico cultural. Los rudos cruzados cubiertos de hierro y montando pesados percherones, debieron causar en los cultos árabes, el mismo efecto de los bárbaros germánicos cuando invadieron el Imperio Romano. Las sucesivas derrotas de los cruzados hicieron flaquear en muchos la fe crística. Herejías que se creían superadas reaparecieron no solamente en Tierra Santa sino en Europa y especialmente donde más poderío y riquezas inmuebles tenían los Caballeros del Templo: el mediodía de Francia (Sur).
Los templarios se relacionaron con los judíos “cabalistas” y con sectas islámicas como la de los “Asesinos”, verdadera orden de caballería “iniciática”, fundada por el jeque EL DJEBEL, HASSAN SABAH, el misterioso “Viejo de la Montaña”. Y si bien es cierto que profesaban un fervoroso culto a la Virgen, éste llegó a tal extremo que una regla de la ORDEN, estipulada: “Nuestra estuvo en el principio de nuestra religión, y en ella y en Su Honor, si place a Dios residiría el fin de nuestra religión”. ¿Nuestra Señora o… ISIS?
Se llegó a decir, incluso, que “apostataron” de Cristo; que suprimieron de la misa las “palabras sacramentales”; que sus miembros mantenían entre sí impúdicas relaciones y que el “verdadero Dios”, el que dispensa a los hombres dicha y prosperidad era venerado en la forma de una “cabeza”. Cabeza de oro que contenía en su interior la calavera de una niña.
ELIPHAS LÉVY, cabalista del siglo XIX va más lejos y llega hasta dibujar un ídolo (el famoso Baphomet andrógino), verdadero demonio que se supone adraban los Templarios.
Todo esto se comentaba no solamente entre las gentes del pueblo sino que adoraban los Templarios.
El historiador PRUTZ nos dice que la ruina de los Templarios fue consecuencia de causas políticas, no eclesiásticas.
Pero si bien es cierto que el rey Felipe el hermoso, nieto de San Luis, tenía sobrados motivos para querer destruirlos, quizás esto no hubiera sido posible si el Papado romano no hubiera de su nefasta desviación de la ortodoxia. Y esto se comprobó positivamente durante el Concilio que al efecto se celebró en Viena. El 6 de abril de 1312, CLEMENTE V daba lectura a la Bula VOX IN EXCELSO que abolía en toda la Cristiandad la Orden de los Caballeros del TEMPLO. Su último gran Maestro JACOBO DE MOLAY fue quemado vivo en el 18 de de 1314. Al menos siguiente – 20 de abril – moría el Papa. El 29 de noviembre, FELIPE EL HERMOSO. ¡Extrañas coincidencias! La tumba de CLEMENTE V (BERTRAND DE GOTH) fue profana y destruida. Su estatua que se hallaba en el pórtico de la catedral de Burdeos apareció un día con su mano derecho cortada, como se hacía en la época con los parricidas.
Muchos niegan los terribles cargos que se le hicieron a los Templarios, incluso la Masonería. Ésta, que siglos después se jactaría de Heber contribuido a la ruina de los jesuitas (en algunos aspectos verdaderos Templarios), sigue sosteniendo su inocencia.
¿Existió algún vínculo entre los hermanos tres puntos y los Caballeros del Templo? Parece que estos se infiltraron en las cofradías de albañiles (masones), que durante la Edad Media guardaban celosamente los secretos del oficio para transmitirlos únicamente a los iniciados. Los Templarios habrían sido los que dieron a esa corporación el carácter esotérico cabalista.
Leemos en el Manual de la Masonería de Andrés Cassard, Edición de 1861: “No dudamos…que los Templarios fueron iniciados desde el momento mismo de su institución, y más creemos, que es a ellos a quienes Europa es deudora de la Masonería” (pág. 16). Y según la misma obra, cuando de confiere el grado 31 (Gran Inspector-Inquisidor-Comendador) se pregunta al candidato: “¿Quiénes son? R.: Felipe el Hermoso y Clemente V”.
Y aunque se parezca increíble – según el mismo texto masónico – “La Orden de los Templarios se ha conservado sin embargo en Francia y tenido una sucesión no interrumpida d Grandes Maestros desde Jacobo de Molay, que, antes de morir designó a T. M. LARMINUIS por su sucesor” (nota pág. 16).
¡Cabalistas, gnósticos, maniqueos, asesinos, templarios. Masones, jesuitas! Todos estos “iniciados” tienen algo de misteriosos, algo oculto. Huyen de la luz, de la verdadera Luz. Su misión es preparar la venida del señor de este mundo…¡El Anticristo! Para ello deben destruir de cualquier manera, el único y “verdadero” obstáculo, la Iglesia Católica, Teándrica y Trinitarista, que instauró sobre la roca de Pedro ¡Aquel que dijo: YO SOY LA LUZ DEL MUNDO! Ttl

Editó Gabriel Pautasso
gabrielspautasso@yahoo.com.ar
Diario Pampero Cordubensis nº 210. Instituto Eremita Urbanus


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Del “mito de la sustitución” a la religión noáquida (2)


“No es que yo me aferre a mis ideas, sino que Dios me ha fijado designios que debo tener en cuenta”. (Citado por Dom Aubourg, Entretienes sur les choses de Dieu, p. 324).

Por Michel Laurigan

En el nº 46 (otoño 2003) de Le Sel de la Terre, publicación de los dominicos de Avrillé (Francia), trae un interesante estudio-investigación del periodista MICHEL LAURIGAN, cuya actualidad e importancia no pasan desapercibidos.
El autor pasa revista a toda una serie de acontecimientos , conferencias, declaraciones, escritos, oficios, gestos, etc., reveladores del cambio de actitud de la Iglesia frente al mundo judío; pero más allá de los hechos, trata de escrutar y documentar los principios en que se apoyan que, una vez confesados, echan luz sobre el futuro que se avecina. Todo empieza en 1998, hace diez años…

Vaticano II: la puerta abierta…

A partir de la Segunda Guerra Mundial 1939-1945, las organizaciones judías comenzaron a desafiar el mundo católico y cristiano en punto a la necesidad de revisar la enseñanza de la Iglesia Católica sobre el JUDAÍSMO.
En 1946 y bajo los auspicios de las organizaciones judías norteamericanas y británicas, una conferencia tenida el Oxford, Inglaterra se reunió a católicos y protestantes para discutir los problemas surgidos después de la guerra: fue una simple toma de contacto.
Una segunda conferencia internacional organizada en SEELISBERG, Suiza TRATÓ EL PROBLEMA DEL ANTISEMITISMO en particular. En gran parte, era una reunión de expertos. (La revista Unidad de los Cristianos, nº 109, publica la fotografía de todos los participantes).Entre los sesenta participantes esta el Padre JOURNET. (Ver Recuerdos de la Conferencia de Seelisberg y del padre JOURNET por el Rabino A. ZAFRAN, La carta de SEELISBERG y la participación del Cardenal JOURNET por Mons. P. MAMIE,en el Coloquio de la Universidad de Friburgo, 16-20 de marzo, 1988, sobre el tema: “Judaísmo, Antijudaísmo y Cristianismo”, San Mauricio, edit. San Agustín, año 2000 p. 13-35. El padre JOURNET fue invitado a la conferencia dada por el R.P. DE MENASCE, O. P., EGIPCIO, JUDÍO CONVERTIDO. En cuanto a JACQUES MARITAIN, lo fue por el pastor de Ginebra PIERRE VISSEUR. Por su parte, JACQUES MARITAIN no pudo participar en la Conferencia, pero envío un caluroso mensaje de aliento, (El texto íntegro fue publicado por la revista Nova y Vetara 1946-1947, p. 312-317. Se titulada: “Contra el antisemitismo”. Se lee: “Los cristianos comprenderán también necesitan revisar diligentemente y purificar su propia lengua, pues una rutina no siempre inocente, pero en todo caso particularmente despreocupada por el rigor y la exactitud, filtró expresiones absurdas como la de raza deicida, o un modo más bien racista que cristianos de relatar la historia de la Pasión, que invita a los niños cristianos al odio de sus condiscípulos judíos (…).
Pero el personaje “clave” del encuentro fue JULES ISAAC. La conferencia concluyó con un documento titulado LOS DIEZ PUNTOS DE SEELISBERG, de los cuales cabe hacer mención:
Nº 5. Evitar rebajar el judaísmo bíblico o post bíblico con el fin de exaltar el cristianismo.
Nº 6. Evitar usar la palabra “judío” en sentido exclusivo de “enemigos de Jesús”, o la frase “enemigos de Jesús” para designar todo el pueblo judío.
Nº 7. Evitar presenta la pasión de tal manera que cuanto hay de odioso en la condena a muerte de Jesús recaiga sobre todos los judíos, o solamente sobre los judíos.
Nº 9. Evitar conceder aval a impía opinión de que el pueblo judío es réprobo, maldito, a lo cual está reservado un destino de sufrimiento.

Los archivos de JULES ISAAC dan testimonio de las abundantes actividades de este autor. (ANDRÉ KASPI, Jules Isaac, historiador, protagonista del acercamiento judeocristiano, París, Plon, 2002. p. 215). Así lo muestra ANDRÉ KASPI, que acaba consagrar una biografía a la personalidad de JULES ISAAC, confirmando muchos hechos conocidos y revelando otros. Una de las contribuciones más importantes de JULES ISAAC fue la redacción del libro Jesús e Israel, pretendiendo probar que el pueblo judío no fue ni deicida ni maldito y que el cristianismo es responsable del ANTISEMITISMO AMBIENTE por su antijudaísmo teológico. En la obra expone seguidamente, veintiún puntos, verdadera “carta” de una nueva teología de las relaciones judeocristianas.
En 1948, ISAAC funda la “Amistad Judeo-cristiana” cuyo objetivo se indica claramente “la rectificación de la enseñanza cristiana”. Muchos católicos liberales o progresistas, CATÓLICOS DE IZQUIERDA, participan en las reuniones bien orquestadas. KASPI escribe que “los diez puntos de Seelisberg y los veintiún puntos de Jesús e Israel se distribuyen por todas partes”. Por ese tiempo, se apresura a ISAAC de entrevistar al Papa de la Iglesia Católica. PÍO XII lo recibe brevemente el 16 de octubre de 1947 en Castel Gandolfo JULES ISAAC expone al Soberano Pontífice los diez puntos de Seelisberg. El resultado es bastante poco satisfactorio para el autor de manuales de historia.
En octubre de 1959, CLETA MAYER y DANIEL MAYER – fundadores del Centro para Estudios de los Problemas Actuales, estrechamente ligada a la Liga Antidifamación (asociación creada en 1913 por la logia masónica B´Nai B´erith) – “se entrevistan con JULES ISAAC en el Hotel Terminus de París y le hablan de un posible contacto con JUAN XXIII. JULES ISAAC aprueba.
Ahora bien, veremos exponer importantes documentos sobre el judeocristianismo entre la Declaración Seelisberg y nuestro tiempo.
1) Declaración de Seelisberg. LAS BASES DE UNA AMISTAD. En julio de 1947 se celebró una importante reunión de hombres de buena voluntad procedentes de distintas iglesias cristianas, entre los que figuraban destacadas personalidades católicas. El objetivo de la asamblea fue la de analizar las causas del ANTISEMITISMO entre los cristianos y establecer los puntos básicos de un acercamiento leal.
2) “Acabamos de asistir – se decía en el preámbulo de la Declaración – a una explosión de antisemitismo, que ha conducido a la persecución y al extermino a millones de judíos que vivían entre cristianos”.
3) Para evitar la repetición de tamañas injusticias y con el fin de lograr dentro del cristianismo un clima más evangélico para los judíos perseguidos, los asambleístas fijaron una doctrina común (entre católicos y judíos), cuyos puntos principales son:
4) 1.- Recordar que es Él mismo Dios que habló a los de la Antigua y a los de la Nueva Ley.
2.- Insistir en que Jesús nació de una Virgen judía, de la raza de David, y que su amor alcanzó, al igual que su perdón, a todos los hombres del mundo.
3.- Tener presente que los primeros apósteles, las primeras masas convertidas y los primeros mártires del cristianismo fueron judíos.
4.- Recordar a judíos y cristianos, que el precepto del Amor dado por Dios en la Antigua Ley y confirmado en la Nueva a amarse a los unos y a los otros.
5.- No rebajar el judaísmo anterior y posterior al cristianismo, con el fin de exaltar la religión de Jesús.
6.- No identificar el nombre de Jesús por el de enemigo de Jesús.
7.- No exponer la Pasión de suerte que nazca odio para el pueblo judío. Los responsables e la muerte de Cristo SOMOS TODOS.
8.- No poner en boca de todo el pueblo de Israel el grito de: “Caiga sobre nosotros su sangre”, y aplicar también a los judíos las palabras de perdón pronunciados por el REDENTOR en la Cruz.
9.- No hablar con menosprecio del pueblo judío ni decir que sea un pueblo maldito, réprobo. Tal afirmación es impía y antibíblica.
10.- Recordar que los primeros cristianos fueron judíos.

De RAFAEL LÓPEZ JORDÁN, “No son deicidas”, Editorial Losada, Buenos Aires, 1966, p. 245-246. T. p. 250. Con dedicatorias “Al amigo Fernando Levy. El antisemitismo de los cristianos y el anticristianismo de los hebreos constituyen una igual injuria a Dios” JULES ISAAC y “Es triste, muy triste…Si un cristiano cumple una mala acción la culpa recae sobre los hombres”. ANNA FRANK. El autor es sacerdote jesuíta.

Jules Isaac y el Concilio

En el origen de las reformas propuestas al Concilio en vista a modificar la actitud y la doctrina seculares de la Iglesia con respecto al Judaísmo y a la Masonería, se encuentran diversas personalidades y organizaciones judías: JULES ISAAC, LABEL KATZ, presidente de los B´naï-Brith, NAHUM GOLDMAN, presidente del Congreso Mundial Judío, etc.
Estas reformas son muy graves, ya que vienen a decir, después de 2.000 años, la Iglesia se había equivocado, que debe rectificar dignamente y revisar por completo su actitud con respecto a los judíos.
Del lado católico, se está desarrollando una campaña similar por parte de los prelados progresista o catolicismo de izquierda los cuales, apoyándose en el hecho de que el Cristianismo tienen una raíz judaica, reclaman una tolerancia hacia los judíos que éstos distan mucho de ejercer hacia los cristianos. EN REALIDAD, para unos y para otros es un mecanismo bélico destinado a destruir al catolicismo tradicional, al que consideran como enemigo por excelencia.
Entre las personalidades judías norteamericanas anteriormente citadas, hay una que desempeña un papel esencial: el escritor JULES ISAAC , judío de Aix-en-Provence fallecido hacia los cincuenta, a una edad muy avanzada, ex inspector general de Instrucción Pública de Francia y autor de los manuales clásicos de Historia MALET e ISAAC. (cfr. imagen).
Aprovechándose del Concilio, donde encontró valiosos apoyos entre los obispos progresistas, JULES ISAAC ha sido el principal teórico y promotor de la campaña desarrollada contra la enseñanza tradicional de la Iglesia.

La tesis que en lo esencial sostenía:
Hay que acabar con el antisemitismo, que ha conducido a la matanza de los judíos europeos en Auschwitz y otros campos de exterminio, en el curso de la Segunda Guerra Mundial.
El antisemitismo más temible, según JULES ISAAC, es el antisemitismo cristiano, de base teológica. En efecto, la actitud de los cristianos ante el judaísmo se ha basado siempre en el relato de la Pasión, tal como ha sido contando por los cuatro evangelistas, y en las enseñanzas elaboradas, desde los primeros siglos, por los Padres de la Iglesia: SAN JUAN CRISOSTOMO, SAN AMBTOSIO, SAN AGUSTIN DE HIPONA, el Papa SAN GREGORIO el GRANDE, SAN AGOBARDO, primado de las Galias, etc.
EN CONSECUENCIA, JULES ISAAC ha tratado de minar ese base teológica fundamental, poniendo en duda el valor histórico-teológico de los relatos evangélicos y desacreditando los argumentos presentados por los Padres de la Iglesia para defender a los cristianos contra la influencia de los judíos, acusados de alimentar, de un modo permanente, deseos subversivos contra el orden cristiano.

Veamos ahora en detalle la acción la acción desarrollada por JULES ISAAC, lo mismo en el Vaticano que en seno del Concilio Vaticano II 1962-1965., para hacer prevalecer su tesis.
A raíz de la desaparición de su esposa y de su hija, fallecidas en deportación, JULES ISAAC dedicó los últimos veinte años de su vida al estudio crítico de las relaciones entre Judaísmo y el Cristianismo, y consagró a esa tarea dos importantes libros: “JESÚS e ISRAEL”, publicado en 1946 y reeditado en 1959, y “Génesis del antisemitismo”, aparecido en 1948 y reeditado en 1956.
En estas obras, JULES ISAAC censura violentamente la enseñanza cristiana, responsable, según él, del antisemitismo moderno, y preconiza (sería más exacto decir: exige) la “purificación” y la “reforma” de aquella enseñanza (desde el catecismo a las universidades católicas) de aquella enseñanza dos veces milenaria. De momento, continuemos con la historia del papel desempeñado por JULES ISAAC en la preparación del problema judío en el Concilio.
A partir del final de la Segunda Guerra Mundial, empezó a celebrar reuniones nacionales e internacionales con personalidades católicas filosemitas, favorables a su tesis.
En 1947, a raíz de unas entrevistas judeo-católicas de ese tipo en las cuales aparecen, del lado judío, EDMONT FLEG, filósofo y pensador y SAMY LATTÉS, y del lado HENRI-IRENEE MARROU, historiador y humanista, el Padre JEAN DANIELOU, futuro cardenal, historiador del historialismo, y el abate VIEILLARD, del secretario del Episcopado francés, JULES ISAAC redacto una memoria de 18 puntos sobre la “Reforma de la enseñanza cristiana acerca del Israel”.
El mismo año, fue invitado a la conferencia internacional de SEELISBERG, en Suiza neutral, en la cual participaron 70 personas, procedentes de 19 países, entre ellas el padre CALIXT LOPINOT, el Padre DÉMANN, el Pastor FREUDENBERG y el gran rabino KAPLAN. La conferencia aprobó en sesión plenaria los “Diez puntos de Seelinberg”, los cuales sugieren a las iglesias cristianas católicas y evangélicas protestantes las medidas a adoptar para purificar la enseñanza religiosa en lo que respecta a los judíos.
Luego, con el gran rabino de Francia y su adjunto JACOB KAPLAN, los judíos EDMOND FLEG y LEÓN ALDAZI y unos amigos católicos como HENRI-IRENEE MARROU, JACQUES MADAULE, y JACQUES NANQUET, y otros amigos protestantes: el profesor LOVSKY y JACQUES MARTIN, fundó la primera Amistad judeo-cristiana, seguida inmediatamente por la fundación
de otras Amistades en Aix, Marsella, Nimes, Monpellier, Lyon, y finalmente, donde el obtuvo el patronazgo del cardenal LIÉNART. Posteriormente, fundó otras el África del norte.
En 1949 entró en contacto, en Roma, con unos miembros que le facilitaron una audiencia privada con PÍO XII, ante el cual le facilitaron abogó por la causa del Judaísmo, rogándole que hiciera examinar los “DIEZ puntos de Seellisberg”. En 1959 pronuncio una conferencia en la Sorbona sobre la necesidad de una reforma de la enseñanza cristiana con respecto a los judíos, terminando con un llamamiento a la justicia y al amor a la verdad de JUAN XXIII.
Poco después, se entrevisto con varios prelados de la Curia romana, especialmente con el Cardenal TISSERAND, el Cardenal JULLIE, el Cardenal OTTAVIANI y el Cardenal BEA, y el 13 de junio de 1960 fue recibido por el Padre Santo, al cual pidió la condena de la “ENSEÑANZA DEL DESPRECIO”, sugiriéndole la creación de una comisión encargada de estudiar ese problema.
Al cabo de unas semanas M. ISAAC “tuvo la dicha de saber que sus propuestas habían sido tenidas en cuenta por el Papa y trasmitidas al Cardenal BEA para su estudio”. El Cardenal BEA creó entonces en el seno del Secretariado para la Unidad de los Cristianos un grupo especialmente encargado de examinar las relaciones entre la Iglesia e Israel. En 1964, la cuestión fue sometida al Concilio, para desembocar finalmente en el voto del 20 de noviembre del mismo año.

El Papa JUAN XXIII había lanzado la idea de convocar a un Concilio algunos meses antes. La famosa inspiración de JUAN XXIII en San PABLO Extramuros sigue siendo un enigma. Sería interesante saber si JULES ISAAC o las organizaciones judías desempeñaron algún papel en la decisión que tomó. Se sabe que el 1923 los desaconsejaron a PÍO XI una convocatoria semejante. El Cardenal BILLOT había incluso predicho al Sumo Pontífice: ¿Acaso no debemos temer que el Concilio sea “maniobrado” por los peores enemigos de la Iglesia, los modernistas, que como los informes muestran con evidencia, se preparaban para aprovecharse de los Estados Generales de la Iglesia (es decir, un Concilio) y hacer una revolución, un nuevo 1789? Citado por Mons. TISSIER DE MALLERAIS en “Marcel Lefebvre”, Clovis, 2002, p. 289.
Se puso en marcha una comisión preparatoria, en la cual intervinieron muchos teólogos y hombres eminentes. Pero un contraConcilio se preparaba a sus espaldas y debía suplantar al verdadero llegado la hora. RALPH WILGEN lo prueba abundante en En el Rin desemboca en el Tiber. Edit. Du Cedre, París, 1982.
A mediados de junio de 1960 y por consejo de Mons. JULIEN, ISAAC se dirigió al Cardenal AGUSTÍN BEA, jesuita alemán. “Encontré en él un fuerte apoyo”. Es cierto que las malas lenguas decían que el Cardenal BEA era “judío de corazón”. Lo difundían los diarios egipcios. Véase la obra de BEA La Iglesia y los Judíos, Cerf, 1967, y el artículo del Cardenal J. WILLEBRANS “Contribución del cardenal BEA al movimiento ecuménico, a la libertad religiosa y a la instauración de nuevas relaciones con el pueblo judío”, D.C. 79, (1982), p. 199-207.
ISAAC obtuvo un apoyo mayor al que podía esperar ya que sin muchas dificultades logró una audiencia con JUAN XXIII el 13 de junio de 1960. En esta ocasión ISAAC entregó al Papa un memorandum titulado. Necesidad de una reforma de la enseñanza cristiana respecto a Israel. “Pregunté si podía abrigar alguna esperanza”, “que no era un monarca absoluto”. Tras la partida de ISAAC, JUAN XXIII se esforzó en hacer comprender claramente a los dignatarios eclesiásticos de la Curia romana que se esperaba una firme condena del “antisemitismo católico” durante el Concilio que terminaba de convocar. JUAN XXIII respondió a ISAAC que tenía derecho a tener algo más que esperanza. Desde entonces, se sucedieron gran número de intercambios entre las oficinas del Concilio y el Comité Judío Norteamericano, la Liga Antidifamatoria y la B´enai B´rith. Estas asociaciones judías supieron hacer escuchar fuertemente su voz en Roma.

De modo que, según JULES ISAAC:
Los evangelistas eran unos embusteros, San Juan Crisóstomo un vulgar libelista, San Agustín un falsario de inteligencia sutil, el Papa Gregorio el Grande el inventor de ese “TEMA TEMIBLE”: el “pueblo carnal”, que ha desencadenado contra los judíos a lo largo de la historia “el salvajismo de la Bestia”, San Agobardo, célebre Primado de las Galías, un sembrador “a voleo a través de la multitud de los fieles de una enseñanza que conduce a las más odiosas secuelas, a los delitos de genocidio, a los asesinatos en masa, a los monstruosos “pogroms”.
Todos ellos unos perseguidores, animados de un odio antijudío, verdaderos precursores de los Streicher y compañía, responsable morales de ese lugar maldito, “Auschwitz”, y de los “seis millones de víctimas judías inocentes”.

Así, sin tratar de analizar los motivos por los cuales esos grandes doctores, de formación y de origen distintos, judíos, griegos o latinos y elevados por la Iglesia a sus altares, formularon, con tanta unanimidad, unas acusaciones tan graves y severas contra los Judíos, JULES ISAAC corta, afirma y condena.

JULES ISAAC pide – mejor dicho, exige – del Concilio:
La condena y la supresión de toda discriminación racial, religiosa o nacional con respecto a los judíos.
La modificación o la supresión de las preces litúrgicas relativas a los judíos, en especial las del Viernes Santo.
La afirmación de que los judíos no son los únicos responsables de la muerte de Cristo, cuya culpa recae sobre la humanidad entera.
La revisión o la anulación de los pasajes evangélicos que relatan el episodio crucial de la Pasión, especialmente las del Viernes Santo, especialmente el de San MATEO, al cual JULES ISAAC trata fríamente de embustero y de falsario.
La confesión de que la Iglesia lleva las de perder en ese estado de guerra latente que persiste después de dos mil años entre los judíos, los cristianos y el resto del mundo.
La promesa de que la Iglesia modificará definitivamente su actitud en un sentido de humildad, de contrición y de perdón con respecto a los judíos, y que realizará todos los esfuerzos necesarios para reparar el daño que les ha causado, rectificando y purificando su enseñanza tradicional, de acuerdo con las directrices de M. JULES ISAAC.

A PESAR de la insolencia de su ultimátum , y a pesar de su virulencia requisitoria contra los evangelios y contra las enseñanzas permanente de la Iglesia que tiene su base en las propias palabras de Cristo, JULES ISAAC ha encontrado en los prelados modernos, e inclusive en Roma, poderosos apoyos, empezando por los numerosos adeptos de la Amistad judeocristiana.


NOTAS:
Imágenes de: 1) del libro La época contemporánea; 2) JULES ISAAC; 3) Cardenal AGUSTIN BEA; 3) Dr ARTHUR GOLDBERG.

AGUSTÍN BEA, S.J. cardenal de la Iglesia, configura un caso de extrañas resonancias judeo-cristianas; quizá constituya un factor decisivo de ciertas corrupciones doctrinales a nivel bíblico, preconciliar, conciliar y postconciliar. La historia de este jesuita “alemán”, profesor y director en un tiempo del Pontificio Instituto BÍBLICO de Roma, elevado al cardenalato por JUAN XXIII, es oscura y discutida, y por los anuncios que han circulado en ocasión del Concilio, puede tenérselo por judío, de apellido BEHA.

Editó Gabriel Pautasso
gabrielsppautasso@yahoo.com.ar
Diario Pampero Cordubensis nº 208. Instituto Eremita Urbanus.

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viernes, 27 de febrero de 2009

Martin Heidegger, por la puerta de la sacristía


En la fotografía, Martin Heidegger contempla un antiguo armorial de los Condes de Messkirch, su patria chica. Nótese la complacencia con la que se asoma a los viejos documentos del Archivo aristocrático.

NOTAS SOBRE HEIDEGGER Y EL CRISTIANISMO

NOTA PRELIMINAR: Gracias a la oportuna reflexión de un amigo lector, Terzio (sobre la disposición o indisposición de Heidegger a rezar), hemos pensado que era conveniente abordar un tema como éste, aunque sabiendo de antemano que nada definitivo podremos decir sobre el particular. Preferimos omitir datos biográficos de Heidegger que no sirvan a la tarea que nos proponemos aquí. Se pueden consultar buenas biografías, como la de Hugo Ott. No obstante, bueno será recordar que Heidegger era hijo del sacristán católico de San Martín de Messkirch. Pretendió ser jesuita, pero se vio rechazado por cierta tara física. Todo hace pensar que, perdiendo la fe católica, estuvo muy próximo al protestantismo y no dejó de explorar en las religiones de Extremo Oriente. Sin embargo, ¿murió católico?

Según el testimonio de un pastor protestante, en otoño de 1933, en un discurso, pronunciado por Martin Heidegger a los representantes del estudiantado alemán, el filósofo alemán se dirigió contra el cristianismo, según el testigo: “contra el cristianismo, contra la teología cristiana, contra la interpretación cristiana de la existencia, de la realidad. Según Heidegger, si se quería atacar al cristianismo no bastaba con enfrentarse al sgundo artículo de esta doctrina (el que dice que Jesús es Cristo), sino que había que empezar por rechazar el primer artículo, el de que un dios ha creado y conservado el mundo y el ente es sólo un producto fabricado por una especie de artesano […] es en ese artículo donde, según él, se escondía el fundamento de un concepto negativo del mundo, que lo desprecia y lo niega.”

Si el mundo no es creación de un Dios, ¿qué será para Heidegger el mundo? Heidegger nos responde: la “cuaternidad” de tierra y cielo, divinos y mortales. Creo, sinceramente, que esta "cuaternidad" encuentra su expresión plástica en el Tetramorfos cristiano, donde la representación figurada de los Evangelistas sigue el mismo esquema de cielo, tierra, ángel y hombre-mortal. No obstante, en Heidegger esta "cuaternidad" es rezago de los poemas de Hölderlin.

La tierra –nos dice Heidegger- es “la que porta construyendo, la que fructifica alimentando, protegiendo aguas y roquedos, vegetales y animales”. El cielo “es la marcha del sol, el curso de la luna, el fulgor de los astros, las estaciones del año, la luz y el crepúsculo del día, la oscuridad y claridad de la noche, la bondad y la inclemencia del tiempo, el paso de las nubes y la profundidad azul del éter". Los divinos “son los mensajeros de la deidad, los que dan señales de ella. Es del imperar oculto de la deidad de donde aparece el dios en su esencia, que lo sustrae a toda comparación con lo asistente”. Los mortales “son los hombres. Están llamados a ser mortales porque pueden morir. A morir se lo llama: estar capacitado para la muerte en cuanto muerte”.

Este pensamiento de la cuaternidad no nos lo presenta Heidegger como una innovación Heidegger, con las novedades sólo pueden encandilarse los modernos y los estúpidos (palabras sinónimas las más de las veces). La prueba de todo pensamiento fuerte está, precisamente, en recordarnos viejas verdades, no en descubrirnos nada. Veamos un noble testimonio que podemos citar como antecedente del mundo como “cuaternidad”, asentado por Heidegger:
“Dicen los sabios, Calicles, que al cielo, a la tierra, a los dioses y a los hombres los gobiernan la convivencia, la amistad, el buen orden, la moderación y la justicia, y por esta razón, amigo, llaman a este conjunto “cosmo” y no desorden y desenfreno” (Gorgias, Platón).

El recelo de Heidegger ante el cristianismo puede deberse a muchas razones, pero creemos que la lectura de Nietzsche es decisiva. No obstante, la posición del filósofo ante el fenómeno cristiano es bastante ambigua. Una anécdota que cita Max Müller puede valernos como prueba de esto:

Cuando Heidegger entraba en una capilla o en una iglesia su actitud siempre era de un respetuoso silencio. Max Müller le preguntó un buen día: “si su actitud no tenía algo de inconsecuente, ya que había rechazado los dogmas de la Iglesia”. Heidegger le respondió: “Hay que pensar históricamente. Y en un lugar donde se ha rogado tanto, lo divino se hace presente de manera muy particular”.

Murió el 26 de mayo de 1976 en Friburgo, pero quiso ser enterrado en el cementerio de la parroquia de la que su padre fue sacristán, San Martín de Messkirch. Fue inhumado en el suelo de sus antepasados, con un sepelio católico, aunque en su tumba no hay una cruz, sino una estrella.

Bernhard Welte, sacerdote católico, teólogo y amigo de Heidegger pronunció unas palabras en memoria del difunto:
Heidegger quiso “cargar con su parte de la angustia de esta época alejada de Dios y mostrarle el camino a la época y al mundo como un camino que lleva hacia allí”.

El camino de Heidegger pudo ser algo errático, es cierto: pero, como bien apuntó Albert Krautheimer, el cura vecino de Bietingen, buen amigo de Heidegger: “los miembros de la Iglesia celebrarían que Martin atravesara el umbral principal de la iglesia de San Martín de Messkirch con hábito de penitente, pero hace mucho tiempo que ya entró en la iglesia, por la puerta de la sacristía, como cuando niño, como cuando era el hijo de aquel sencillo sacristán”.

Pese a todas las objeciones que puedan hacérsele al filósofo de la Selva Negra, mi admiración por su obra y por su personalidad no quiere dejar esto aquí y así, tan desabrido. A título personal, para mí constituiría un gran motivo de alegría que Martin Heidegger se arrepintiera a tiempo de sus pecados, suplicara el perdón de Dios y Heidegger esté en gloria, siendo alumbrado por luz perpetua.


Fuente http://librodehorasyhoradelibros.blogspot.com/

Editó Gabriel Pautasso
gabrielsppautasso@yahoo.com.ar
Instituto Eremita Urbanus

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lunes, 23 de febrero de 2009

La Santa Cuaresma

LA CUARESMA propiamente empieza el primer domingo de Cuaresma, pero en cuanto a los ayunos y abstinencias comienza el MIÉRCOLES DE CENIZA.

Su objeto es preparar dignamente la celebración anual de LA PASIÓN, MUERTE y RESURRECCIÓN DEL SALVADOR, y prepáralas con una más intensa oración, con prácticas de penitencia, con exhortaciones apremiantes a la conversión, con obras de misericordia y lecturas bíblicas y patrísticas conmovedoras, de las que ofrecen un riquísimo mosaico tanto el Breviario como el Misal cuaresmales. Antiguamente preocupaban especialmente a la Iglesia, durante la Cuaresma, la preparación de los catecúmenos para el bautismo solemne y la reconciliación de los pecadores y penitentes público; hoy su preocupación principal es el CUMPLIMIENTO PASCUAL y la RECRISTIANIZACIÓN DE LA SOCIEDAD CRISTINA EN LA PATRIA ARGENTINA, tendiente siempre a paganizase. A estos efectos, la misa de cada día de CUARESMA, misma siempre nueva y fecunda en hondos pensamientos, puede servir de eficaz programa.

Misa de Ceniza

Ayuno y Abstinencia


Después de los abusos y trasnochadas de estos días de “carnaval”, de “adios a la carne”, carne vale, ¡qué lúgubre la de parecerles a los mundanos el austero pregón hace la Iglesia del comienzo de los ayunos y abstinencias de Cuaresma? Sin embargo, así es: hoy es un día triste, un día de penitencia corporal, un día en que ha tenerse sin cesar presente el pensamiento de la muerte y de las terribles consecuencias del pecado.

“¡Acuérdate, hombre, que has de morir!” Vive de suerte que la muerte te encuentre preparado.
*Si, como dice JOB, “la vida del hombre es una milicia sobre la tierra”, es principalmente en la Santa Cuaresma cuando el cristiano verdadero debe combatir contra el demonio (con oración y humildad), contra el mundo (con menosprecio de él y alejándose de sus pompas, fiestas y vanidades) y contra la carne (con ayuno, obstinaciones, trabajo más rudo y madrugadas).

*Llamamiento a la penitencia y a la conversión íntima y sincera de todos los hombres, aun de los más impíos, que suena, después de los desenfrenos y alborotos de Carnaval, a un misericordioso pregón venido de ultratumba. Epístola, lección del Profeta JOEL (II, 12-19).

Evangelio, continuación del Santo Evangelio según SAN MARCOS (VI, 16-21).
El ayuno cuaresmal que hoy iniciamos los cristianos solemnemente, para ser agradable a Dios y provechoso a nuestras almas debe revestir, según este Evangelio, las siguientes cualidades: humilde sinceridad de corazón, santa alegría espiritual, y ausencia de vana ostentación, Haciéndolo así, acumularemos tesoros preciosos en el Cielo; de otro modo, la mortificación del ayunador no será recompensada.

*A imitación de los ninivitas, los cuales hicieron penitencia bajo la ceniza y cilicio, la Iglesia, para domar nuestro orgullo, y recordamos la sentencia de muerte que nosotros recae en pena de pecado, (la ceniza es símbolo de penitencia y bendita por la Iglesia, se trueca en un sacramental que nos mueve a desarrollar en nostros el espíritu de HUMILDAD y SACRIFICIO), pone hoy ceniza en nuestras cabezas, diciendo: “Acuérdate, hombre, de que eres polvo y al polvo has de volver”. Tenemos ahí el vestigio de una antigua ceremonia. Los cristianos que habían cometido algún pecado grave y público, debían también someterse a pública penitencia, y para eso, el Miércoles de Ceniza, el Pontífice bendecía los cilicios que los penitentes iban a llevar puestos durante toda la Santa Cuarentena, y les imponía la ceniza sacada de las palmas que habían servido al año anterior para la procesión de los Ramos. Luego, mientras los fieles rezaban los Salmos penitenciales, se “expulsaba a los penitentes de lugar santo”, como había sido arrojado ADÁN del Paraíso por su desobediencia” (Pontifical). Los penitentes no dejaban sus vestidos de penitentes, ni entraban en la Iglesia hasta el Jueves Santo, después de haber sido reconciliados por los trabajos de la penitencia cuaresmal y por la confesión y absolución sacramentales.
El Papa URBANO VI, en el Concilio de Benevento (1091) mandó que la ceniza fuese impuesta también a los simples fieles porque “Dios perdona los pecados a los que de ellos se duelen”. “Es rico en en misericordias para con los que a Él se vuelven de todo corazón por el ayuno, las lágrimas y gemidos” (Ep.). Y no hemos de desgarrar nuestros vestidos en señal de dolor, cual lo hacían los Fariseos, sino nuestros corazones” (Ep.).
“Saquemos de la Eucaristía el auxilio que hemos menester” (Posc.), a fin de que, “celebrando hoy la apertura solemne del ayuno sagrado” (Sec.), “terminemos la carrera con una devoción que nada sea capaz de turbar” (Or.),

Socórrannos, Señor, los Sacramentos recibidos: para que nuestros ayunos te sean gratos, y nos aprovechen para la Salvación. POR NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO.

LA PALABRA SACRAMENTO TIENE UN AMPLIO SIGNIFICADO EN LOS PADRES y EN LA LITURGIA, AQUÍ SIGNIFICA LA SAGRADA CUARESMA POR TANTOS CONCEPTOS VENERABLE.

Editó Gabriel Pautasso
gabrielsppautasso@yahoo-com.ar
Diario Pampero Cordubensis nº 202. Instituto Eremita Urbanus

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jueves, 19 de febrero de 2009

El problema del judaísmo ante el Concilio Vaticano II - I


Por Mons. Luigi María Carli

¿Pueden los judíos ser calificados como “deicidas”?

Se ha dicho que no debe hablar de “deicidio” porque, según la etimología, Dios no puede ser matado. Pero es fácil responder que el homicidio de Jesucristo, verdadero Hijo de Dios, merece, en estricto rigor teológico, en nombre de “deicidio”.
“Actiones et passiones sunt suppositorum”, enseña la filosofía. Y Santo Tomás argumenta lógicamente: “La unión de la naturaleza humana y de la naturaleza divina se realizó en la persona, en la hipóstasis y en el supuesto, permaneciendo firme sin embardo la distinción de naturaleza. Lo que quiere decir que es una misma la persona y la hipóstasis de la naturaleza divina y de la humana, pero quedando a salvo la propiedad de una y otra naturaleza. Conviene, pues, atribuir la pasión a la naturaleza divina, no en razón de esta naturaleza, que es impasible, sino en razón de la naturaleza humana. (Summa Theol. III, q. 46, a 12).
Es la misma razón por la cual la Iglesia ha reconocido solemnemente a la Bienaventurada Virgen María, Madre de Jesús, el apelativo de theotokos: “No es – explicaba San Cirilo de Alejandría contra Nestorio – que la naturaleza del Verbo o su divinidad hayan encontrado principio de la Santa Virgen, sino que, como nació de ella este santo cuerpo animado por un alma racional, al cual se unió substancialmente el Verbo de Dios, se dice que el Verbo de Dios ha sido engendrado conforme a la carne”. (Cfr. Conciliorum Oecumenicorum Decreta, Herder, 1962, pág. 39, 3-9).
Se ha negado igualmente que pueda hablarse con propiedad de “deicidio”, ya que los judíos ignoraban la divinidad de Jesucristo. Nosotros respondemos esto: objetivamente, en el fuero externo, se trata de un verdadero deicidio porque Jesucristo es verdaderamente Dios y porque Él se había declarado explícitamente como tal. Por tanto, el uso de la palabra es legítimo, al menos según el empleo que han hecho de ella San Pedro (“habéis hecho morir al autor de la vida”, Hech. 3, 15) y San Pablo (”que han dado muerte al Señor Jesús”, I Tes. 2, 15; “si le hubieran conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria”, I Cor. 2, 8). (San Pedro, probablemente por delicadeza o como expediente legítimo de captatio benevolentiae, lo llama una sola vez “ignorancia” (Hech. 3, 17). San Pablo emplea también una sola ve el mismo término refiriéndose a los judíos que crucificaron a Jesús (Hech. 13, 27), pero no se ve claramente si quiere hablar de ignorancia no culpable. Al contrario, Jesús habla explícitamente de “incredulidad”, concepto que comporta no solamente falta de fe, sino también rebelión (Mt. 13, 58; 17, 16; Mc 16, 14; Jn 8, 37 y ss.: 10, 38; 11, 48-53; 12, 37); es el mismo drama del Antiguo Testamento (cfr. Hebr. 3, 19: 4, 6).
Dejemos sólo a Dios el cuidado de medir y juzgar la eventual ignorancia, o mejor, la incredulidad de cada uno de los autores de la Crucifixión, acerca de la personalidad real de Jesús. Se trata de un drama que afecta el fuero interno de la conciencia, pero que deja invariable la calificación objetiva que se pueda dar a este crimen.
La verdadera cuestión es la de saber si todo el “pueblo” debe ser considerado como culpable del “deicidio”. La Declaración R3 responde negativamente de manera absoluta y da dos razones: a) “Lo que se hizo en la Pasión no puede ser imputado en modo alguno a todo el pueblo entonces existente y menos aún al pueblo de hoy”; “La Iglesia ha estimado siempre y sigue estimando, que Cristo se sometió voluntariamente a la Pasión y a la muerte a causa de los pecados de todos los hombres en virtud de su inmenso amor”.
La segunda razón, aun cuando afirma una cosa verdadera y muy santa, no me parece adecuada. En efecto, estamos ahora investigando la causa próxima de la muerte de Jesús, no la causa remota; tratamos de las responsabilidades inmediatas, y no de las responsabilidades mediatas. Si fuera de otro modo, deberíamos disculpar también a Judas de la acusación de traición que el propio, con su caridad infinita, no le perdonó.
Queda la primera razón. Los exegetas no se ponen de acuerdo sobre el valor que hay que dar a ciertas expresiones del relato de la Pasión (por ejemplo, “turba multa”, Mt, 26, 47; “universus populus”, Mt. 27, 25; “omnis multitudo forum”, Lc. 23, 1; “universa turba”, Lc. 23, 18, etc.,), y, por consiguiente, sobre el número real de los que tuvieron una parte directa en el deicidio; conviene dejarles discutir en el plano científico. Pero el hecho que está fuera de duda y, por tanto, no tiene necesidad de una Declaración conciliar, es el hecho que sólo una parte (entendida en sentido étnico-político), numéricamente no preponderante, del “pueblo” judío que vivía entonces en Palestina y en la Diáspora, prestó un concurso activo o dio su consentimiento a la Crucifixión de Jesús. Pero esto no basta aún para descargar toda falta o de todo castigo al “judaísmo”, a la religión “judía”, es decir, al “pueblo judío” entendido en el sentido religioso. Es necesario interrogar a este propósito a la Sagrada Escritura, interpretarla según la mentalidad bíblica y a la luz de la Tradición, sin dejarse engañar más o menos conscientemente por las categorías mentales modernas.
Pues bien, los numerosos y sabios exégetas que ven surgir claramente de toda la economía del Antiguo Testamente – a pesar del texto de EZEQUIEL, cap. 18 – el principio de la “responsabilidad colectiva”, en el bien como en el mal, me parecen en lo justo. Toda la historia de Israel está tejida sobre el cañamazo de esta polaridad: de un lado, Dios, con sus favores y sus castigos colectivos; de otro, el “pueblo elegido”, con su aceptación o repulsa. El pueblo entero es considerado como responsable y, por tanto, castigado por faltas cometidas oficialmente por sus jefes, incluso cuando una gran parte del pueblo ha sido ajeno.
Los ejemplos de tal mentalidad no faltan en el Nuevo Testamento. JESÚS, haciendo eco al profeta ISAÍAS, se queja a menudo del endurecimiento y de la ceguera de su “pueblo” (Mt. 13, 15, etc.), de su “generación” (Mt. 17. 16, etc.). Amenaza con castigos ejemplares a las ciudades enteras de Corozaín, Betsaida, y Cafarnaúm (Mt. 11, 21-24); sin embargo, no se puede pensar que todos los habitantes hayan permanecido insensibles a su predicación y a sus milagros. Imputa del mismo modo a su “generación” y a la categoría de los escribas y de los fariseos de su época la muerte de los profetas de los tiempos pasados, muerte a la cual, naturalmente, eran ajenos.: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas…; de ese modo dais testimonio contra vosotros mismos de que sois los hijos de los asesinos de los profetas! Colmad entonces la medida de vuestros padres, a fin de que recaiga sobre nosotros toda la sangre inocente derramada sobre la tierra, desde la sangre de ABEL el justo hasta la muerte de ZACARÍAS, hijo de BARAQUÍAS, al que habéis dado muerte entre el templo y el altar. Yo os digo: en verdad, todos esos crímenes pesan sobre esta generación” (Mt. 23, 29-36).

Finalmente, JESÚS considera la destrucción de Jerusalén no solamente como el castigo de su ceguera y de su rechazo de la visita del Señor )”porque tú no has sabido reconocer el tiempo en el que has sido visitada”, Lc. 19, 11), sino también como castigo por la muerte de los profetas de otros tiempo: “¡Jerusalén, Jerusalén, tú que matas a los profetas y lapidas a los que te son enviados! Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina recoge a sus polluelos bajo sus alas, y tú no lo han querido (gr. noluisti). ¡Pues bien!, va morada os va a ser dejada desierta” (Mt. 23, 37-38). (J. SCUMID comenta: “La destrucción del templo y de la ciudad hace evidente, incluso de manera externa, que ha sido abandonada y repudiada por Dios”. citado), Ahora bien, la destrucción del Templo, símbolo de la religión mosaica; la destrucción de Jerusalén, capital del reino teocrático y por ello, con arreglo a la mentalidad de la época, símbolo de la nación israelita; la matanza, como la refiere FLAVIO JOSEFO, de 1.100.000 judíos y el cautiverio de otros 97.000 son un castigo tan enorme que estaría fuera de proporción, y, en consecuencia, no sería digno de Dios si, ante sus ojos, sólo los jefes religiosos 8e incluso no todos: cfr. Lc. 23, 51) y algunos centenares de desalmados, como máximo, hubieran sido responsables de la muerte de los Profetas y de JESÚS. ¡Sin el principio de responsabilidad colectiva todo esto quedaría como un misterio indescifrable!
SAN ESTEBAN acusa en bloque a los judíos de su época, aunque todos no lo hubiesen merecido personalmente: “¡Cabezas duras, incircuncisos de corazón y de oídos! Os resistís perpetuamente al Espíritu Santo. Vuestros padres lo hacían, y también vosotros ahora” (Hech. 7, 52).
SAN JUAN, que escribe cuando el judaísmo en su conjunto ha hecho su elección definitiva y humanamente irreversible, mostrándose como el adversario más encarnizado y sistemático de Cristo y el cristianismo, llega a afirmar categóricamente: “Ha venido a los suyos y los suyos no le han recibido”. (Jn. 1, 11). Para él, “los judíos”, tout court, constituyen desde ese momento el tipo y la suma de todos los incrédulos, de todos los opositores, de todos asesinos de Cristo.
El mismo CAIFÁS, misteriosamente profeta contra su voluntad, declara en el Sanedrín que la muerte de Cristo se ha hecho necesaria para salvar a todo el pueblo de una ruina cierta (Jn. 11, 50). Él interpreta, pues, la acción del Sanedrín como hecha en nombre y en interés de toda la nación judía.
A LA LUZ, por tanto, de la mentalidad bíblica, que apenas hemos esbozado, deben interpretarse los textos neo-testamentarios que hablan expresamente de los responsables del deicidio.
1º) En la parábola de los viñadores homicidas, JESÚS anuncia de antemano la condenación de todo su pueblo, a causa de la matanza de los servidores y, sobre todo, del Hijo de Dios (he aquí el DEICIDIO), Señor de la viña: “Por ello os digo que el reino de Dios os será arrebato y será dado a un pueblo que producirá los frutos de él” (Mt. 21, 43).
Contra toda la exégesis antigua y moderna, F. FESTORAZZI explica de este modo la parábola: no se trata del repudio de todo su pueblo, sino solamente de sus jefes, de cuyas manos será arrebatado el reino de Dios para ser entregado a una nación, es decir, a un tipo nuevo de comunidad (la Iglesia) que, en razón a su particular constitución, estará en situación de producir abundantes frutos. Pero SAN MATEO no se plantea el problema de decirnos si esta comunidad nueva será todavía Israel o no. (Cfr. F. FESTORAZZI, I giudei e il quarto Evangelo, en S. Giovanni. Atti Della XVII Settimana biblica, Brescia, 1964, págs. 225-260).

Continua.

Editó Gabriel Pautasso
Diario Pampero Cordubensis Nº 94. Instituto Eremita Urbanus

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Redescubrir la herencia


Elegido por Dios, en un principio, para la magnífica misión de traer al Salvador a los hombres, el pueblo judío fue la esperanza y el honor de humildad de la humanidad durante los dos mil años que antecedieron la venida de JESUCRISTO.

Guardada la herencia de las promesas divinas, daba testimonio del verdadero Dios en medio de la idolatría pagana, conservaba en el mundo la fe, la verdad, el culto puro y sustancial del Padre que está en el cielo y la esperanza del Salvador del mundo. Los judíos han sido verdaderamente “el pueblo de Duis” hasta la venida de N.S.C. ; al nacer de la raza de ABRAHAM, JESUCRISTO la coronó y consagró con su propia santidad.
Pero el Calvario separó en dos al pueblo elegido: por un lado, los discípulos, apóstoles y los primeros cristianos, que reconocieron en JESÚS CRUCIFICADO al Mesías que venía a cumplir La Ley y los Profetas. Adhiriendo plenamente a su mensaje, a su espíritu y a su cuerpo místico, la Iglesia; por otro, aquellos sobre cuya cabeza ha caído, según su deseo, la sangre del Justo, lo cual les valió una maldición que durará mientras persista en su rebeldía.
Los judíos infieles se convirtieron en instrumentos de Satanás en su lucha contra la Iglesia y contra la Madre de Dios. En Evangelio según San Juan, c. 8 v. 24 y 41-44 se lee que JESÚS dijo a los judíos: “Si no creéis que soy el Mesías, moriréis en vuestro pecado (…) Si fueseis hijos de Abraham: No somos hijos de fornicación; tenemos un solo Padre, que es Dios. JESUS les dijo: Si Dios fuera vuestro Padre, me amaríais, ya que he salido de Dios y vengo de Él (…) El padre del cual vosotros habéis salido es el diablo y queréis cumplir los deseos de vuestro padre”.
MONSEÑOR DELASSUS señala que “el deicidio ha abierto un abismo entre el antiguo tiempo y el nuevo, abismo que la misericordia divina cerrará el día que su justicia haya terminado su obra”.

Hace dos mil años que aquellos se repudiaron la ley de Moisés para adherir al Talmud se dedican a obstaculizar la obra redentora. Estuvieron detrás de todas las rebeliones del espíritu humano contra DIOS, contra su Ungido – al que no quisieron reconocer -, contra su Iglesia, considerada como “usurpadora”.
Protegiéndose de ellos y recordando al mismo tiempo el horror del deicidio, la Iglesia nunca ha cesado de buscarlos por caridad a fin de traerlos al redil, a la fuente de la gracia, al Calvario, donde se derramó la sangre redentora. Esta caridad condujo a que la Iglesia incluso los convertidos han confirmado frecuentemente la caridad de la Iglesia a su respecto. (Ver en particular la pequeña obra de de TEODORO DE RATISBONA, “El problema judío”, París. Edit. Dentu, 1856, 31 p. Disponible en interned en http://www.gallica.bnf.fr/ .
Con todo, los artífices de la inequidad se dejaron toca poco por esta mansedumbre de los pontífices romanos. En cada siglo redoblaron sus asaltos contra la Iglesia y la sociedad católica. JOSUÉ JEHOUDA, autor de “El Antisemitismo, Espejo del mundo” escribe a propósito a propósito de la era moderna y contemporánea. Tal:
JOSUÉ JEHOUDA, “El Antiseminitismo, Espejo del Mundo”, prefacio de JACQUES SOUSTELLE, Ginebra, ed. Synthésis, 1954, 319 p. JEHOUDA aspira a ser el continuador de ELÍAS BENAMOZEGH, rabino de Livorno. Sus otras obras son de máximo interés: La Tierra Prometida, París, Rieder, 1925, 122 p.; Las Cinco Etapas del Judaísmo Emancipado, Ginebra edit. Synthesis, 1946, 132 p. (Extracto de la revista judía de Ginebra, 1936´1937); La vocación de Israel, París, Zeluck, 1947, 240 p.; El Monoteísmo, doctrina de la unidad,Ginebra, edit. Synthese, 1952, 175 p., instituto para el estudio del monoteísmo, Cahiers (I.E.M), VOL. 1, marzo de 1952; Sionismo y mesianismo, Ginebra, Syntthesis, 1954 319 p. Cahiers (I.E.M) vol 2, octubre de 1954; Israel y la cristiandad. La lección de la Historia, Ginebra, Sy
nthesis, 1956, 263 p. ; Israel y el mundo (síntesis del pensamiento), París, edit. Científico, s. d. ; El Marxismo frente al Cristianismo, Ginebra, Synthesis, 1962, 71 p. José Jehouda también prologó la obra de ELÍAS BENEMOZEGH, Moral Judía y Moral Cristina, Edición revisada y corregida, Baconnière, 1946.

Escribe J. J.: El mundo judaico intento tres veces purificar la conciencia cristiana de las miasmas del odio; se hicieron tres brechas en la vetusta fortaleza del obscurantismo cristiano, se cumplieron tres etapas en la obra de destrucción del catolicismo dogmático.
El Renacimiento, la Reforma y la Revolución constituyen tres tentativas del pensamiento cristiano, a fin de ponerlo en sintonía con el desarrollo progresivo de la razón y la ciencia. JOSUÉ JEHOUDA, El Antisemitismo, Espejo del Mundo, p. 161-162. Citado en el folleto de LEÓN DE PONCINS, “El problema judío ante el Concilio”, p. 27. Este panfleto se distribuyó a todos los padres conciliares en 1965 antes de la cuarta sesión.
El autor precisa que “a pesar de estas tres tentativas de purificar el antisemitismo del dogma cristiano, la teología aún no suprimido su menosprecio al respecto.”. Es por eso que “en el curso del siglo XIX se operaron otras dos tentativas más para sanear la mentalidad del mundo cristiano: una por MARX y otra por NIESTZCHE.
El pensador judío deplora el fracaso parcial de estos dos últimos intentos. La fortaleza del catolicismo le permite RESISTIR. Será necesario esperar hasta después de la Segunda Guerra Mundial 1939-1945 para lanzar el asalto más sutil y más destructivo contra la Iglesia Católica romana: CAMBIAR LA TEOLOGÍA CATÓLICA a través de los mismos hombres de la Iglesia.
“Una revolución de capa y tiara”, iniciada por los carbonarios del siglo XIX, continuada por los modernistas en el siglo XX y que triunfa en el Concilio Vaticano II.

Editó Gabriel Pautasso
Diario Pampero Cordubensis nº 197
Instituto Eremita Urbanus

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martes, 17 de febrero de 2009

Bolivia: Neomarxismo indigenista. Aborto y homosexualismo


Panteísmo sincrético indigenista. Una nueva religión. La Constitución viola los principios no negociables. Discrecionalidad del Estado

Por Juan C. Sanahuja

El 7 de febrero pasado entró en vigor la nueva Constitución de Bolivia. Ese día, el presidente Evo Morales proclamó “el nacimiento de la república del socialismo comunitario y antiimperialista”.
La Constitución, digitada por el indigenismo neomarxista, fue aprobada en el referéndum realizado el 25 de enero, por el 60% de los votos a favor, contra el 40% de votos en contra.

Panteísmo sincrético indigenista
El preámbulo constitucional recoge la vuelta a los cultos paganos precolombinos que ha caracterizado al gobierno de Morales: “En tiempos inmemoriales se erigieron montañas, se desplazaron ríos, se formaron lagos. Nuestra amazonia, nuestro chaco, nuestro altiplano y nuestros llanos y valles se cubrieron de verdores y flores. Poblamos esta sagrada Madre Tierra con rostros diferentes, y comprendimos desde entonces la pluralidad vigente de todas las cosas y nuestra diversidad como seres y culturas. Así conformamos nuestros pueblos, y jamás comprendimos el racismo hasta que lo sufrimos desde los funestos tiempos de la colonia” (…) “Cumpliendo el mandato de nuestros pueblos, con la fortaleza de nuestra Pachamama y gracias a Dios, refundamos Bolivia”.
En pocas palabras, una poco disimulada fobia antihispánica que es fobia anticristiana.
En 2006, el diario Los Tiempos de Cochabamba (20-06-06) decía: “Evo Morales asumió el poder político con espectacular despliegue de rituales religiosos alusivos a la Pachamama (Madre Tierra), el Dios Inti, las Achachilas y a todas esas deidades de la religión natural vigente en los tiempos del Collasuyo. (…) Honrar a la tierra o Pachamama, para que de frutos; al sol y a las altas montañas a fin de que con sus rayos y riachuelos, respectivamente, fertilicen a tan querida y venerada Diosa. (…) El Palacio de Gobierno de La Paz fue escenario de ceremonias con rituales religiosos andinos donde los actores más parecían ‘Callahuayas’ o sacerdotes aimaras que Dignatarios de Estado. Un gobierno, el de Evo Morales, pegado a la religión natural andina pero con goma de sincretismo. Un día encabezaba ‘milluchadas’ a la Pachamama y otro a los santos en los templos católicos”.

Una nueva religión
La oposición de la jerarquía eclesiástica al nuevo texto constitucional, provocó el exabrupto de Evo Morales en la reunión Foro Social Mundial (Belem do Pará, Brasil, 27-01-09 al 01-02-09). “En Bolivia aparecieron nuevos enemigos, ya no sólo la prensa de la derecha, sino grupos de la Iglesia Católica, los jerarcas de la Iglesia Católica que son enemigos de las transformaciones pacíficas, dijo Evo. Quiero decirles que como se grita: ‘Otro mundo es posible’, yo quiero decirles que otra fe, otra religión, otra iglesia también son posibles", vociferó Morales, (vid. Los Tiempos, 30-01-09), mientras era aplaudido por los presidentes de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva; de Ecuador, Rafael Correa; de Paraguay, Fernando Lugo, y de Venezuela, Hugo Chávez, a los que acompañaba Leonardo Boff. (Sobre el Foro Social Mundial, vid. NG 482, 483, 484)

La Conferencia Episcopal, en su crítica al proyecto de constitución del 15 de enero de 2009, había advertido que “el Proyecto de nueva Constitución no reconoce la profunda realidad religiosa del pueblo boliviano que mayoritariamente profesa la fe cristiana, e ignora la relevancia histórica, cultural y social de la Iglesia Católica y de otras Iglesias cristianas en la formación de la identidad y desarrollo nacional. Aparece como contradictorio el postulado: ‘El Estado es independiente de la religión’ (Art. 4), con lo establecido en el Art. 98, Inc. II del mismo texto que dice: ‘El Estado asumirá como fortaleza la existencia de culturas indígena originario campesinas, depositarias de (…) espiritualidades y cosmovisiones’, que puede interpretarse como que el Estado asume sólo las espiritualidades indígena originario campesinas”.

La Constitución viola los principios no negociables
El indigenismo neomarxista, promovido por la teología de la liberación, que está más activa que nunca en su versión eco-indigenista -como en Ecuador (NG 893) y Paraguay (NG 912)-, se rinde al imperialismo de los países centrales cuando se trata de avasallar a la vida humana y a la familia.
La Constitución boliviana es otro ejemplo de sometimiento a los dictados de los países del Sur a los del Norte. No respeta los principios no negociables enunciados por Benedicto XVI.
Dice la Conferencia Episcopal en el documento ya citado:
- “El Proyecto de nueva Constitución no reconoce el derecho a la vida ‘desde la concepción’” (Art. 15, I.)
- “La ambigüedad de los derechos llamados sexuales y reproductivos (Ver Art. 66) pone en peligro la integridad de la familia en su función procreativa y debilita el derecho a la misión educativa de los padres para con sus hijos. Al no haberse modificado este reconocimiento, persiste el peligro de limitar la tutoría de los padres de familia sobre sus hijos y se pone en riesgo el ideal de persona, familia y sociedad desde los valores cristianos o culturales nativos, en el marco del respeto a la dignidad humana. El carácter ambiguo de la formulación constitucional del ‘matrimonio entre una mujer y un hombre’ (Art. 63) y del reconocimiento estatal de ‘las familias’ (Art.62), como si fueran una de las varias clases de matrimonio o familia, abre la posibilidad de que se consideren como tales a aquellas relaciones de pareja entre personas del mismo sexo”.
Aunque los obispos no reparan en ello, el texto favorece el reconocimiento social y jurídico de la homosexualidad, al sancionar la supuesta discriminación por “orientación sexual, identidad de género” (Art. 14. II).
Por otro lado, la Conferencia Episcopal destaca que están en peligro los derechos de los padres dentro del sistema educativo institucionalizado y “el reconocimiento del derecho de administración de la entidades religiosas”.

Discrecionalidad del Estado
Por otro lado, los obispos advierten en el mismo documento, sobre la vigencia de los derechos civiles y políticos, que puede encontrarse gravemente comprometida por el amplio margen de discrecionalidad que la constitución otorga al del Estado; por ejemplo, en la aplicación retroactiva de sanciones penales para algunos delitos (Art. 123), en la configuración del delito de traición a la patria (Art. 124, I), y en las limitaciones jurídicas a la libertad de expresión (Art. 107, II). Por último los obispos afirman que la elección por sufragio de las principales autoridades judiciales, afecta a la independencia judicial.

Con la asistencia técnica de Noticias Globales
R.P.Pbro Juan Claudio Sanahuja

Editó Gabriel Pautasso
DIARIO PAMPERO Cordubensis
Instituto Eremita Urbanus

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lunes, 16 de febrero de 2009

Sarmiento escritor


Por Leonardo Castellani e.u. (Eremita urbano)

Es triste sacarle sus ilusiones a la gente, pero el caso es que no podemos seguir siendo in aeternum adolescéntulos.
SARMIENTO NO es un gran escritor. El concienzudo CARLOS PEREYRA notó (y probó) que como escritor es inferior a ALBERDI y ALBERDI no puede llamarse un gran escritor.
Si SARMIENTO fuera un gran escritor que a mí no me gusta, como VÍCTOR HUGO, yo diría que es un gran escritor que a mí no me gusta y diría el por qué. Pero digo que es mal escritor que a mí, parcialmente, me gusta.
Sin duda no es un gran escritor. Sin duda es un buen periodista. Pero digo que es un mal escritor que a mí, parcialmente, me gusta.
Sin duda no es un gran escritor. Sin duda es un buen periodista. Si es o no un BUEN escritor, es discutible, y la sentencia depende de los criterios.
Hemos de archivar ya el criterio local e infantil que ha llevado a nuestros “críticos” (¿?) a fetichizar a los héroes del liberalismo del otro siglo. Hemos de empezar a emplear criterios universales. Que a doña MARÍA INÉS CÁRDENAS DE MONNER SANZ, muy señora mía, y a doña DELIA S. ETCHEVERRY, el travieso sanjuanino, les parezca una cosa del otro mundo, ese no es un criterio universal. Ya se ríen bastante de nosotros en el extranjero.
Las 22 primeras páginas del famigerado FACUNDO (o sea su “Prologo”) no pasarían en Europa un examen de bachillerato: el examen llamado “de Madurez” en Italia, Francia y Germania. Sería reprobado con cero. (Estoy usando la edición Estrada “para las escuelas”, anotadas por las doñas arriba citadas. Pobres escuelas).
Había quizás en SARMIENTO material potencial de un gran escritor, pero no cuajó. La tilinguería argentina se ha esforzado en hacer pasar por el real lo que PUDIERA HABER SIDO.
Cualquier hombre culto sentirá el destemple de sus dientes, como mascando arena, a la lectura de una destas 22 páginas. Los tropiezos gramaticales, con no ser lo más grave, ya hacen sufrir bastantes: parrafotes mal construidos a base de muletillas, de que la más cómica es la exclamación “¡Oh!”; en los cuales parrafotes se tropieza sin intermisión con cambios viciosos del sujeto verbal, enumeraciones desparejas o absurdas, palabras, frases e imágines de mal gusto, ilogismos y paralogismos, perogrulladas, asnales, y una continua trubulencia y turbiedad del pensamiento desbordado y no regido. “SARMIENTO escribe como quien se desangra”…dijo GÜIRALDES; pero a veces escribe como quien vomita.
“Prosa DE ver y DE pensar” – dijo MALLEA (otro que tal) en un alarde de sintaxis sarmientina; confundiendo el “de” genitivo castellano con el “da” hablativo-dativo del italiano.
EL FACUNDO y los RECUERDOS DE PROVINCIA tienen valor para nosotros argentinos por tres cosas: una, como documentos de la historia nacional, aunque esten mechados de mentiras históricas, pueden servir al menos como documentos para la historia de la mentira nacional: segundo, por contener algunas páginas felices, que no hay inconveniente vayan a las antologías de la escuela primaria, aunque insuficientes para dar educación literaria completa, ni siquiera con la añadidura de LUGONES y de HERNÁNDEZ, si no se zambullen en la gran literatura española; y tercero, como muestra sin valor de nuestra (pobre) cultura intelectual. Pero por esto, su autor no se convierta en un GRAN escritor. No hay gran escritor sin una filosofía.
Hace unos diez, cuando estando en San Juan de vacaciones, leí o intente leer la citada analogía DE ver y DE pensar, atribuí modestamente el disgusto que me producía la prosa DE ver y DE pensar a mi origen o atavismo florentino: “Somos diferentes… me decía, no tiene SARMIENTO a culpa de mi sangre; y la suya también es buena”.
Ahora, habiendo leído de nuevo el FACUNDO en homenaje al sesquicentenario natalicio del gran escritor (cosa que hacen pocos de sus “homenajeadotes”) me dí cuenta qe me hastiaba no por yo florentino, sino, por ser argentino.
Diga lo que quiera UNAMUNO (que tampoco pone que yo sepa a SARMIENTO como gran escritor), SARMIENTO no es un gran escritor. ¿Qué importa? Puede ser haber salvado su alma, si se arrepintió al morir de las gruesas macanas que hizo (y escribió) en vida.
Como dijo irreverentemente un escritor actual:

“GRAN ESCRITOR y BARBARO ABSOLUTO”.
Han dicho de SARMIENTO… no es posible
Bárbaro y escritor no es compatible
Ni plebeyo y señor, discreto y bruto.
Es un rudo hablador, bronco e hirsuto
De pasional facundia mal comible
De verba mulatesca incoercible
Ignorante, grosero, disoluto.
Fue un gran hombre quizás, mas no un poeta
Quizá un gran constructor, mas no lo veo,
Un patriota, un político de veta.
Pero no lo alumbró el fulgor febeo…
As de la Neoidiotez semialbeta
Informe, inestable, turbulento y feo.


Dirán quizás que apedreo con tiquismiquis de gramática a quien vale por “la pujanza de su pensamiento” (MARÍA INÉS CÁRDENAS DE MONNER SANZ); pero justamente de pensamiento es mucho peor; y los atropellos morales a la gramática no son más que los síntomas del desorden incurable de su pensamiento, que es en él un especie de cuasi-pensar, tocado de sentimentalismo y simplonería.

II

…Esta es la nota. Pero si tienen lugar, puedo poner algunos ejemplos de lo dicho, porque no digan hablo “excáthedra”. La verdad es que la torpeza y chabacanería de este escritor no es ningún misterio, ni requiere ningún acto de fe sobrenatural ni natural.
“Párrafos a muletilla” se llaman aquellos que se construyen o mejor dicho se mantienen a fuerza de repetición mecánica de una palabra; proceder que aún en el orador es reprensible, y en el escritor es siempre grosería. Atengámonos al FACUNDO en sus primeras páginas. Apenas salido de SARMIENTO del “exabrupto” del comienzo: ¡Sombra terrible de FACUNDO, voy a evocarte para que sacudiendo el ensangrentando polvo…”, etc. – se embarca en las siguientes muletillas:

“Hubiérase… hubiérase… hubiérase … hubiéranse” de página 5 y 6. DONDE hay cambio de muletas, y comienza:
“su parte…su parte… su parte”. (Empleo la edición Estrada).

En el mismo parrafote desmadejado y mixto surge de repente la muletilla:
“ya…ya… ya… ya…ora … ora… ora”.
Y acto seguido el ya mentado plebeyísmo: “¡Qué!…¡Qué!...¡Qué!...

La más prolongada de las muletas se encuentra en la mitad del rimbombante párrafo, después de la frase: “¡Oh, este porvenir no se renuncia así nomás! , (donde la sintaxis pediría “A este porvenir”) lugar donde se agarra a repetir machaconamente: “No se renuncie porque…” una, dos, tres cuatro…hasta siete veces; después de la cual septena, se queda con el “porque” solamente, por espacio de cuatro suministraciones.
Añadamos la muletilla: “Facundo…Facundo…Facundo…Facundo…” de página 15, para terminar con las fastidiosísima del penúltimo párrafo de la carta a ALSINA , que corona el prólogo: “fáltales… fáltale… fáltante, fáltame… y falta” – donde se resplandece también otro vicio de redacción (y de pensamiento) que es el “cambio de sujeto verbal”, dos veces.

Esta mala construcción sobre tan grosero andamiaje está repleta como antes noté de (tranchons le mot) gansadas. Por ejemplo:
…Ilogismo en las enumeraciones: “Lo que en él era sólo Instinto, iniciación, tendencia convirtióse en sistema, efecto, y fin (!).
(El que usa de tal manera la terminología filosófica, no sólo no sabe filosofía, sino que es incapaz de ella. Como saber, no sabe ni siquiera la lengua).
Imágenes de mal gusto: “…La Esfinge Argentina (es decir, ROSAS) mitad mujer por lo cobarde, mitad de tigre por lo sanguinario, morirá a su plantas…” (No se sabe de quién son “las plantas”; posiblemente del mismo SARMIENTO).
Atropellos a la sintaxis: “España, esa rezagada A la Europa…”
“¿Hay otro mundo cristiano, civilizable y desierto QUE la América?...”.
Anacolutos; o sea parrafadas sin terminar, truncas o mochas; como la de página 17; que no copio por lo alargarme.
Gansadas: como el apéndice de este mismo párrafo, que dice sin saberse a qué “Alejandro es la pintura, el reflejo de la Grecia guerrera, literaria política y artística; de la Grecia escéptica, filosófica y emprendedora, que se derrama por sobre el Asia para extender la esfera (una esfera derramada) de su acción civilizadora”…
OTRA: “Acaso no estamos vivos los que… sobrevivimos aún?”.
OTRA: “Quantum mutatus ab illo”. (Nota: “Locución latina: cuántos cambios para ello”.) Verdad es esta gansada insigne no se sabe si del mismo SARMIENTO, o de su anotadora la filóloga Srta D. R. E. ; que materia de gansadas le da ciento y raya a su insigne maestro. (¡Estrada, Estadra! ¡Quantum mutatus al illo!).
En fin, para no cansar, léase como cifra y compendio la parrafada central de la carta a ALSINA, que comienza: “tengo una ambición literaria…”, pág. 19 – que puede darse como el modelo inmortal (e inmoral) del párrafo vomitado y no escrito. Gozemos de esta flor de la chabacanería, que tiene una página…Dice que “sería agraviar a la historia escribir la historia de ROSAS”… lo cual no impide que él mismo “tenga la ambición de escribirla”, porque (risum tenéte) hay que “aleccionar y humillar a otros pueblos” (¡), nominalmente a “la Francia y la Inglaterra”. Y con las palabras: “¡Oh la Francia!”… comienzan la tirada que “castiga” a estas dos naciones que respetaron a ROSAS (`por fuerza) y firmaron capitulaciones con él, (tirada que explica un dicho de SARMIENTO: “en Córdoba me tienen por loco”) la cual termina soberbiamente con un apóstrofe dirigido nada menos que “a la Francia y a la Inglaterra, a la Monarquía y a la República, a PÁLMERSTON y GUIZÓT, a LUIS FELIPE y LUIS NAPOLEÓN, al The Times” y a “La Presse”. El apóstrofe es este:

“¡ L E E D M I S E RA B L ES, Y H U M I L LA OS !”

Esta extraordinaria idea que el prócer argentino abrigaba de sí mismo explica, como dije, que en su tiempo a SARMIENTO muchos compatriotas y no compatriotas lo tuvieran por demente. Ahora, si no nos resignados a la sobria y “humillante” verdad, y seguimos haciendo fetichismo con este y otros desdichados…, dementes a poco andar seremos nosotros.
Esto se está poniendo peor que la religión de los antiguos Egiptos, que adoraban cocodrilos y monos.


SARMIENTO Y LOS JUDÍOS

… el pueblo judío, esparcido por toda la tierra, ejerce la usura y acumula millones, rechazando la patria en que nace y muere por una patria ideal que baña escasamente el Jordán y a la que no piensan volver jamás. Este sueño que perpetúa hace 20 o 30 siglos, pues viene del origen de la “raza”, continúa hasta perturbando la economía de las sociedades en que viven pero de que no forman parte; y la ilustrada Prusia se levanta un grito de repulsión contra este pueblo que se cree escogido y carece de sentimientos humano, el amor al prójimo, el apego a la tierra, el culto al heroísmo, de la virtud, de los grandes hechos, donde quieran que se producen…

DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO, en “Condición del Extranjero en América“, páginas 260/261. (Extraído del periódico “Estrella Federal”, de Córdoba).
Imagen: la de siempre, con pipa: óptimo.

Editó Gabriel Pautasso
Diario Pampero Cordubensis nº 192
Instituto Eremita Urbanus


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Profetismo judaico y justicia social


En todos los estamentos militares, eclesiásticos y laicos, una multitud de predicadores de la nueva fe socialista y procomunista, pretende dar respaldo popular a una acción política, orientada a un previsible fracaso. Se refiere a puesta en marcha de la Encíclica Populorum Progressio (El progreso de los pueblos) por SS. PABLOVI. (1965-1978).
El primero, se refiere al transfondo ideológico – o teológico – del documento; el segundo a su incidencia en el panorama argentino.
Es preciso conocer los caracteres del profetismo judaico para interpretar su trasvasamiento al ámbito del hombre, por vías a veces inesperadas. Quienes ha estudiado mejor esta cuestión son precisamente dos judíos eminentes; HERMAN COHEN, “Religion der Vernunt au den Quellen des Judentums (Religión de la razón, salida de las fuentes del judaísmo”) 2. Aufl. Joseph Melzer Verlag Köln, 1958; y H. J. SCHOEPS, “Philosemitismus im Barock”, Tübingen Mohr, 1952.

Ese profetismo judaico tiene tres connotaciones: racial, teocrático, histórico-social-mundialista. Y son estas tres connotaciones las que se adivinan en esta nueva teología judaizante, pro-marxista, que nos quiere imponer desde los más altos niveles jerárquicos.
La connotación racial se refiere a una configuración de la levadura histórica en la raza judía, en el judaísmo del viejo testamento, complementado por el saber talmúdico: el hombre será plenamente en la medida en que acepte esta levadura definitiva.
La connotación teocrática se refiere a una conducción de la sociedad humana, donde la naturaleza política del hombre es insumida en el gobierno de YAWEH , como señor indiscutido de sus siervos y como principio conductor a través de electos entre los electos.
La connotación histórica-social-mundialista, en fin, implica una dialéctica en que los estamentos temporales deben ser abatidos por el empuje de los POBRES o proletarios, que son en ese nivel histórico “los electos”, y por tanto instrumento destructivo de los “supra-electos”, investidos a su vez de la autoridad teocrático-racial. Así, la antinomia capitalismo-comunismo se explicaría como preparación para el ejercicio de un gobierno mundial teocrático-sinárquico, después que los “pobres” hayan destruido el capitalismo, en manos precisamente de aquellos que dirigen a “pobres” en la sangrienta revolución.
Pero este profetismo no tiene nada que ver con la JUSTICIA SOCIAL, que es el ejercicio de una virtud conformadora de la polis o ciudad: la justicia distributiva. Por ello mismo es de prever que encíclica P.P., no ayudará en absoluto a esa justicia distributiva, sino acelerará el proceso compulsivo del despojo o de la concentración. Sublevando a los pobres contra los ricos, extenderá la destrucción y la pobreza, sin poner remedio a las inicuas situaciones derivadas del capitalismo industrial o del comunismo esclavista.

En el panorama argentino HASTA 1968, la cuestión es igualmente grave, pues aquí hay un movimiento nacional de raigambre popular no populista, que se inspira en claros postulados de justicia social. Tales fundamentos arrancan en sustancia de los acontecimientos de los años 1943-1946, y no podrán ser olvidados ni postergados fácilmente. Por eso mismo, la encíclica P. P. no agrega nada para los argentinos: pone el peso de su autoridad en la cuestión de la distribución de los bienes, pero corrompe ese principio al aliarse con el desarrollismo marxista, tipo FRONDIZI. Por ello esta encíclica P. P. es parcial y comprometida, pues denuncia el esclavismo capitalista, pero calla el esclavismo comunista y trotkista; además refuerza el intentos de “ideologizar el tercer mundo”, sujeto de aquel desarrollismo, connotado aquí en el texto de SS PABLO VI, por claras tendencias marxistas.

Podemos suponer entonces que los azules – frondicistas – desarrollistas - cursillistas, etc., intentarán aglutinar, en torno a la síntesis cristiano - marxista de la encíclica P. P., un movimiento o partido político, que sustituya al natural movimiento nacional, consolidado desde la revolución de 1943-1945. Esta síntesis tenderá inevitablemente a derivar el peronismo y justicialismo hacia formas internacionalistas, nefastas y espúrea; procurará eliminar la conducción auténtica de los estamentos medios, y tratará de aniquilar definitivamente la conducción del jefe natural del movimiento, hoy en el exilio. Detrás de este plan, se adivina la siniestra figura de Arturo Frondizi, y sus aliados clericales, ateneistas y bolches: el rechazo de la encíclica significaría pues impedir esta espúrea alianza, manteniendo sin embargo los claros principios de justicia social, que definen incluso el nombre del movimiento.
En otras palabras, la encíclica P. P. servirá, en el caso argentino, más que para la promoción de la justicia social, para quebrar la voluntad nacional. Quebrada esta voluntad, no habrá justicia de ninguna especie ni forma, pues estaremos definitivamente sometidos a los dictados del Poder sinárquico superestatal.
En el panorama argentino (hacia 1968) se adivinan tres orientaciones fundamentales, promovidas y consolidadas por el judeo-cristianismo de la Populorum Progressio:
1) la orientación estrictamente judeo-cristiana, cuyo mejor ejemplo se daría en el nefasto clérigo Milán Viscovich (de Córdoba) que proclama desde las aulas de la Universidad de Córdoba (intervenida por un poder militar) la “revolución del despojo”.
2) La aglutinación de las fuerzas clérigo-militares-civiles, en la línea de Frondizi, que intente dar una salida política, sustituyendo la verdadera conducción nacional y el verdadero movimiento de justicia social.
3) los esperanzados obreros, y en general los esperanzados argentinos que creerán posible contar con los nuevos estímulos en la lucha por una redistribución justa de la riqueza nacional, pero que serán siniestramente embarcados en el desarrollismo marxista-cristiano, son connotación alguna de fines nacionales.

Podemos hablar de una “operación encíclica”, válida quizá para toda Hispanoamérica, según la línea sinárquica de PABLO VI, ya previsible en su discurso del 4 de julio de 1966, al ordenar casi un centenar de sacerdotes latinoamericanos. Ahora se trata aglutinar la voluntad de los dirigentes que son fieles a una conducción nacional, a una determinación esclarecida, o un acto de nueva creación política.
La única salida es política del orden civil, mediante la instauración de un nuevo Estado. Que no reconozca ninguna de las formas sinárquicas y ninguno de los personeros sinárquicos. Nuestro lema político se resume en esta sentencia: es preciso la fundación definitiva del Estado argentino, al margen de los poderes eclesiásticos.


Las memorias de TIRESIAS
(Famoso adivino de Tebas, Grecia, que figura en numerosos sucesos de la época fabulosa de Grecia. En Tebas lo honraron como un dios.)

Editó Gabriel Pautasso
Diario Pampero Cordubensis
nº 199
Instituto Eremita Urbanus

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