sábado, 25 de agosto de 2012

ACUERDO


Cartas desconocidas de Ratzinger a Lefebvre. Dolan “bendecirá” al mormón Romney. Juan Pablo I prefería autores prohibidos por la Iglesia. Apple  distribuirá en forma e-book el magisterio herético de Benedicto XVI. San Bernardo, patrono de la defensa contra usurpadores del Papado. Pedro Rizo: «Testamento de un futuro beato: Pablo VI». Harán filme de la vida de Marcial Maciel Degollado-Guízar, protegido de la Logia Vaticana. Las condenas papales durante siglos y las recientes bendiciones antipapales.

Lefebvre en 1947

En esta nota se dan a conocer las cartas (ocultadas por la FSSPX) que sirvieron de pre acuerdo entre Marcel Lefebvre y Joseph Ratzinger, durante las tratativas que llevaron al acuerdo de 1988, llamado también Los Protocolos de Ecône, y que sirvieron más tarde como base para el casi acuerdo de 2012 con Bernard Fellay.
Como rememora el autor, resulta evidente la contradictoria y farisaica conducta de un Marcel Lefebvre acomodaticio y lleno de indefiniciones lo cual permite discernir, a lo menos, que se trata de un hombre que lo que menos puede presumir es “la defensa de la Tradición”.

(Vídeo donde aparece Lefebvre en una visita a Chile en 1977 y da la comunión a mujeres sin velo)
(La nota siguiente fue publicada por Luis Fernando Pérez Bustamante en su blog Cor ad, cor loquitur)

En 1982 y 1983, el Card. Ratzinger envía a Mons. Lefebvre dos cartas oficiales en el marco de las negociaciones entre la Santa Sede y la FSSPX. Las envía en el nombre del Papa, y a pesar de su gran importancia creo que son poco conocidas. El Sr. Obispo, Mons. Fernando Arêas Rifan, en su obra recientemente traducida al español, Tradición y Magisterio Vivo de la Iglesia, las publica íntegras (el libro se puede adquirir solicitándolo a fundacion@gratisdate.org). La primera carta, la de 1982, que ahora público, la copia Mons. Rifan del libro del P. Denis Marchal, Mons. Lefebvre, vingt ans de combat pour le sacerdoce et la foi, 1967-1987 (París, NEL 1988, pgs. 128-130).
Algunas fechas importantes en las relaciones de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X y la Santa Sede nos ayudarán a situar estas cartas:
-1965, Mons. Lefebvre firma todos los documentos del Concilio Vaticano II.
-1970, funda la FSSPX, disconforme con la situación de la Iglesia. -1974, declara en Écône su rechazo a “la Iglesia conciliar”.
-1975, rechaza el Novus Ordo de la Misa, y consiguientemente la FSSPX, aprobada por el Obispo local por cinco años, es suprimida con la conformidad de la Santa Sede; Mons. Lefebvre considera nula la suspensión.
-1976, es suspendido a divinis.
-1982 y 1983, dos Cartas del Card. Ratzinger a Mons. Lefebvre, ofreciéndole las condiciones precisas para la plena reintegración de la FSSPX a la unidad de la Iglesia, son rechazadas. (Éstas son las que ahora publico).
-1988, ordenación cismática de cuatro Obispos.
-2007, Motu proprio Summorum Pontificum.
-2009, levantamiento de la excomunión de los cuatro Obispos lefebvrianos.
-2011 y 2012, nuevas conversaciones de la FSSPX con la Santa Sede, en las que la Congregación de la Fe ofrece un “Preámbulo doctrinal” en el que se fijan ciertas exigencias necesarias para la plena reintegración de la Fraternidad en la Iglesia. Después de numerosas vicisitudes, el Superior General de la Fraternidad no las acepta. La Santa Sede comunica que “la posición por él expresada no es suficiente para superar los problemas doctrinales que están en la base de la fractura entre la Santa Sede y dicha Fraternidad” (16-03-2012). Y Mons. Fellay, en la homilía del día de los santos Pedro y Pablo, declara finalmente: “han habido idas y venidas, intercambio, negociaciones, ofertas; sin embargo, estamos en el punto de partida, condición en la que ya habíamos dicho que no podíamos ni aceptar ni firmar […] Es claro que nada bueno aportaremos a la Iglesia si no permanecemos fieles a la herencia de nuestro Arzobispo“, Mons. Marcel Lefebvre (29-06-2012).
Nada se ha sabido oficialmente del contenido del “Preámbulo doctrinal” ofrecido-exigido por la Santa Sede a la FSSPX; pero es muy posible que las condiciones sine qua non exigidas a Mons. Fellay en 2011 y rechazadas por él en 2012 sean más o menos las mismas que la Santa Sede ofreció-exigió a Mons. Lefebvre en 1982-1983, y que ahora público.


La Carta del 23 diciembre 1982
“Excelencia:
Después de un largo período de consultas, de reflexión y de oración, me encuentro actualmente en disposición de presentarle propuestas concretas para la regularización de su situación y la de los miembros de la Fraternidad San Pío X. Quiero precisar inmediatamente que estas propuestas han sido aprobadas por el Soberano Pontífice y que él me ha ordenado que se las comunique a usted.
1) El Santo Padre nombrará lo antes posible un Visitador Apostólico para la Fraternidad San Pío X si usted acepta firmar una declaración con la forma siguiente:
1. Ego Marcellus Lefebvre, declaro me religioso animi obsequio adhærere doctrinæ Concilii Vaticani II integræ, videlicet doctrinæ «quatenus intelligitur sub sanctæ Traditionis lumine et quatenus ad constans Ecclesiæ ipsius magisterium refertur» (cf. Joannes Paulus II, Allocutio ad Sacrum Collegium, 5 nov. 1979, AAS LXXI [1979/15] p. 1452).
Hoc religiosum obsequium rationem habet illius qualificationis theologicæ singulorum documentorum, quæ ab ipso Concilio statuta est (Notificatio data in 123ª Congr. Generali, 16 nov. 1964).
2. Ego, Marcellus Lefebvre, agnosco Missale Romanum a Summo Pontifice Paulo VI pro Ecclesia universali instau-ratum a legitima summa auctoritate Sanctæ Sedis, cui ius legislationis liturgicæ in Ecclesia competit, promulgatum proindeque in se legitimum et catholicum esse. Qua de causa nec negavi nec negabo missas fideliter secundum novum ordinem celebratas validas esse itemque eas hæreticas seu blasphemas esse nullo modo insinuare velim nec eas a catholicis vitandas esse affirmare intendo.

Traducción:
1. Yo, Marcel Lefebvre, declaro que me adhiero con religioso respeto a la totalidad de la doctrina del Concilio Vaticano II, es decir, de la doctrina «en la medida en que la misma se entiende a la luz de la santa Tradición y sobre la base del constante Magisterio de la Iglesia misma» (cf. Juan Pablo II, Discurso al Sacro Colegio, 5 de noviembre de 1979, AAS LXXI [1979/15], pg. 1452).
Esta sumisión religiosa tiene en cuenta la calificación teológica de cada uno de los documentos, establecida por el propio Concilio (Notificación realizada en la 123ª Congregación General, el 16 de noviembre de 1964).
2. Yo, Marcel Lefebvre, reconozco que el Misal Romano establecido por el Soberano Pontífice Pablo VI para la Iglesia universal ha sido promulgado por la legítima autoridad de la Santa Sede, a la que corresponde el derecho de legislar en materia litúrgica en la Iglesia y, en virtud de ese mismo hecho, es legítimo y católico. Por esta razón, no he negado ni negaré que las misas celebradas fielmente según el nuevo Ordo son válidas y no querría insinuar de ningún modo que sean heréticas o blasfemas, ni tengo la intención de afirmar que deban ser evitadas por los católicos.

Estos dos párrafos han sido cuidadosamente estudiados por la Sede Apostólica y no son susceptibles de modificación. En cambio, usted podría añadir, a título personal, un suplemento, cuyo contenido podría ser el siguiente:
In conscientia obligatum me sentio addere, applicationem concretam renovationis liturgicæ graves ponere quæstiones, quæ supremæ etiam auctoritatis sollicitam curam provocare debent. Quare novam revisionem librorum liturgicorum pro futuro ab hac ipsa auctoritate desidero.

Traducción:
Me siento obligado en conciencia a añadir que la aplicación concreta de la reforma litúrgica plantea graves cuestiones, las cuales deben provocar una diligente solicitud por parte de la autoridad suprema. Por ello, deseo que dicha autoridad realice en el futuro una nueva revisión de los libros litúrgicos.


Si lo desea, puede modificar este último párrafo, sujeto naturalmente a que su formulación sea aceptada por el Santo Padre.
2) Si usted declara que está dispuesto a suscribir la declaración anteriormente citada, será posible fijar la fecha de la audiencia que le concederá el Santo Padre y que podría marcar el comienzo de la Visita Apostólica.
3) La suspensión a divinis que usted ha sufrido no depende de los problemas relativos a la aceptación del Concilio Vaticano II y de la reforma litúrgica (es decir, de los dos puntos tratados en la declaración prevista), sino del hecho de que usted ha realizado ordenaciones a pesar de la prohibición de la Santa Sede. Esta suspensión se levantará, por lo tanto, cuando haya declarado su intención de no volver a llevar a cabo ordenaciones sin la autorización de la Santa Sede. Lógicamente, por lo demás, la cuestión debería resolverse al terminar la Visita Apostólica.
4) La situación de los sacerdotes que usted ha ordenado desde junio de 1976 se regulará caso por caso, si aceptan firmar personalmente una declaración con el mismo contenido que la suya.
Finalmente, debo añadir que, en lo relativo a la autorización de celebrar la Santa Misa según el Ordo Missæ anterior al de Pablo VI, el Santo Padre ha decidido que la cuestión se resolverá para la Iglesia universal y, por lo tanto, independientemente de su caso particular.

Exhortación, buenos deseos y fórmula final de saludo.
Entre 1982-1983 y 2011-2012 han pasado treinta años. Todo hace pensar que las posiciones doctrinales y prácticas de la FSSPX en relación con la Iglesia católica no han variado en absoluto. Sigue hoy Mons. Fellay considerando inaceptable lo que Mons. Lefebvre rechazó en 1982. Y las numerosas y fuertes razones argüidas por el Card. Ratzinger en su larga y persuasiva carta de 1983 a Mons. Lefebvre, que publicaré próximamente, continúan siendo rechazadas por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X.


II CARTA; la defensa de la Nueva Misa de Montini y del Vaticano II

Una segunda carta del Sr. Cardenal Prefecto de la Congregación de la Fe, dirigida a Mons. Lefebvre, también poco conocida, es publicada por Mons. Rifan en su libro Tradición y Magisterio vivo de la Iglesia, tomándola de la revista Fideliter (45, mayo-junio 1985, pgs. 6-20). En ella el cardenal Ratzinger eran rechazadas las ofertas-exigencias de la primera carta, hechas en el nombre del Papa, vuelve a argumentar en defensa de la Liturgia renovada y del Concilio Vaticano II, y advierte del peligro de que la Fraternidad Sacerdotal San Pío X incurra en cisma si decidiera consagrar un obispo.

La carta del 20 de julio de 1983

«Excelencia, el Santo Padre ha meditado cuidadosamente ante Dios su carta del día 5 del pasado mes de abril, a la luz de su responsabilidad como Pastor Supremo de la Iglesia. Después de hacerlo, me ha encargado que responda en su nombre, deber que cumplo con la presente carta.

Sobre la Liturgia renovada

I.–No le sorprenderá leer que el Soberano Pontífice se ha sentido decepcionado y entristecido por el brusco rechazo con el que usted responde a su generosa oferta de abrirle el camino de la reconciliación.
En efecto, lanza usted de nuevo acusaciones contra los Libros litúrgicos de la Iglesia, con una severidad que sorprende después de las conversaciones que hemos tenido. ¿Cómo puede denominar a los textos del nuevo misal «misa ecuménica»? Sabe usted muy bien que ese misal contiene el venerable Canon Romano, que las demás Plegarias eucarísticas hablan de una manera muy clara del Sacrificio y que la mayoría de los textos provienen de antiguas tradiciones litúrgicas.
Para no citar más que un ejemplo, usted sabe que, después de la ofrenda del pan y del vino, este nuevo misal nos hace decir, como el anterior:
«sic fiat sacrificium nostrum in conspectu tuo hodie… Orate, fratres, ut meum ac vestrum sacrificium…»
Usted sabe, asimismo, que, para la interpretación del misal, lo esencial no es lo que digan los autores privados, sino únicamente los documentos oficiales de la Santa Sede. Las afirmaciones del P. Boyer (sic, parece referirse a Bouyer) y de Mons. Bugnini a las que usted hace alusión no son más que opiniones privadas.
En cambio, me gustaría recordarle la definición auténtica de la intención y del significado del misal, propuesta en el proemio de la Institución General, en particular en el artículo 2, así como las razones e ideas determinantes de la reforma, expuestas en los artículos 6 a 9.
Según estos textos oficiales, nunca se ha buscado una reducción de los elementos católicos de la Misa, sino al contrario una presencia más rica de la tradición de los Padres. En eso se sigue fielmente la norma de San Pío V, según las posibilidades de un mayor conocimiento de las tradiciones litúrgicas.
Con el consentimiento del Santo Padre, le puedo decir de nuevo que no se excluye a priori cualquier crítica de los libros litúrgicos y que incluso es posible manifestar el deseo de una nueva revisión, de la misma forma que el movimiento litúrgico anterior al concilio pudo desear y preparar la reforma. Pero todo eso a condición de que la crítica no impida ni destruya la obediencia y no ponga en discusión la legitimidad de la liturgia de la Iglesia.
Por lo tanto, le pido con insistencia y en nombre del Santo Padre que examine de nuevo sus afirmaciones con toda humildad ante el Señor y teniendo en cuenta su responsabilidad como obispo, y que revise las afirmaciones irreconciliables con la obediencia debida al Sucesor de San Pedro.
No es admisible que hable usted de una «misa equívoca, ambigua, cuya doctrina católica ha sido difuminada», ni que declare su intención de «apartar a los sacerdotes y a los fieles del uso de este nuevo Ordo Missæ».
Realizaría usted una verdadera contribución a la pureza de la fe en la Iglesia si se limitase a recordar a los sacerdotes y a los fieles que hay que renunciar a la arbitrariedad, que hay que ajustarse cuidadosamente a los libros litúrgicos de la Iglesia y que hay que interpretar y llevar a cabo la liturgia según la tradición de la fe católica y de acuerdo con las intenciones de los Papas. De hecho, ahora mismo, desgraciadamente, a lo único a lo que anima usted es a la desobediencia.

Sobre el Concilio Vaticano II

II.–Después de las conversaciones que hemos tenido, creía personalmente que ya no había obstáculos con respecto al punto I, es decir, a la aceptación del Concilio Vaticano interpretado a la luz de la Tradición católica y teniendo en cuenta las declaraciones del propio concilio sobre los grados de obligación de sus textos. También el Santo Padre está sorprendido de que su aceptación del concilio interpretado según la Tradición siga siendo ambigua, ya que usted afirma inmediatamente que la Tradición no es compatible con la Declaración sobre la Libertad Religiosa.
En el tercer párrafo de sus sugerencias, habla usted de «afirmaciones o expresiones del concilio que son contrarias al Magisterio de la Iglesia». Al decir eso,priva de cualquier alcance a su aceptación anterior y, al enumerar tres textos conciliares incompatibles según usted con el Magisterio, añadiendo además un «etc.», hace que su postura sea aún más radical.
En esto, al igual que con respecto a las cuestiones litúrgicas, hay que señalar que –en función de los diversos grados de autoridad de los textos conciliares– no se excluye la crítica de algunas de sus expresiones, realizada según las reglas generales de adhesión al Magisterio. Puede incluso expresar el deseo de que se produzca una declaración o un desarrollo explicativo sobre un punto u otro.
No puede usted afirmar, sin embargo, la incompatibilidad de los textos conciliares, que son textos magisteriales, con el Magisterio y la Tradición. Puede decir que, personalmente, no ve esa compatibilidad y pedir, por lo tanto, a la Sede Apostólica que la explique. En cambio, si, por el contrario, usted afirma la imposibilidad de dicha explicación, se opone profundamente a la estructura fundamental de la fe católica, a la obediencia y humildad de la fe eclesial que afirma profesar cuando, al final de su carta, recuerda la fe que le fue enseñada a lo largo de su infancia y en la Ciudad Eterna.
Sobre este punto, resulta también válido un comentario realizado anteriormente sobre la liturgia: los autores privados, incluso si fueron peritos del concilio (como el P. Congar o el P. Murray, que usted cita) no son la autoridad encargada de la interpretación. Sólo es auténtica y autoritativa la interpretación dada por el Magisterio, el cual es de esa forma el intérprete de sus propios textos, ya que los textos conciliares no son los escritos de un experto u otro ni de quienes hayan contribuido a su desarrollo, sino documentos del Magisterio.

El peligro del cisma

III.–Antes de concluir, debo aún añadir una cosa: el Santo Padre no desconfía ni de su fe ni de su piedad. Él sabe que, en la Fraternidad de San Pío X, usted insiste en que se reconozca su propia legitimidad y que se ha separado de los miembros de la Fraternidad que se negaban a seguirle en esta actitud. También sabe que usted se niega a dar el paso que constituiría verdaderamente el comienzo de un cisma, es decir, la consagración de un obispo, y reconoce que, en este punto decisivo, usted se mantiene en obediencia al Sucesor de San Pedro. A todo esto se debe la generosa paciencia con la cual el Soberano Pontífice sigue buscando el camino de la reconciliación. Sin embargo, su carta del 5 de abril muestra también que obedece con reservas, las cuales afectan a la sustancia misma de esa obediencia y abren la puerta a una separación.
Una vez más, en nombre del Papa Juan Pablo II, le ruego con cordialidad, pero también con insistencia, que reflexione ante el Señor sobre todo lo que acabo de escribirle. No se exige que renuncie usted a la totalidad de sus críticas al concilio y a la reforma litúrgica. Sin embargo, en virtud de su responsabilidad en la Iglesia, el Soberano Pontífice debe insistir en que ponga en práctica esa obediencia concreta e indispensable cuyo contenido se formuló en mi carta del 23 de diciembre de 1982. Si alguna expresión le causa dificultades insuperables, puede plantear esas dificultades: las palabras en sí mismas no son un absoluto, pero su contenido es indispensable.
El Santo Padre me ha encargado expresamente que le indique que puede usted contar con sus plegarias por sus intenciones. También puede contar con las mías. Un saludo respetuoso en el Señor».

III PARTE: lefebvrianos, falsos guardianes de la Tradición

Tras dar a conocer las dos cartas del Cardenal Ratzinger, hoy Papa Benedicto XVI, a Mons. Marcel Lefebvre, creo oportuno dar mi opinión sobre la situación actual. La Fraternidad lleva cuarenta años rechazando la autoridad y los argumentos de la Santa Sede, empeñada en reintegrarla en la unidad de la Iglesia. Estos argumentos se mantienen siempre iguales, porque exponen siempre la misma verdad católica. Ya fueron formulados desde el principio del lefebvrismo por una carta del Papa Pablo VI a Mons. Lefebvre (11 octubre 1976). Las negritas en las citas siempre serán mías:

«Nada de lo decretado en ese Concilio, como en las reformas [litúrgicas] que Nos hemos decidido llevar a cabo, se opone a lo que la Tradición Bi milenaria de la Iglesia considera fundamental e inmutable. De todo esto somos Nosotros garantes, en virtud, no de nuestra cualidades personales, sino por la tarea que el Señor nos ha confiado como sucesor legítimo de Pedro y de la asistencia especial que nos ha prometido, como a Pedro: “He rogado por ti con el fin de que tu fe no desfallezca” (Lc 22,32). Con Nosotros es garante de esto el episcopado universal. Nuevamente, usted no puede distinguir lo que es pastoral de lo que es dogmático para aceptar algunos textos del concilio y rechazar otros».

La carta del Card. Ratzinger a Mons. Lefebvre (28 julio 1987), tratando de evitar la ordenación cismática de Obispos para la Fraternidad, reitera los mismos argumentos:

«Divinamente instituida, la Iglesia tiene la promesa de asistencia de Cristo hasta el final de los tiempos. El romper su unidad con un acto de plena desobediencia de su parte causaría incalculable daño y destruiría el futuro mismo de su trabajo debido a que fuera de la unidad con Pedro no se puede tener futuro sino solo la ruina de todo lo que desea y aspira…Dándole su interpretación personal a los textos del Magisterio estaría usted cayendo en el mismo liberalismo que pretende combatir. De hecho es a Pedro quien el Señor le ha confiado el gobierno de Su Iglesia; por lo tanto es el Papa el principal artesano de su unidad. Asegurado en la promesa de Cristo, el Papa nunca será capaz de oponerse a la Santa Tradición ni al magisterio auténtico. Excelencia, ¿considera mis palabras severas? Me gustaría expresarme de otra manera pero la gravedad del asunto no me permite otra elección».

Aunque en 1988, tras muchas negociaciones, se mostró Mons. Lefebvre dispuesto a firmar un Protocolo que le ofrecía-exigía la Santa Sede, al día siguiente se retractó. Y vino el horror de las ordenaciones episcopales cismáticas el 30 de junio de 1988.
La carta apostólica-motu proprio Ecclesia Dei de Juan Pablo II (2 julio 1988) responde a ellas con las argumentaciones de la fe tantas veces alegadas:

«Ese acto [30-VI-1988 ] ha sido en sí mismo una desobediencia al Romano Pontífice en materia gravísima y de capital importancia para la unidad de la Iglesia, como es la ordenación de obispos, por medio de la cual se mantiene sacramentalmente la sucesión apostólica. Por ello, esa desobediencia –que lleva consigo un verdadero rechazo del Primado romano– constituye un acto cismático (can. 751)…
«La raíz de este acto cismático se puede individuar en una imperfecta y contradictoria noción de Tradición. Imperfecta, porque no tiene suficientemente en cuenta el carácter vivo de la Tradición… que va progresando en la Iglesia bajo la asistencia del Espíritu Santo… Pero es sobre todo contradictoria una noción de Tradición que se oponga al Magisterio universal de la Iglesia, el cual corresponde al Obispo de Roma y al Colegio de los Obispos. Nadie puede permanecer fiel a la Tradición si rompe los lazos y vínculos con aquél a quien el mismo Cristo, en la persona del Apóstol Pedro, confió el ministerio de la unidad en su Iglesia (cf. Mt 16,18; Lc 10,16; Vaticano I, cp.3, Dz 3060)».
«El éxito que ha tenido recientemente el movimiento promovido por Mons. Lefebvre puede y debe ser para todos los fieles un motivo de reflexión sincera y profunda sobre su fidelidad a la Tradición de la Iglesia, propuesta auténticamente por el Magisterio eclesiástico, ordinario o extraordinario, especialmente en los Concilios Ecuménicos, desde Nicea hasta el Vaticano II. De esta meditación todos debemos sacar un nuevo y eficaz convencimiento de la necesidad de ampliar y aumentar esa fidelidad, rechazando totalmente interpretaciones erróneas y aplicaciones arbitrarias y abusivas en materia doctrinal, litúrgica y disciplinar».

Desarrolla aquí el Papa, en este sentido, una exhortación especial a los Obispos y a los teólogos.

«En las presentes circunstancias deseo sobre todo dirigir una llamada a la vez solemne y ferviente, paterna y fraterna, a todos los que hasta ahora han estado vinculados de diversos modos con las actividades del arzobispo Lefebvre, para que cumplan el grave deber de permanecer unidos al Vicario de Cristo en la unidad de la Iglesia Católica y dejen de sostener de cualquier forma que sea esa reprobable forma de actuar. Todos debe saber que la adhesión formal al cisma constituye una grave ofensa a Dios y lleva consigo la excomunión debidamente establecida por la ley de la Iglesia (can. 1364)».

¿Cómo estamos ahora? Pues al parecer, los lefebvrianos rechazan el “Preámbulo” que últimamente les ofreció-exigió la Iglesia con buen ánimo. A falta de confirmación oficial, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X no está dispuesta a firmar el Preámbulo doctrinal. Esa conclusión se deriva de las declaraciones de Mons. Fellay de 29 de junio de este año: “estamos en el punto de partida, condición en la que ya habíamos dicho que no podíamos ni aceptar ni firmar […] Es claro que nada bueno aportaremos a la Iglesia si no permanecemos fieles a la herencia de nuestro Arzobispo“, Mons. Marcel Lefebvre.
Todo indica que la reintegración de los lefebvrianos en la unidad de la Iglesia es mucho más deseada y procurada por la Iglesia que por ellos mismos. Es de temer que éstos, manteniéndose “fieles a la herencia de Mons. Lefebvre“, fijos en sus erróneas tesis, sigan en la situación actual otros cuarenta años. Y esto se debe en buena parte a que no reconocen la terrible realidad cismática de su situación. Por eso están dispuestos a continuar en ella cuarenta años o cuatro siglos. Declaran, con piadosas consideraciones, que están dispuestos a esperar en su penosa (¡y floreciente!) situación todo el tiempo que la Providencia de Dios estime conveniente. En cuarenta años no han cedido ni un punto de las posiciones de su Fundador: “estamos en el punto de partida“; o lo que es lo mismo, “con todas estas conversaciones no hemos adelantado nada hacia la unión“. Tienen vocaciones y la Fraternidad continúa creciendo. Siguen cumpliendo, a su entender, la altísima misión que Dios les ha asignado dentro de la Iglesia. Y no se sienten, al parecer, con mala conciencia, siguiendo también en esto el ejemplo de su Fundador. Pues bien, ese es exactamente el mismo planteamiento que se hace desde multitud de grupos heréticos y sectarios. Todos los que salen de la Iglesia tienen la conciencia muy tranquila y creen estar haciendo la voluntad divina.
Recordemos que, desde el principio, los lefebvrianos han vivido su situación convencidos de que es la Iglesia la que se halla en condición irregular por su desviación liberal y modernista. Ellos son “testigos de la verdad” católica, y aunque sería deseable la unión, que exige la conversión de Roma, ellos aceptan que su anómala situación eclesial se prolongue todo el tiempo que Dios disponga. Recapitulo de nuevo sus actos:
+En 1975, cuando la Autoridad apostólica suprime la FSSPX, Mons. Lefebvre niega la validez canónica de tal suspensión, alegando que va contra derecho.
+En 1976, cuando es sancionado con la “suspensio a divinis” reacciona Lefebvre del mismo modo, negando su validez. Un mes después, 29 de agosto, proclama esta convicción suya a los cuatro vientos, celebrando en el palacio de los deportes de Lille una Misa multitudinaria ante periodistas y cadenas de radio y televisión. Debe, pues, quedar claro a la Iglesia y al mundo que todas las condenas que de la Iglesia reciben Lefebvre y la FSSPX son absolutamente inválidas, son nulas. “Es esta Roma liberal la que nos ha condenado. Pero condenando así la Tradición, la Verdad. Nosotros hemos rechazado esta condenación porque la consideramos nula e inspirada por el espíritu modernista. Lo que hacemos nosotros y continuamos haciendo es trabajar para el mantenimiento de la Tradición. Nos hemos hallado así en una situación de aparente desobediencia legal, pero nosotros hemos continuado ordenando sacerdotes, dando sacerdotes a los fieles para la salvación de sus almas” (Fideliter n. 55,1987).
+En 1988, cuando ordena sacrílegamente cuatro Obispos, contra la ley canónica y contra los ruegos y mandatos expresos del Papa, quedan excomulgados por el propio hecho los Obispos ordenando y los cuatro ordenados. Pero ni Lefebvre ni los cuatro Obispos lefebvrianos se creyeron nunca realmente excomulgados. Podemos comprobarlo cuando la excomunión fue levantada por Benedicto XVI, acto que los lefebvrianos celebraron como una gran victoria. Mons. Fellay escribe a sus fieles: “la excomunión de los obispos consagrados por S. E. Mons. Marcel Lefebvre el 30 de junio de 1988, que había sido declarada por la Sagrada Congregación de los Obispos por un decreto del 1 de julio de 1988, y que nosotros siempre rechazamos, ha sido retirada por otro decreto de la misma Congregación, fechado el 21 de enero de 2009 por mandato del Papa Benedicto XVI“.
+Como el mismo Benedicto XVI afirmó al explicar el levantamiento de las excomuniones, “la Fraternidad no tiene ningún estado canónico en la Iglesia, y sus ministros, no obstante hayan sido liberados de la sanción eclesiástica, no ejercen legítimamente ministerio alguno en la Iglesia” (10-3-2009). Pero ellos siguen celebrando ordenaciones, misas y otros sacramentos con toda paz de conciencia, convencidos de que pueden y deben ejercer sus ministerios para el bien de la Iglesia.
¿En qué Iglesia creen los lefebvrianos?
Es realmente peculiar que quienes se presentan a sí mismos como católicos y fieles guardianes de la Tradición, demuestren por sus hechos no ser ni una cosa ni la otra. Como escribió el P. José María Iraburu en su post “La Fraternidad de San Pío X y la Iglesia indefectible”: “Tengamos en la fe clara convicción de que no existe otra Iglesia que la Iglesia actual y visible, presidida por este Papa y por estos Obispos sucesores de los Apóstoles. El que no cree en esta Iglesia no cree en ninguna, porque no existe otra… No hay más Iglesia que ésta que se ve, se oye y se puede tocar. Adherirse fielmente a «la Roma eterna» o a «la Iglesia de los Apóstoles» es unirse a un ectoplasma, a un ideal, a un sueño: y eso no da la salvación, sino la perdición. Ésta es la verdadera y pura Tradición. Credo Ecclesiam. Extra Ecclesiam nulla salus“.
Dado que Mons. Marcel Lefebvre quiso que el Papa San Pío X diera nombre a su Fraternidad, y dado que los actuales responsables de la misma aseguran querer ser fieles a su fundador, es de todo punto oportuno recordar lo que dijo aquel Papa santo:

“No permitáis que vosotros mismos seáis engañados por las taimadas declaraciones de aquellos que persistentemente claman que desean estar con la Iglesia, amar a la Iglesia, luchar para que la gente no salga de ella… sino juzgarlo por sus obras. Si ellos desprecian a los pastores de la Iglesia e incluso el Papa, si intentan por todos los medios evadir su autoridad para eludir sus directivas y juicios… entonces, ¿de qué Iglesia hablan esos hombres? Ciertamente no de la establecida sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, con Jesucristo mismo como la piedra angular” (Ef 2,20)

San Pío X, discurso del 10 de mayo de 1909

Mons. Lefebvre ya no puede retractarse de las barbaridades que dijo contra Roma y contra la Iglesia, que en no pocos ejemplos bien podrían ser calificadas de sedevacantistas. Murió fuera de la comunión eclesial, como tantos otros cismáticos y herejes a lo largo de la historia. Solo Dios sabe si ha logrado alcanzar la salvación o si está comprobando por sí mismo la verdad de que fuera de la Iglesia no hay salvación. Eso poco importa ya. Lo que sí importa, y mucho, es la situación espiritual de los lefebvrianos a día de hoy. Las palabas de San Pío X van dirigidas a ellos.
Mucho me temo que el cisma lefebvriano no será superado si no es declarado abiertamente por la autoridad eclesiástica competente, en caso de que la FSSPX no acepte firmar lo que Roma pide que firme. Cuando la causa formidable de la unidad de la Iglesia se confió especialmente a cardenales muy benignos con los judíos, los protestantes, los no cristianos y los lefebvrianos (Etchegaray, Kasper, Castrillón, etc.), las relaciones de la Iglesia con ellos se hizo cordial, pero casi ninguno de ellos se convirtió y entró en la comunión plena y única con la Iglesia. De hecho, la reciente llegada de anglicanos al catolicismo ha sido más bien el fruto del marasmo de la comunión anglicana que otra cosa. Para ganarse a los fariseos para el Evangelio podría Cristo haber acentuado una captatio benevolentiæ, declarando los grandes valores vigentes en el fariseísmo -que los había-, y silenciando sus enormes errores. Por el contrario, Jesús optó por llamarles a conversión con fortísimas palabras: raza de víboras, sepulcros blanqueados, llenos de orgullo e hipocresía, capaces de tragarse un camello y de colar un mosquito, ni entran en el Reino ni dejan entrar, etc. El resultado fue que algunos fariseos y sacerdotes creyeron en el evangelio. Los que no se hacen como niños, y se dejan enseñar y mandar por la Iglesia, Madre y Maestra, no pueden entrar en el Reino.
En el difícil proceso por el que pasó la Fraternidad de San Pío X en este último año, pareció un tiempo que Mons. Fellay se separaba de la actitud cerrada manifestada por los otros tres obispos, y que éstos estaban dispuestos a desvincularse de él si aceptaba firmar lo que Roma exigía. Pero en el Capítulo General que en julio celebró la FSSPX, se recuperó la unidad en torno a la tumba de Mons. Lefebvre, según las mismas declaraciones de Mons. Fellay. Todos ellos, en forma unánime, quieren mantenerse fieles a “la herencia de Mons. Lefebvre“, y consiguientemente se niegan a firmar algo muy parecido a lo que su Fundador se negó a firmar –como se vio, por ejemplo, en 1982 y en 1988–. Hablando claro, la FSSPX no puede llegar a un acuerdo con Roma sin traicionar las enseñanzas y los ejemplos dados por Mons. Lefebvre.
Pero es más importante la salvación de sus almas que la fidelidad a quien quiso ser el responsable del último cisma abierto de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Es por ello que recibiríamos con gran alegría un cambio de postura que llevara a firmar el preámbulo doctrinal. Aun hay tiempo. Ellos verán lo que hacen. Nosotros nos quedamos rezando por su conversión y por su salvación.

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El presidente de los obispos estadounidenses y arzobispo de Nueva York, el cardenal Timothy Dolan, volará la próxima semana a Tampa, Florida, para bendecir la Convención nacional republicana en la que se consagrará oficialmente el mormón Mitt Romney como candidato conservador para desafiar a Barack Obama en las próximas elecciones de noviembre.
Se trata de un gesto, subrayó el portavoz del purpurado, Joseph Zwilling, que no debe ser interpretado como un “apoyo” oficial para el candidato republicano. “Es un sacerdote que irá allí a rezar”, explicó. También añadió que Dolan habría también aceptado una invitación (que no ha llegado todavía) por parte de la Convención demócrata.
Pero el mensaje simbólico será muy fuerte, de cualquier manera, sobre en el contexto de la durísima campaña que han llevado a cabo los obispos americanos (con Dolan en la vanguardia) en contra de la reforma sanitaria de Obama. Una reforma que, aunque se base justamente en la reforma del candidato mormón cuando era gobernador de Massachusetts, Romney prometió que habría eliminado de llegar a ser presidente.
La presencia de Dolan, que no pronunciará ningún discurso, en la Convención republicana también tiene otro significado: refuerza las credenciales católicas del socio elegido por Romney para la contienda por la Casa Blanca, el diputado de Wisconsin Paul Ryan.
Ryan es católico y no esconde su fe, pero los obispos estadounidenses y muchos católicos le han criticado duramente por su pasión por la escritora Ayn Rand (un ícono del individualismo y del liberalismo cuya filosofía es profundamente anti-católica y anti-religiosa).
Los drásticos recortes a los programas para los más pobres y necesitados que llevó a cabo Ryan en 2012 (y que fueron aprobados por Cámara, de mayoría republicana, pero que quedaron varados en el Senado, de mayoría demócrata) fueron condenados sin medias tintas por la Conferencia Episcopal del país: el balance, indicaban en abril los obispos, “no corresponde a los criterios morales” fundamentales y los recortes que propuso Ryan fueron definidos como “injustificados y erróneos”.
Ryan también ha sido un católico “disidente” (ni más ni menos que las monjas “rebeldes” que ha puesto bajo observación el Vaticano y que organizaron un “tour” de protesta por el país en contra de los recortes del republicano). Fueron tan duras las críticas que su obispo, monseñor Robert Morlino, de Madison, tuvo que pronunciarse personalmente para defender su reputación “injustamente atacada”.
Dolan hizo lo mismo. Y ahora está preparando su equipaje para volar a Florida y bendecir la asamblea que impulsará a la mancuerna Romney-Ryan en su carrera hacia la Casa Blanca.

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Marx, Lenin, Freud, Darwin, Nietzche y otros anticristianos entre sus autores favoritos
Luciani: “Algún obispo se ha asustado: hay cuatro mil musulmanes en Roma, ¿tienen el derecho a construir una mezquita? No hay nada que decir: hay que dejar que lo hagan”
Se refería al Vaticano II con un “lenguaje deportivo”, comparándolo con un “partido extraordinario” donde juegan “más de dos mil obispos” y “el árbitro es el papa”

Entrevista a Marco Roncalli, biógrafo de Juan Pablo I (parte 1)

ROMA, jueves 23 agosto 2012 (ZENIT.org) -. A pocos días del 34 aniversario de la elección del papa Juan Pablo I (26 de agosto), ofrecemos a nuestros lectores la entrevista hecha por nuestro colaborador Renzo Allegri a Marco Roncalli, autor de la primera biografía completa y crítica del “Papa de la sonrisa”, publicada con motivo del primer centenario de su nacimiento (17 de octubre).

Por Renzo Allegri*

Albino Luciani pertenecía a una familia pobre de Canale d’Agordo, en la provincia de Belluno, al pie de la cadena montañosa de los Dolomitas en Italia. Desde que era un niño, e incluso como sacerdote y como obispo, siempre fue una persona tímida y reservada. Nadie podría haber imaginado que a los 66 años se convertiría en papa. Un papa que tuvo un destino desconcertante: permanecer en el trono de San Pedro solo por 33 días, al morir de improviso.
A Marco Roncalli le pedimos que nos hablara sobre el papa Luciani y, especialmente, que nos compartiese sobre las cosas nuevas e inéditas que encontró en estos cinco años de investigación. “Cuando empecé a trabajar en este proyecto”, dice Roncalli, “me encontré frente a un evento único: un papa que reinó solo 33 días, un tiempo muy corto para haber sido capaz de hacer cosas importantes, pero que había dejado en los creyentes una fascinación extraordinaria. Su actividad como pontífice no justificaba aquel encanto, por lo tanto, era necesario buscar la causa en otro lugar: en la vida de Albino Luciani antes de la elección como pontífice…

¿Qué se sabe de Albino Luciani como niño?

–Marco Roncalli: Desde niño tuvo que enfrentarse a situaciones difíciles de la vida, que dejaron profundas cicatrices en el alma. Se crió prácticamente sin un padre. Ya en 1913, cuando Albino tenía un año de edad, su padre estaba en Argentina. Volvió por la guerra de 1915-1918, y luego se marchó. Fue su madre la que hizo crecer y educó al niño, transmitiéndole los valores cristianos. “Mi madre fue mi primera maestra de catecismo”, recordaba Luciani. Los años de la guerra fueron particularmente difíciles en esa zona del Véneto. Su hermano Eduardo, recuerda: “Había sólo hierba y las raíces de las plantas para hervir… De vez en cuando un pedazo de pan hecho de salvado y del aserrín de los árboles”.

¿Qué tipo de escuela había seguido?

–Marco Roncalli: La elemental de su país natal, y luego entró en el seminario. Le encantaba leer y el párroco y los demás sacerdotes le ayudaban prestándole libros. Se conserva una oración que escribió en el cuarto grado, y es relevante porque revela su estilo claro y concreto, que lo caracterizará después como adulto: “Señor, tú que lo sabes todo y que todo los puedes, ayúdame a vivir. Yo soy aún un niño, no tengo estudios, soy pobre, pero quiero conocerte. Ahora no sé verdaderamente quién eres y no sé si te quiero, me gusta el Padre Nuestro, me gusta mucho el Ave María, oro por los difuntos y por mis seres queridos. Ayúdame a entender. Soy tu Albino. Amén”.

¿Cuándo decidió ser sacerdote?

–Marco Roncalli: A los 11 años entró en el seminario de Feltre. Como obispo escribirá: “Cuando nos llamamos entre nosotros, los hombres, la llamada es muy clara… Cuando Dios llama, es diferente; no hay nada escrito, ni fuerte ni evidente: una voz baja, un susurro, un “pianísimo” que toca el alma”.

En la práctica, vivió siempre lejos del mundo real

–Marco Roncalli: Pero siempre atento a lo que sucedía en el mundo real. Albino Luciani era una esponja. Escuchaba, pensaba, elaboraba. Y sobre todo leía. No solo libros de carácter religioso, sino sobre todo libros de literatura, que no siempre estaban disponibles en el seminario y que tampoco eran bien vistos. A través de los años, especialmente en la escuela secundaria, leyó libros de Molière, Verne, Twain, Dickens, Dovstoievskij, Tolstoi, Camus, Péguy, Pascal, Erasmo, Chesterton, Goethe, Petrarca, Papini, Freud, Darwin, Nietzsche, Marx, Lenin, y así sucesivamente.

¿Y después del seminario?

–Marco Roncalli: Fue ordenado sacerdote a los 23 años. Durante dos años trabajó como asistente del párroco en la parroquia, desarrollando “aquel apostolado sencillo entre la gente que me gustaba mucho”. Y luego volvió otra vez al seminario, como profesor y como vicerrector. Diez años más de seminario, desde 1937 hasta 1947. Fueron los años de la Segunda Guerra Mundial. Años difíciles, dramáticos, especialmente para Italia. Consiguió, en aquellos años, obtener un título ‘summa cum laude’, en teología en la Universidad Gregoriana de Roma. Pero sobre todo, estudiaba los acontecimientos que sucedían en el mundo, la vida de los hombres que estaban fuera del seminario, para los que estaba preparando a los guías espirituales del futuro.

Y después obispo…

–Marco Roncalli: La estima de sus superiores era grande y fue nombrado provicario de la diócesis, después vicario general y, en el 1958, obispo de Vittorio Veneto. Tomó como lema de su escudo episcopal la palabra Humilitas, explicando: “Yo soy el simple y pobre polvo; sobre este polvo el Señor ha escrito la dignidad episcopal de la ilustre diócesis de Vittorio Veneto”. Nunca tuvo una gran consideración por sí mismo. Escribió: “Algunos obispos se parecen a las águilas, que vuelan con documentos magisteriales a alto nivel; yo pertenezco a la categoría de esas pobres avecillas, que en la última rama del árbol eclesial, trinan.”

En 1962 se inició el Concilio Vaticano II. Luciani era ya obispo, ¿cómo lo vivió?

–Marco Roncalli: Con gran entusiasmo. No sabemos de su intervención directa, pero siempre estuvo presente en todas las sesiones y miraba aquel evento con asombro. Se refería a él con un lenguaje deportivo, comparándolo con un “partido extraordinario” donde juegan “más de dos mil obispos” y “el árbitro es el papa”. De sus escritos se lee: “El Concilio me ha obligado a volverme un estudiante de nuevo y a convertirme también mentalmente.” Después del Concilio, su pastoral tuvo una oleada de iniciativas nuevas, fuertes, que muchos juzgaron, incluso, como revolucionarias.

¿Por qué?

–Marco Roncalli: Luciani resultó ser un verdadero pastor, que se niega a ser encasillado en los estereotipos habituales de “conservador” o “progresista”. Sin embargo, era firme en cuanto a la doctrina y los principios, pero lleno de compasión por la fragilidad humana, cercano a los problemas reales de las familias. Incluso entonces estaba creciendo en nuestro país la presencia de los inmigrantes que pertenecían a distintas religiones. Y él miraba con el corazón de un padre, incluso a esas personas. Escribió así: “Algún obispo se ha asustado: hay cuatro mil musulmanes en Roma, ¿tienen el derecho a construir una mezquita? No hay nada que decir: hay que dejar que lo hagan”. Comprensivo, disponible, abierto, pero también inamovible en cuanto al rigor doctrinal y la disciplina. Siempre reiteró sobre la incompatibilidad entre el cristianismo y el marxismo. Ha condenado los abusos de los que amenazaban con convertir el Concilio en un “arma para desobedecer, una excusa para legitimar todas las ‘extravagancias’ que pasan por la cabeza.”

(Trad.: JAVV)

* Renzo Allegri es un periodista italiano, escritor y crítico de música. Estudió periodismo en la Escuela Superior de Ciencias Sociales de la Universidad Católica. Ha publicado 53 libros hasta el momento, todos de éxito. Algunos de los cuales han sido publicados en francés, alemán, italiano, japonés, español, portugués, rumano, eslovaco, polaco, chino y ruso. Entre estos, fue un éxito extraordinario el título “El Papa de Fátima”, de la editorial Mondadori.

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Con la alianza de Apple, la Logia Vaticana se ufana de promover el magisterio herético de Ben Ratzinger en todos los dispositivos de nuevas tecnologías distribuidos por la mundialista compañía del logotipo esotérico que representa el pecado original.

(Transcribimos la nota de Vatican Insider / traducción de ReL)

Benedicto XVI es uno de los teólogos católicos más leídos del mundo. Sus libros han sido traducidos en decenas de idiomas y varios de ellos se han convertido en best sellers. Ahora su pensamiento desembarcará en la última frontera tecnológica -los teléfonos inteligentes y las tabletas- gracias a una alianza editorial entre la Librería Editorial Vaticana y el coloso de la informática Apple.
“Es una decisión deliberada y estratégica, antes o después iba a ser necesario trabajar en el formato electrónico. Lo hicimos aliándonos con la Apple que nos ha ayudado en la producción de las catequesis ilustradas del Santo Padre”, dijo a Vatican Insider don Giuseppe Costa, director de la editorial vaticana.
Desde hace dos meses una serie de catequesis del Papa, ilustradas con grandes obras de la historia del arte, puede ser adquirida a través de la tienda virtual iTunes. A disposición se encuentra el volumen El hombre en oración y próximamente se agregará la serie La oración en el Nuevo testamento, que ya salió a la venta en formato impreso.
La Librería Editorial Vaticana es propietaria en exclusiva de todos los derechos de autor sobre los libros de los Papas. El actual, Joseph Ratzinger, es particularmente prolífico. Su catálogo supera las cien obras, sin contar las recopilaciones de sus intervenciones públicas, discursos o mensajes. Por eso tiene en la producción literaria del pontífice un banco de pruebas ideal para evaluar el segmento de los e-book. Según Costa, es todavía prematuro trazar un balance sobre los resultados de esta primera iniciativa, aunque anticipó que la editorial continuará desarrollando proyectos en el mundo virtual.
Las catequesis ya desarrolladas han captado la atención del sector, porque no se trata de libros electrónicos propiamente dichos. En realidad son productos multimedia de alta tecnología: “El efecto iconográfico y gráfico de esta iniciativa es muy fuerte, es muy apreciado porque estas catequesis son libros bellísimos que atraviesan toda la historia del arte”, explicó el sacerdote.
Pero no todos los e-book de la Librería Editrice Vaticana tendrán esa calidad, por una cuestión de coste-beneficio. Por ahora existen veinte publicaciones electrónicas adicionales que se insertaron en el circuito de un consorcio católico, en espera de resultados. “En torno al diseño entran los problemas empresariales. Debemos estudiar la diferencia entre coste y beneficio, nosotros no somos una fundación y por ello debemos sobrevivir desde el punto de vista editorial y comercial. De todas maneras seguimos adelante tranquilos”, ponderó don Costa.
Tras la alianza con Apple, el coloso de la venta de libros por internet,Amazon, alzó la mano y mostró su interés en los textos papales. El camino de la Editorial Vaticana en el mundo de los e-book es pues irreversible.

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El “gusto por la moda” es una característica de Benedicto XVI, su singularidad ha llamado la atención a miles, especialmente por el uso de los zapatos rojos marca Prada en lugar de las sandalias episcopales tradicionales.

La moda, de hecho es un invento antiguo para esclavizar a los individuos en una espiral de vanidad, soberbia, lujuria y envidia.

Es inevitable asociar a Prada con la famosa película The Devil Wears Prada (El Diablo viste de Prada) dirigida por el cabalista David Frankel, basada en la novela homónima de la cabalista Lauren Weisberger.

Finalmente, lo que resalta es el interés de la Neo Iglesia en la moda y su gusto por promover a los monstruos de las casas de moda como Parada, Versace y Armani.

(La nota fue transcrita de Religión Digital)

La cabeza visible de la Iglesia Católica debe cumplir con numerosas obligaciones en su día a día; recepciones, eucaristías, y demás actos oficiales en los que Benedicto XVI debe permanecer horas y horas de pie, por eso la comodidad es una de sus máximas y no nos extraña que para cuidar su calzado haya elegido a una de las mejores firmas: la italiana Prada.

De esta forma, el Sumo Pontífice siempre acude a sus viajes con unos zapatos rojos creados por esta gran casa de la moda italiana. Comodidad y estilo que presentan a un Papa cargado de glamour y elegancia en cada uno de sus actos.


Sin importar el escándalo, Domenico Mogavero decidió promover al sensualoide Giorgio Armani, con sus etilos de ornatos feminiodes como el que aparece en la gráfica.

Pero Benedicto XVI no es el único miembro de la Iglesia Católica que aporta un toque de distinción a sus looks. Este domingo, el obispo Domenico Mogavero oficiará una misa vestido con un paramento de Armani. Esta decisión ha causado un gran revuelo y ha originado numerosas críticas que acusan a los miembros de la Iglesia Católica de no predicar con el ejemplo.

Es por ello que Domenico Mogavero se ha visto obligado a aclarar la situación y ha comentado que su traje no lo había comprado él sino que se trataba de un regalo que recibió en 2011 por parte del diseñador italiano.

“No lo he elegido por moda, sino como un gesto de reconocimiento a un creador que ama Pantelleria (la ciudad en donde se oficiará la misa) y para poner el gusto de la belleza al servicio del culto y de Dios”, explicó Mogavero a la prensa local.

El Clooney del Vaticano igualmente es modelo para Versace

Desde que el 2007 Donatella Versace inspirara su colección para hombre en la figura de George Gaenswein, (compuesta por chaquetas con alzacuellos, trajes oscuros y austeros con el cuello blanco, hablándose incluso de un “Clergyman-style”), este señor suscita bastante curiosidad en ciertos sectores del público, creyentes o no.

La moda a lo Georg Gaenswein de Donatella Versace

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San Bernardo de Claraval fue la luz del cristianismo en el siglo XII

Insigne representante de una noble familia de santos, pocos cristianos han tenido tan grande repercusión en la Iglesia, en la santa devoción mariana, en la reforma moral de las órdenes monásticas, el fervor de los pueblos, en la defensa del Papado y en la política de todo el orbe cristiano. Fue un gran intercesor de portentosos milagros, habilísimo apologista enemigo de los herejes, gran organizador y general que expandió por occidente los benedictinos blancos, la regla cisterciense. Fue el gran predicador de la Santa Cruzada, el autor del amoroso título mariano Notre Dame, fundador de las órdenes de caballería cristiana.

Pero hoy en día, a pocos santos se les ha tratado de ignorar y ocultar tanto como al humilde San Bernardo; la razón, su valiente y exitosa defensa del Papado en contra de la Sinagoga de Satanás, contra la infiltración de los hebreos en la Santa Iglesia.

En ciertas épocas la Providencia hace surgir hombres providenciales que marcan todo su siglo, como San Bernardo, el Doctor Melifluo, cantor de la Virgen, gran predicador de cruzadas, extirpador de cismas y herejías, pacificador eximio y uno de los mayores místicos de la Iglesia.

En una familia privilegiada, de gran fortuna y poder, nació Bernardo en 1090. Su mayor riqueza, sin embargo, era una arraigada fe católica. Su padre, el venerable Tecelín Barba Morena, gran señor y caballero, era bueno y piadoso, y su madre, la beata Alicia, hija del Conde de Montbar, sería venerada como bienaventurada por la Iglesia en Francia. Cuando nació Bernardo, el tercero de siete hijos, además de ofrecerlo a Dios, como hizo con toda su prole, ella lo consagró al servicio de la Iglesia.
Casa natal de la familia que alcanzó a Cristo

Además de buena apariencia física, tenía Bernardo una inteligencia viva y penetrante, elegancia en su dicción, suavidad de carácter, rectitud natural de alma, bondad de corazón, una conversación atrayente y llena de encanto. Una modestia y una propensión al recogimiento lo hacían parecer tímido.

Radicalidad en la práctica de la pureza

Con tantas cualidades naturales y una posición social envidiable, al crecer podría fácilmente ser desviado hacia el mundanismo. Pero Bernardo probó que la alta condición social, si es vivida con Fe, puede ayudar a la práctica de la virtud.
A los 19 años era alto, bien proporcionado, con profundos ojos azules que iluminaban un rostro varonil, encuadrado por una rubia cabellera. Su porte era al mismo tiempo noble y modesto.
Un día, en una recepción social, la figura de una joven lo atrajo y lo perturbó. Inmediatamente, para apartar aquella visión que fue casi obsesiva, se lanzó en un estanque de agua fría y allí permaneció hasta que lo sacaron. Hizo entonces el propósito de consagrarse totalmente a Dios.

Entrada a la Abadía de Cister

En el año 1098 San Roberto, San Alberico y San Esteban Harding fundaron, en un valle llamado Cister, una rama reformada de la famosa abadía benedictina de Cluny, ya entonces en decadencia. La severidad de su regla fue apartando a los candidatos, mientras que los primeros monjes iban muriendo. San Esteban Harding, sucesor de San Alberico, dudaba si debería modificar la estricta observancia de la abadía cuando un día treinta nobles caballeros aparecieron y pidieron entrar en la Orden. Eran Bernardo con sus hermanos, un tío y sus nobles compañeros de caballería, la flor del ducado de Borgoña.
Beata Humbelina de Fontaines, hermana de San Bernardo

Era tan intenso el don de persuasión que poseía ese hombre lleno de amor de Dios que, al predicar, las mujeres ocultaban a sus maridos y las madres escondían a sus hijos, por miedo que lo siguiesen tal y como fue con su hermano mayor Guy, quien se alejó de su esposa Isabel de Forez y su hija pequeña para “alcanzar a Cristo”. Igualmente sucedió a su hermana Humbelina de Fontaines, quien luego de su matrimonio con Guy de Marcy, obtuvo de éste el amoroso sacrificio y le permitió convertirse en monja, al lado de su cuñada Isabel. Al final todos ellos alcanzaron a Cristo y con sus hermanos Gerardo, Bartolomé, Andrés y Nivardo, todos fueron beatificados.

Comunicación continua con Dios

Bernardo se entregó a la práctica de la regla como monje consumado. Puesto que en los caminos de la virtud hay varias vías para alcanzar la santidad, Bernardo se empeñó con total radicalidad en aquella para la cual se sentía llamado por Dios.

Dominó de tal manera sus sentidos, que comía sin sentir el sabor, oía sin oír. Dominó el paladar a tal punto, que una vez bebió sin percibir un vaso de aceite en vez de agua. Formó para sí un claustro interior en el cual vivía tan recogido que, después de dos años, no sabía si el techo de la abadía era abovedado o liso, y si había ventanas en la capilla. Su comunicación con Dios era continua, de forma tal que mientras trabajaba no perdía su recogimiento interior.

Fundador de Claraval, atrae las almas a Dios

Dos años después de su entrada en el Cister, es enviado por San Esteban como superior de un grupo de monjes para fundar la abadía de Claraval. Bernardo tenía apenas 25 años.

La nueva abadía quedaba en un lugar inculto y agreste. De ahí el nombre de Valle del ajenjo. No obstante San Bernardo lo transformó en Valle Claro o Claraval, difundiendo su fama por toda Europa. En aquella época la fama de los hombres corría por su santidad y heroísmo, no por su vileza y corrupción.

Bernardo había alcanzado un grado supremo de amor a Dios y de unión con la voluntad divina, pero le faltaba aún comprender la debilidad de sus subordinados. Tenía escrúpulos de dirigirlos por la palabra, creyendo que Dios les hablaría en lo profundo del alma mucho mejor que él. Estaba con esa tentación, cuando un día se le apareció un niño envuelto en una luz divina. Con gran autoridad, le ordenó que dijera todo cuanto le viniese al pensamiento, porque sería el propio Espíritu Santo que hablaría por su boca. Al mismo tiempo, Bernardo recibió la gracia especial de comprender las debilidades de los otros y de acomodarse al espíritu de cada uno, para ayudarlos y vencer sus miserias.

Imán de vocaciones

El modo como Bernardo atraía vocaciones para Claraval era milagroso; por ejemplo, cuando todo un grupo de nobles –que por curiosidad quisieron conocerlo– entraron de novicios. Actuaba como si fuese un poderoso imán para atraer almas a Dios.

Enrique de Francia, hermano del Rey Luis VII, fue a Claraval a tratar de un asunto importante con San Bernardo. Cuando iba a salir, pidió ver a todos los monjes, a fin de recomendarse a sus oraciones. Bernardo le dijo que muy pronto experimentaría la eficacia de esas oraciones. El mismo día Enrique se sintió tocado por la gracia al punto que, olvidando que era sucesor al Trono, quiso quedarse en Claraval. Con el tiempo fue Obispo de Beauvais y después Arzobispo de Reims.

Claraval creció tanto que, habitualmente, allí había de 600 a 700 monjes. Pese a ello, cada uno mantenía su aislamiento interior y silencio, como si estuviesen solos. Jamás un monje estaba inactivo, todos tenían un trabajo manual que hacer, cuando no se dedicaban a la oración en el coro o en sus celdas.

Con el tiempo y con el número crecientede vocaciones, Bernardo pudo fundar 160 casas de su Orden, no sólo en Francia sino también en otros países de Europa.

Extirpador de cismas

La misión pública de San Bernardo casi no tuvo similar en la Historia. Fue, por ejemplo, llamado a combatir el cisma del antipapa Anacleto II. Recorrió toda Europa, conquistando rey y reinos para la causa justa. Fue el alma de los Concilios de Letrán, de Troyes y de Reims, convocados por el Papa para tratar asuntos de la Iglesia.
La prédica de San Bernardo era en general acompañada por un gran número de milagros. Liberaba a posesos del demonio, restituía la vista a ciegos, los paralíticos caminaban, los mudos hablaban, los sordos oían.
Prácticamente no podía transitar sin ser seguido por una multitud de enfermos y de sanos que lo querían tocar. Para protegerse, se veía obligado a hablar a la multitud desde una ventana.
Por todos lados el santo era llamado “el padre de los fieles, Columna de la Iglesia, apoyo de la Santa Sede y Ángel tutelar del pueblo de Dios”.

Aniquilador de herejías y predicador de la II Cruzada

Bernardo fue el protector de la Fe contra las herejías de Pedro Abelardo y Arnaldo de Brescia, que querían renovar los antiguos errores de Arrio, Nestorio y Pelagio. Combatió también los errores de Gilberto de la Porée, Obispo de Poitiers.
Pero la principal herejía que el santo combatió fue la de un monje apóstata llamado Enrique, que en el Languedoc llevaba a cabo una guerra cruel contra la Iglesia, atacando los Sacramentos y los sacerdotes fieles.
El santo abad fue también llamado a predicar la II Cruzada, lo que hizo con la fuerza de su elocuencia y el poder de los milagros. Cuenta su secretario que en Alemania curó, en un solo día, nueve ciegos, diez sordos o mudos, diez paralíticos. En Mayence, la multitud que lo rodeó fue tan grande, que el Rey Conrado debió tomarlo en sus brazos para sacarlo de la iglesia.

La defensa de la Iglesia y el Papado contra la infiltración judía

Inocencio II y Rogerio de Sicilia

El Abad de Claraval se esforzó asimismo en la reforma de la Iglesia por medio de su acción e influencia, pero uno de los aspectos que más llama la atención en este sentido es la misión y el combate en 1130-1138, en pro de su unidad, frente al “Cisma de Anacleto”.

A la muerte de HONORIO II en 1130, se produjo una doble elección para sucederle: GREGORIO PAPARESCHI, quien tomó el nombre de INOCENCIO, y PEDRO DE LEONE, de una rica familia de origen judío, que pasó a llamarse ANACLETO II. Con la división del Colegio Cardenalicio se produjo también la del pueblo romano, siempre muy inmiscuido (por el intervencionismo de sus familias principales) en las elecciones y la política pontificia.
A San Bernardo no le importó que el hebreo Pierleoni (Anacleto II) hubiese sido electo por la mayoría de los cardenales, ni que el usurpador estuviese sentado en la Sede Romana; tampoco le importó que el asustado Inocencio II se desterrara y escondiera en Francia.
Para resolver el problema, el rey LUIS VI de Francia, “el Gordo”, llevo a cabo una reunión de un concilio en Étampes, donde la figura clave fue SAN BERNARDO, quien se decantó por los derechos del primero. A PARTIR DE AHÍ, se empeñó en obtener para él los apoyos del propio monarca francés, de ENRIQUE I de Inglaterra y del emperador LOTARIO, realizando numerosos viajes por Francia, Alemania e Italia, donde estuvo tres veces y consiguió que Pisa y Génova en 1133, y Milán en 1135, se adhiriesen igualmente.
El Doctor MELIFLUO en 1137 trató de ganarse además a ROGERIO II de Sicilia, hacia quien antes había tenido muchas reticencias por su enfrentamiento con varias ciudades italianas y con el emperador y el papa. Su labor en este tiempo consistió, por lo tanto, en viajes, entrevistas, predicaciones y cartas a diversos personalidades de la Iglesia y de la política, todo culminó con éxito, pues la muerte de VÍCTOR IV en 1138, elegido sucesor del recién fallido ANACLETO II, cerró definitivamente el asunto.

San Bernardo de Claraval, defensor del Papado, rogad por nosotros
Unidad en la Fe

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Muestra Rizo su verdadera pasta, nuevamente

No es serio hacer avalista de esto al Espíritu Santo, como si por privilegio de la FIFA los goles que le metan al Real Madrid jamás suban al marcador. Con esta falsificación de la fe se traspasan al Espíritu Santo compromisos que exceden su prometida asistencia, y se otorga al papa una infalibilidad imposible… pero, desde luego, instrumentable.

Nuevamente , Pedro Rizo defensor ex officio de la fraternidad lefebvriana nos brinda una prueba más de que conoce a fondo la infiltración en la logia vaticana, pero a la vez venera a sus usurpadores como papas y sólo los critica a través del sarcasmo.
Ya previamente había eliminado de súbito un post donde evaluaba la sede vacante, mejor dicho usurpada u ocupada por el enemigo de Cristo, pero en su vaivén lefebvriano contemporiza y sucumbe a la contemporización con los enemigos de la Iglesia.

(Documento transcrito de la página de Pedro Rizo Plano Picado y Contrapicado)

Se reaviva en el aniversario de su muerte el testamento del Papa Pablo VI, reproducido en este portal. Un texto que nos enciende de piedad y deseo de imitación para esa hora final que a todos nos está señalada desde que nacimos. Saber del testamento de Pablo VI nos invita a repetir nuestros mejores deseos para la acogida del Padre, el abrazo con el Hijo y la comunión con el Espíritu Santo. Desde que el Buen Ladrón alcanzó de Cristo el Paraíso en sus últimos minutos de cruz no otra cosa podemos desear en nuestro adiós que su amor final para nuestro doloroso arrepentimiento y sincera humillación.
Este testamento de Pablo VI, que inspira tantas alabanzas, y hasta a olvidarnos del legado que nos dejó, también nos recuerda el portento de su antecesor y camarada, Juan XXIII cuyo cadáver jamás lo fue pues que quedó incorrupto. Así lo aseguraron los expertos embalsamadores de la momia de Lenín venidos de Moscú, noticia que fue y las hemerotecas confirman. Un Papa incorrupto y un testamento son realmente edificantes para homenaje de esos dos artífices del Concilio Vaticano II, el más determinante hito de la Historia de la Iglesia, incluyendo en el adjetivo la encarnación del Verbo, su muerte y resurrección. (¿No es ahora que gracias a esos papas Buda o Bafumet merecen igual consideración que Nuestro Señor Jesucristo…? ¿No es “el Dios de Jesús” el mismo que el de Mahoma, según Juan Pablo II en Marruecos? ¿No se descubren ahora, desde su concilio, tantas virtudes que imitar de Lutero…?)
Por tan generosas innovaciones se nos proponen los nombres de estos papas como sobradamente dignos de ser ya canonizados para que, según sus particulares fundamentos, quede atado y santificado el rico fruto pastoral del que la historia nos está preparando su veredicto.
Y, consecuentes con ello, hemos de tener por no dignos de igual memoria, o que no alcanzaron sus méritos, a una reina como Isabel I, de Castilla, evangelizadora de cien pueblos por cada uno que Lutero le quitó a la Iglesia. Ni lo merecen, por remitirnos al siglo, el Papa Pío XII, los cardenales Siri y Midszenty o el arzobispo Casimiro Morcillo… Obvio es que de escaso relieve para estos nuevos tiempos.
Por este derrape por la incoherencia, por esta huida de lo fundamental, muchos católicos como inconsciente clavo ardiente al que agarrarse hacen del papa un ídolo mediático, lo idealizan como si fuera el Aga khan al que pesar en oro. Más Dios mismo de este mundo que comprometido Vicario. Así se nos propone que lo entendamos aunque implique olvidar su identidad de representante de Cristo (cuya divinidad debe proclamar frente a sus seculares enemigos); no viendo en él al administrador que gerencia – “ata y desata” – para su señor la hacienda que le fue confiada (nuestra redención por su cruz); y tampoco al mayordomo que usa para su amo las llaves con las que no sólo abre el cielo sino que, también, guarda de ladrones la casa terrestre.
A tal absurdo llega esta idolatría que sus enfermos se violentan a sólo ver bienes donde la historia los niega, y a no ver los males que se muestran en sus escombros.
No es serio hacer avalista de esto al Espíritu Santo, como si por privilegio de la FIFA los goles que le metan al Real Madrid jamás suban al marcador. Con esta falsificación de la fe se traspasan al Espíritu Santo compromisos que exceden su prometida asistencia, y se otorga al papa una infalibilidad imposible… pero, desde luego, instrumentable.
En la definición dogmática, la asistencia prometida señala limitaciones como, por ejemplo, en la advertencia de que «[...] no fue prometido a los sucesores de Pedro el Espíritu Santo para que por revelación suya manifestaran una nueva doctrina, sino para que, con su asistencia, santamente custodiaran y fielmente expusieran la revelación transmitida por los Apóstoles, o depósito de la fe.» (cfr. Dz 1836.)
Porque para el fiel más párvulo es claro como el agua que cuando Pedro negó a Jesús, fue Pedro quien le negaba y no el Espíritu Santo. Que cuando Judas le vendió al Sanedrín, no fue inspirado por el Espíritu Santo sino por su personal frustración política. Que en el incidente de Antioquía, no fue el Espíritu Santo el que rechazó a los gentiles sino San Pedro en su propia debilidad.
Así fue, sin secuestro de teologías, las cuales muchas veces sólo son cuñas “doctorales” del corporativismo de un clero que pierde Gracia por todos lados. Lo seguro es que del Espíritu Santo procedieron las lágrimas de contrición en San Pedro; o que por él le llegaría a Judas el remordimiento que luego malogró suicidándose. Y, sin discusión, sí que fue el Espíritu Santo el que inspiró a la Iglesia, en la persona de San Pablo, la reprensión a San Pedro afeándole que sometiera el conocimiento de Cristo a las exigencias judías de la previa circuncisión. (Hch 15, 1; Ga 2, 11-14)
Una intervención, aquella de San Pablo, verdaderamente trascendente pues que fijó en los cristianos su total independencia de imaginados hermanos mayores y desmontó la primacía del Antiguo Testamento. Primacía que ahora se vuelve a promover, no en el sentido de dar marco a la aparición de Jesús sino para diluirle. Importante intervención la de San Pablo que, salvo mejor opinión, patenta prioridades doctrinales y disciplinares colocando en sus justos límites la infalibilidad de San Pedro y sucesores, como arriba subraya la referencia magisterial.
Parece que la beatificación de Pablo VI se quiere lograr contra viento y marea. Ya beatificado Juan XXIII, nada más queda él para laurear al Concilio Vaticano II. Y es urgente seguir el proceso. Porque al santificar a los papas conciliares se canonizará también esas cabezas de dragón que son las mentiras nominadas Liberalismo (masónico), Democratismo (igualitario), Antropocentrismo (revolucionario), y sus secuelas de materialismo histórico, progresismo y comunismo impulsados ya en la clandestinidad por sus egregios convocantes.
Faltos de razones más consistentes, se acude al sentimentalista argumento de que el papa Montini fue un santo Hamlet (como le llamaba Juan XXIII) “que sufrió mucho”. Chocante tesis que reivindicaría méritos para el mismo Belcebú, criatura en eterno tormento.
Pero lo que de la biografía de Pablo VI nos queda, en verdad a los fieles que nos tocó en suerte vivir su tiempo, es que aun si dijéramos que quiso hacer el bien pese a que “por humana debilidad involuntariamente hiciera algún mal”, lo paradójico de su reinado, quizás lo preternatural es que el bien lo hizo muy mal y el mal lo hizo bastante bien.
Viendo la película “Las sandalias del pescador” descubres que no es una obra de arte. Ritmo lento, una interpretación de oficio, tema muy adornado con la pompa eclesial… Mas la mezcla de ficción con documentales acaba por interesarnos. En particular cuando el papa de Morris West va a ser coronado.
No nos damos cuenta de lo importante que es este momento. Lo es en un rey, o en su proclamación, y lo es mucho más en un pontífice. Según he visto, la solemnidad de prestar juramento se registra ya desde la elección del papa San Agatón, del año 678, aunque su origen se afirma más antiguo, quizás en el mismo comienzo de la era constantiniana. Parece que todos los papas lo hicieron, inclusive Pablo VI.
¿Qué intención tenía este juramento que Juan Pablo II fue el primero en rechazar? Pues sin duda ninguna el de asegurar una actitud de respeto a las tradiciones de los Apóstoles. Vea mi lector el texto y juzgue por sí mismo:
«Yo prometo
No cambiar nada de la Tradición recibida, y en nada de ella —tal como la he hallado guardada antes que yo por mis predecesores gratos a Dios — inmiscuirme, ni alterarla, ni permitirle innovación alguna.
Juro, al contrario, con afecto ardiente, como su estudiante y sucesor fiel de verdad, salvaguardar reverentemente el bien transmitido (recibido), con toda mi fuerza y máximo esfuerzo (compromiso). Juro expurgar todo lo que está en contradicción con el orden canónico, si apareciere tal, y guardar los Sagrados Cánones y Decretos de nuestros Papas como si fueran la ordenanza divina del Cielo, porque estoy consciente de Ti, cuyo lugar tomo por la Gracia de Dios, cuyo Vicariato poseo con Tu sostén, sujeto a severísima rendición de cuentas ante Tu Divino Tribunal acerca de todo lo que confesare. Juro a Dios Todopoderoso y Jesucristo Salvador que mantendré todo lo que ha sido revelado por Cristo y Sus Sucesores y todo lo que los primeros concilios y mis predecesores han definido y declarado. Mantendré, sin sacrificio de la misma, la disciplina y el rito de la Iglesia.
Pondré fuera de la Iglesia a quienquiera que osare ir contra este juramento, ya sea algún otro, o yo. Si yo emprendiere actuar en cosa alguna de sentido contrario, o permitiere que así se ejecutare, Tú no serás misericordioso conmigo en el terrible Día de la Justicia Divina. En consecuencia, sin exclusión, sometemos a severísima excomunión a quienquiera — ya sea Nos, u otro — que osare emprender novedad alguna en contradicción con la constituida Tradición evangélica y la pureza de la Fe Ortodoxa y Religión Cristiana, o procurare cambiar cosa alguna con esfuerzos opuestos, o conviniere con aquellos que emprendieren tal blasfema aventura.»

Fuente archivo: LIBER DIURNUS ROMANORUM PONTIFICUM.

Primera observación.- Es su ley y principal mandato guardar la Tradición y la doctrina excathedra de los papas predecesores.
Segunda.- La necesidad de este juramento supone que los papas pueden fallar. Más aun, que pueden estar muy lejos de la fe católica, o mediatizados por compromisos contrarios al bien de la Iglesia. Por eso, ahora lo comprendemos, en las letanías menores de Pascua de los antiguos misales se incluía esta rogativa: «Que te dignes mantener en tu santa religión al Soberano Pontífice y a todas las órdenes de la jerarquía eclesiástica, te rogamos nos oigas.» (Misal completo para los fieles, Vicente Molina, S.J., Edit. Hispania S.A. Valencia, 1947).
En flagrante abuso de autoridad, mejor digamos de poder, el progresismo triunfante ha prescindido de juramento tan antiguo. Y no sólo éste de la coronación de un pontífice sino, también, el antimodernista con el que San Pío X fortaleció las conciencias de todos los sacerdotes. Ambos todavía ofrecidos por los papas Juan XXIII y Pablo VI. Una vez que el juramento, por la fuerza de otro papa, el ya citado Juan Pablo II, se consideró prescindible, el primer efecto ha sido la vulneración de sus objetivos. Y como no hay efecto sin causa, uno se pregunta: ¿Con qué propósito eliminó Juan Pablo II este juramento al inicio de su pontificado?
(Adaptación de mi artículo en MD, de julio de 2009).

***


Hasta después de su muerte, no se sabe que Marcial Maciel Degollado-Guízar haya pedido perdón por sus crímenes.


Su doble vida fue casi secreta. Y bajo secreto se lleva al cine. El cura pederasta Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo y Regnum Christi, logró pasar por lo que no era. Pero poco antes de su muerte emergieron como un géiser las mentiras y patrañas que mantuvo bajo tierra durante décadas. Ahora el secreto se impone sobre el rodaje de la película que reconstruirá la oscura y pecaminosa vida del infausto personaje, un pedófilo rijoso que despachaba con papas, cardenales y banqueros, falso célibe con varias mujeres y al menos media docena de hijos de los que también abusó, adicto al demerol y la morfina y plagiador del libro de cabecera de sus legionarios. ¡Secreto, se rueda!, debió gritar Luis Urquiza, director de ‘Obediencia perfecta’, al dar el primer golpe de claqueta de la película que narra una vida disoluta que se quiso barnizar de santidad.
Aparte del título, poco se sabe del reparto, el guión y la localizaciones de la película que se rueda desde hace dos semanas en algún lugar de México sobre el influyente y falaz cura mexicano Marcial Maciel Degollado, nacido en Michoacán en Marzo de 1920 y muerto en Florida en enero de 2008, con 87 años. Maciel fue el fundador de la Legión de Cristo, empeñada hoy en borrarlo de su historia y presente en una veintena de países en los que mantiene colegios, universidades, un batallón de seminaristas, casi un millar de sacerdotes y 70.000 seguidores.
El descenso a los infiernos de Maciel comenzó una década antes de su muerte. Antiguos alumnos y estudiantes de sus centros comenzaron en 1997 a denunciar que habían sido víctimas de abusos sexuales del sacerdote, en los que incurría desde los años cuarenta y que fueron encubiertos. Se sabría luego que convivió con al menos dos mujeres con las que tuvo seis hijos de los que también abusó. Que predicando la austeridad vivía en la opulencia y que fue un mago de las finanzas en su propio beneficio. Impuso el voto de silencio a sus legiones cristianas para protegerse y llegó a ser acusado de envenenar a su tío abuelo, el obispo de Veracruz, Rafael Guízar, que avaló su ¿piadosa? carrera.

Cómplices

«Es importante llevar la historia de Maciel al cine. La católica sociedad mexicana es consciente de una problemática que hoy es evidente en todo el mundo; una tragedia espantosa y que no sólo golpea a miles de niños y niñas que fueron abusados, sino también a la credibilidad de la institución», ha dicho el excura Alberto Athié, asesor en la realización de ‘Obediencia perfecta’ y coautor del libro ‘La voluntad de no saber’, que aborda la protección y la complicidad de la jerarquía católica con Maciel.
«No es el caso de un único individuo; otros, aprovechando su investidura, cometieron abusos o los encubrieron y esto queda claro en la película» anticipa Athié, que renunció a la sotana en 2000 para pasar a ser una de las principales voces de denuncia de los abusos de sacerdotes pederastas.
El excura sostiene que el Vaticano, y en concreto el hoy pontífice Benedicto XVI, supo siempre de los abusos sexuales cometidos por Maciel. Asegura el exsacerdote que ‘Obediencia perfecta’ denuncia la protección que altos jerarcas católicos en México y en el Vaticano ofrecieron a Maciel, quien fue una presencia constante al lado de Juan Pablo II en tres de sus viajes a México y que aspiraba a la canonización. La jerarquía vaticana echó tierra sobre el asunto cuando emergieron las denuncias. Tras años de desmentidos, la Iglesia inició una investigación que en 2004 obligó a Maciel a abandonar la dirección de la orden. En 2006, cuando se acumulaban las evidencias en su contra, fue despojado de su ministerio sacerdotal y conminado a retirarse y a «llevar una vida de oración y penitencia».


Reconocen los abusos

Habría que esperar hasta 2010 para que los propios Legionarios de Cristo reconocieran que su fundador cometió reiterados abusos sexuales y fue padre de hijos con al menos dos mujeres. En mayo de aquel año se ordenaba la retirada de las imágenes del otrora venerado fundador de la cristiana legión y de toda referencia a Maciel en el seno de la organización. Luis Urquiza, productor de larga trayectoria, se pone por primera vez detrás de la cámara con esta cinta que recorrerá la vida de Maciel desde su juventud, recrea la fundación de los Legionarios de Cristo y su vida adulta y su vejez, cuando se conocieron sus abusos sexuales.
Con apoyo público del Fondo para la Producción Cinematográfica, se sabe que a través de anuncios en la prensa mexicana se reclutó a niños de entre 10 y 15 años que actúan como extras y que, según la producción, «desconocen la delicada historia y la trama de la que sí tienen noticia sus padres».
Hugo Valdemar, portavoz de la archidiócesis de México, ha lamentado que «se insista en mostrar la miseria en vez del esplendor» y ha expresado su confianza en que la película «mantenga un respeto mínimo por los valores del catolicismo». Negándose a opinar sobre el filme, Valdemar recuerda que «la Iglesia no aplaude este tipo de obras». «Es una historia muy vergonzosa para nosotros, pero hay plena libertad de expresión en esta sociedad».

CRONOLOGÍA

1977: Antiguos Legionarios de Cristo denuncian los abusos sexuales de Maciel en medios mexicanos.
1998: La abogada austriaca Martha Wegan entrega al Vaticano un informe sobre el fundador de los legionarios.
1999: El entonces cardenal Joseph Ratzinger, actual Papa, conoce las denuncias.
2006: La Congregación para la Doctrina de la Fe, de la que Ratzinger era prefecto, archiva el caso.
2008: Muere Maciel.
2009: Se desvela que Maciel podría ser el padre de seis hijos, en México y España. Álvaro Corcuera, rector de los legionarios, reconoce y condena los delitos del fundador.
2010: El secretario general de la orden pide perdón a las víctimas. Los hijos de Maciel denuncian que también sufrieron abusos y acusan a la Legión de Cristo de bloquear su herencia.

***

«Juan Pablo II quien la visitó en 1986, fue el primer sucesor de San Pedro que entró en una sinagoga.»: Romereports

(Transcrito de Romereports.com)

En pleno centro de Roma, junto al Tíber, está la Gran Sinagoga, en el corazón del barrio judío. Fue construida en el año 1904, aunque obviamente la presencia judía en la Ciudad Eterna se remonta a muchos siglos antes.
Los judíos comenzaron a llegar a Roma en el siglo II antes de Cristo. Aquí se estableció la comunidad judía más antigua de Occidente.
Riccardo Di Segni es su actual rabino jefe. Explica que la comunidad judía se ha desarrollado siempre en torno a este “guetto”.

RICCARDO DI SEGNI
Rabino Jefe de Roma

“Hasta 1870 la zona estaba bajo el dominio papal. No estaban autorizados a vivir en otro lugar de Roma, sólo en este barrio”.
El templo está abierto a todos los visitantes. Desde dentro, pueden ver su espectacular cúpula, con un diseño único en la ciudad. También hay un valioso museo con manuscritos y ornamentos.
La historia de esta sinagoga incluye dos capítulos particulares porque es la única del mundo que ha recibido la visita de dos Papas.
Benedicto XVI estuvo aquí en enero de 2010 como prueba de buenas relaciones entre ambas religiones. Le allanó el camino Juan Pablo II quien la visitó en 1986. Fue el primer sucesor de San Pedro que entró en una sinagoga.

RICCARDO DI SEGNI, Rabino Jefe de Roma

“La primera visita fue una revolución. Y cambió el enfoque de muchos católicos hacia los judíos. Mostró el comienzo de una nueva era de respeto mutuo y amistad”.

Tras la persecución de judíos durante la II Guerra Mundial, la comunidad judía se redujo enormemente. Sin embargo, ahora cuenta con unas 15.000 personas. Muchos de ellos emigraron aquí desde Libia en 1967 tras la Guerra de los Seis Días.
Hoy en día, todavía se reúnen en este precioso templo que fue construido hace un siglo y que ha visto tantos cambios durante su historia.


MAGISTERIO PAPAL Y OTRAS ENSEÑANZAS SOBRE LOS HEBREOS CABALISTAS A TRAVÉS DE LOS SIGLOS

Las bulas y cartas papales están todas en el BullariumRomanum.
Las actas de los Concilios están editadas en: MANSI, J.P. -Sacrorum conciliorum nova et amplissima collectio, 53 vols, Graz. 1960-61
San Gregorio Magno escribió una carta a Recaredo en la que le felicita por no haber aceptado un soborno de 30.000 sueldos de los judíos de Toledo, que pretendían manipular al rey para que ejerciese presión en el Concilio a fin de que no se promulgasen leyes de protección frente al peligro judío.

También proclamó:

“Si nosotros por nuestra fe venimos a ser hijos de Abraham, los judíos, por su perfidia, han dejado de serlo”.
(Sermones dominicales de los Santos Padres, Papa San Gregorio Magno).

Santo Tomás de Aquino (1225-1274), Doctor de la Iglesia por ANTONOMASIA y figura señera de la Tradición Católica, consultado por la duquesa de Brabante sobre si era conveniente que en su provincia los judíos fueran obligados a llevar una señal distintiva para diferenciarse de los cristianos, contesta:
“Fácil es a esto la respuesta, y ella de acuerdo a lo establecido en el Concilio general (Cuarto de Letrán, año 1215, c. 68), que los judíos de ambos sexos en todo territorio de cristianos en todo tiempo deben distinguirse en su vestido de los otros pueblos. Esto les es mandado a ellos en su ley, es a saber, que en los cuatro ángulos de sus mantos haya orlas por las que se distingan de los demás.”

El Doctor Angélico, comprendiendo la necesidad de encadenar a la bestia hebrea para que no siguiera haciendo daño, sostuvo doctrinalmente que:

1- “Los judíos deben portar el signo distintivo según el estatuto del Concilio General [IV de Letrán]…Los judíos no pueden lícitamente retener lo adquirido por usura, estando obligados a restituir a quienes hayan extorsionado… Los judíos por razón de sus culpas están en perpetua servidumbre, los señores pueden por lo tanto, tomarles sus cosas, dejándoles lo indispensable para la vida…” ( Tomás de Aquino, Opera Omnia. EdiciónPasisills, 1880. Tábula 1 a-o, tomo XXXIII, p. 534.)

2-“A los judíos NO se les debería permitir quedarse con lo obtenido por medio de la usura; lo mejor sería que se les obligara a trabajar para ganarse la vida, en vez de no hacer otra cosa que hacerse más avaros.”(“Regimiento de príncipes”)

3- “Pues (los judíos) veían en Él todas las señales que los profetas dijeron que iba a haber [...] pues veían con evidencia las señales de la Divinidad de Él, mas por odio y envidia hacia Cristo, las tergiversaban; y no quisieron confiar en las palabras de Éste, con las cuales se confesaba Hijo de Dios” (cfr. Summa Theologica, 3 p., qu. 47, art. 5).

¿Qué valor debemos otorgarle a estas enseñanzas de Santo Tomás de Aquino?

Dejando al margen que fue proclamado Doctor de la Iglesia por San Pío V y que su obra Summa Theologica fue una de las obras clave oficialmente utilizadas por la Iglesia durante el Concilio de Trento, hay que decir que en la encíclica Aeterni Patris, 1879, el papa Beato León XIII proclamaba que la filosofía de santo Tomás sea labase de la enseñanza en TODAS las escuelas, proclamándole ‘patrón de las universidades y centros de estudio’ en 1880. También se le considera “Padre de todos los escolásticos”.
El Papa San Pío X, en la encíclica Pascendi, proclama solemnemente:

“Es importante notar que, al prescribir que se siga la filosofía escolástica, Nos referimos a la que enseñó Santo Tomás de Aquino: todo lo que Nuestro Predecesor decretó acerca de la misma, queremos que siga en vigor y, por si fuera necesario, lo repetimos y lo confirmamos, y mandamos que se observe estrictamente por todos. “(Pascendi)
El papa Pío XII, en la encíclica Humani generis, 1950, enseña que la filosofía tomista es la guía más segura para la doctrina católica y condena TODA desviación de ella.

Concilio de Elvira (306): Prohíbe a los cristianos comer con judíos.

El Concilio de Agde, celebrado en el año de 506 bajo los auspicios de San Cesáreo, Primado de la Provincia de Arlés, estableció lo siguiente:

Canon XXXIV. “Cómo se han de recibir los judíos que desean convertirse. Los judíos cuya perfidia los vuelve frecuentemente al vómito, si quisieren convertirse a la Ley católica, estarán ocho meses de catecúmenos y si se conoce que vienen con fe pura, pasado este tiempo, sean bautizados…”

Concilio III de Orleans (538): Prohibido a los judíos emplear criados cristianos o tener siervos cristianos. Prohibido a los judíos mostrarse en público en Semana Santa.

Concilio de Clermont (535): Prohibido a los judíos tener un oficio público.

El Concilio de Mâcon (581) adoptó varias resoluciones asignando a los judíos una posición de inferioridad en la sociedad. Se les prohibía ser jueces, recolectores de impuestos, por recelo de que apareciera sujeta a ellos la población cristiana

Concilio Trulano (692): Prohibido patrocinar a doctores judíos. En el Concilio Trulano del año de 692, considerado como un suplemento de los Concilios Ecuménicos V y VI, se dice que la herejía del hebreo Nestorio renovaba la impiedad judía, cuando en su canon I, expresa:

“Reconocemos al mismo tiempo, la doctrina proclamada en Éfeso por los doscientos divinos Padres persiguiendo la inepta división de Nestorio, como segregada de la suerte divina, puesto que declaraba que Jesucristo era hombre separadamente, renovando la impiedad judaica”.

Y después, en su Canon XI, establece la pena de deposición para los clérigos que se relacionen íntimamente con los judíos.

Y no es que la Santa Iglesia se apartara con esto de la caridad cristiana, que ha patrocinado siempre, ya que entre las obras de misericordia existe la nobilísima constumbre de visitar a los enfermos; sino que, conocedores los prelados de este santo Concilio del hecho, universalmente comprobado, de que los hebreos aprovechan siempre hasta las generosas obras de la cristiana caridad para adquirir influencia sobre los cristianos con miras a socavar nuestra Santa Religión, vieron de urgente necesidad prohibir todo aquello que pudiera tender lazos de peligrosa amistad entre cristianos y judíos; misma que pusiera a los primeros en peligro de caer en las garras de esos viejos lobos.

> Concilio de Narbona: Prohibido vivir en casas de judíos.

Concilio de Gerona (1078): Obligatorio para los judíos pagar tasas para mantener la Iglesia.

Concilio III de Letrán (1179, Canon 26): Los judíos no pueden ser testigos ni demandantes en juicios contra cristianos. Prohibido a los judíos retener la herencia de descendientes que han abrazado el Cristianismo.

Concilio IV de Letrán (1215. Canon 68): Este importantísimo concilio contra cátaros y albigenses, donde se definen por primera vez de manera evidente dogmas como Extra Ecclesiam nulla salus, el dogma de la Transubstanciación o la existencia del Infierno, trata específicamente el tema de los judíos, cuerpo místico del Anticristo y testigos perennes del triunfo de Cristo sobre las tinieblas, estableciendo que estos “malditos de Dios” deberán llevar una marca distintiva en sus ropas.

Concilio de Oxford (1222): Prohibición de construir nuevas sinagogas.

Concilio de Viena (1267): Prohibido a los cristianos acudir a ceremonias judías.

Prohibido a los judíos disputar con cristianos del pueblo sobre los dogmas de la religión católica. Los judíos son obligados a usar sombreros con dos puntas llamados pileteum cornutum (medida efectiva psicológicamente para instruir al pueblo en la escritura. Cf. Jn. 8, 44).

Concilio de Breslau (1267): Obligatorios los guetos para los judíos.

Concilio de Mainz (1310): Seguir considerándose judío o tener alguna práctica o apego a lo judío tras convertirse es herejía.

Concilio de Basilea (1434. Sesión XIX): Prohibido a los judíos actuar como agentes en la conclusión de contratos, especialmente matrimoniales.
Prohibido a los judíos obtener títulos académicos.

Quizá los concilios más importantes para la defensa contra los judíos, considerados Malditos de Dios ya en la escritura, sean los Concilios Toledanos, pues siempre se les ha otorgado a estos concilios, dentro de los concilios locales, un particular valor dogmático, pero no se puede dejar de mencionar en importancia el IV Concilio de Letrán, que además fue Concilio General.

El Concilio IV Toledano, por ejemplo, tan autorizado en doctrina eclesiástica, declara la excomunión para quienes apoyen a los judíos. Este Concilio también define a los judíos como “Cuerpo del Anticristo” y como “Ministros del Anticristo”.

La ley XXIII del Canon IX del XII Concilio de Toledo ordena terminantemente: “…y que ninguno (sacerdote) ampare a ningún judío, ni razone con él aunque persevere en su error y en su ley”.

Al aprobar el Concilio Toledano esta ley, en ese mismo canon declaró que era pecado mortal ya no sólo el hecho de ayudar a los judíos, sino el de que el obispo, sacerdote o religioso fuera negligente en el cumplimiento de sus obligaciones en la lucha contra el judaísmo, sancionando ese pecado mortal con la excomunión del obispo culpable.

No hay que olvidar, además, la gran autoridad que la Santa Iglesia ha concedido siempre a los citados Concilios toledanos, en lo que respecta a la definición de la doctrina eclesiástica y en cuanto a las medidas tomadas en contra de los judíos por el Concilio XII; su vigor, como doctrina, de la Santa Iglesia, es mayor en vista de que reunido en el año de 683 un nuevo concilio de Toledo, el número XIII, no sólo confirmó en su Canon IX las leyes aprobadas en el Sínodo anterior, sino que ordenó que tuvieran vigor y solidez eternamente, dándoles con ello el carácter perenne de Doctrina de la Iglesia. Al efecto, el citado Canon IX del Concilio XIII de Toledo, dice:

“De la confirmación del Concilio XII, celebrado en el año primero del gloriosísimo rey Ervigio. Aunque las actas sinodales del Concilio Toledano XII, celebrado el año primero de nuestro príncipe glorioso Ervigio, fueron dispuestas y arregladas por el fallo unánime de nuestro consentimiento en esta ciudad real, sin embargo ahora reproducido este apoyo de nuestra firme decisión, decretamos que semejantes actas como se escribieron u ordenaron, tengan vigor y solidez eternamente”

Veamos algunos ejemplos más de concilios toledanos:

“…Cualquier obispo, presbítero, o seglar, que en adelante les prestare apoyo… bien sea por dádivas bien por favor, se considerará como verdaderamente profano y sacrílego, privándole de la comunión de la Iglesia Católica, y reputándole como extraño al Reino de Dios, pues es digno que se separe del cuerpo de Cristo el que se hace patrono de los enemigos del Señor” (Concilio IV de Toledo, Canon LVIII.)
“…y que ninguno ampare a ningún judío, ni razone con él aunque persevere en su error y en su ley”. (Concilio XII de Toledo, Canon IX, ley XXIII)
“…que no merezcan jamás ser perdonados y que sufran lo que merecen, ya sea pena de muerte o bien otra que sea menor, (pero) sin ninguna palabra falla y sin ninguna piedad de ninguna índole”

(Concilio XII de Toledo, Canon IX, ley XXVII)
“De la confirmación del Concilio XII, celebrado en el año primero del gloriosísimo rey Ervigio. Aunque las actas sinodales del Concilio Toledano XII, celebrado el año primero de nuestro príncipe glorioso Ervigio, fueron dispuestas y arregladas por el fallo unánime de nuestro consentimiento en esta ciudad real, sin embargo ahora reproducido este apoyo de nuestra firme decisión, decretamos que semejantes actas como se escribieron u ordenaron, tengan vigor y solidez eternamente” (CONCILIO XIII DE TOLEDO, Canon IX)

Canon I. “De la perfidia de los judíos.- Aunque en condenación de la perfidia de los judíos, hay infinitas sentencias de los Padres antiguos y brillan además muchas leyes nuevas; sin embargo como según el vaticinio profético relativo a su obstinación, el pecado de Judá está escrito con pluma de hierro y sobre uña de diamante, más duros que una piedra en su ceguera y terquedad. Es, por lo tanto, muy conveniente que el muro de su infidelidad debe ser combatido más estrechamente con las máquinas de la Iglesia Católica, de modo que, o lleguen a corregirse en contra de su voluntad, o sean destruidos de manera que perezcan para siempre por juicio del Señor” (Concilio Toledano XVI)

SI A ALGUNO LE QUEDAN DUDAS SOBRE CUÁL ES LA DOCTRINA CATÓLICA ENSEÑADA POR EL MAGISTERIO DE SIEMPRE SOBRE LOS PÉRFIDOS ASESINOS DEL SEÑOR, PUEDE DELEITARSE LEYENDO UNAS CUANTAS BULAS, COMO LAS SIGUIENTES:

Honorio III:
-Sicut judaeis non debet esse licentia Nov. 7, 1217
-Ad nostram noveritis audientiam 29 de Abril, 1221

Gregorio IX:
-Sufficere debuerat perfidiae judaeorum perfidia 5 de marzo, 1233

Inocencio IV:
-Impia judaeorum perfidia 9 de mayo, 1244

Clemente IV:
-Turbato corde 26 de julio, 1267

Gregorio X:
-Turbato corde 1 de marzo, 1274

Nicolás III:
-Vineam Sorec 4 de Agosto, 1278

Nicolás IV:
-Turbato corde Sept. 5, 1288

Juan XXII:
-Ex Parte Vestra 12 de Agosto, 1317
-Cum sit absurdum 19 de junio, 1320

Urbano V:
-Sicuti judaeis non debet 7 de junio, 1365

Martin V:
-Sedes apostolica 3 de junio, 1425

Eugenio IV:
-Dudum ad nostram audientiam 4 de agosto, 1442

Calixto III:
-Si ad reprimendos 28 de mayo, 1456

Pablo III:
-Cupientes judaeos 21 de marzo, 1542
-Illius, qui pro dominici Feb. 19, 1543

Julio III:
-Pastoris aeterni vices 31 de agosto, 1554

Pablo IV:
-Cum nimis absurdum
Dudum postquam 23 de marzo, 1556

Pío IV:
-Cum inter ceteras 26 de enero, 1562
-Dudum e felicis recordationis Feb. 27, 1562

San Pío V:
-Romanus Pontifex 19 de abril, 1566
-Sacrosanctae catholicae ecclesiae Nov. 29, 1566
-Cum nos nuper 19 de enero, 1567
-Hebraeorum gens Feb. 26, 1569

Gregorio XIII:
-Vices Ejus nos 1 Sept, 1577
-Antiqua judaeorum improbitas 1 de julio, 1581
-Sancta Mater Ecclesiae 1 de sepiembre, 1584

Sixto V:
-Christiana pietas Oct. 22, 1586

Clemente VIII:
-Cum saepe accidere Feb. 28, 1592
-Caeca et obdurata Feb. 25, 1593
-Cum Haebraeorum malitia Feb. 28, 1593

Pablo V:
-Apostolicae servitutis 31 de julio, 1610
-Exponi nobis nuper fecistis 7 de agosto, 1610

Urbano VIII:
-Sedes apostolica 22 de abril, 1625
-Injuncti nobis 20 de Agosto, 1626
-Cum sicut acceptimus Oct. 18, 1635
-Cum allias piae 17 de marzo, 1636

Alejandro VII:
-Verbi aeterni 1 de diciembre, 1657
-Ad ea per quae Nov. 15, 1658
-Ad apostolicae dignitatis 23 de mayo, 1662
-Illius, qui illuminat 6 de Marzo, 1663

Alejandro VIII:
-Animarum saluti 30 de marzo, 1690

Inocencio XII:
-Ad radicitus submovendum 31 de agosto, 1692

Clemente XI:
-Propagandae per universum 11 de marzo, 1704
-Essendoci stato rappresentato 21 de enero, 1705
-Salvatoris nostri vices 2 de enero, 1712

Inocencio XIII:
-Ex injuncto nobis 18 de enero, 1724

Benedicto XIII:
-Nuper, pro parte dilectorum 8 de enero, 1726
-Emanavit nuper 14 de febrero, 1727
-Alias emanarunt 21 de marzo, 1729

Benedicto XIV:
-Postremomens Feb. 28, 1747
-Apostolici Ministerii munus 16 sept, 1747
-Singulari Nobis consoldtioni Feb. 9, 1749
-Elapso proxime Anno 20 feb, 1751
-A quo primum, 14 de junio, 1751
-Probe te meminisse 15 de diciembre, 1751
-Beatus Andreas Feb. 22, 1755

Dejando al margen un concilio tan importante el Concilio de Jerusalem, que fue el primer concilio que hubo y en él se condena a la primera de todas las herejías: los llamados judaizantes o ‘judeocristianos’, y dejando al margen otros concilios como el de Florencia, donde se define que no se puede salvar quien adopte cosas judías como honrar el sábado o circuncidarse, hemos citado una lista de unos cuantos papas con sus respectivos documentos contra los judíos y algunos ejemplos de concilios contra los judíos y sus simpatizantes o protectores. Veamos ahora algunos ejemplos concretos que afiancen lo dicho (aunque debería estar ya suficientemente claro). Algunos de los documentos que voy a citar ni siquiera aparecen en las bulas citadas, sino que se trata de otros documentos que inciden en lo mismo contra los pérfidos judíos, lo cual demuestra que el tema es de extrema importancia para cualquier católico:
El gran papa Alejandro III, en su decretal “Ad haec”, prohiberelaciones entre judíos y cristianos. Por ejemplo dice textualmente:
“Nuestros modos de vida y los de los judíos son extremadamente diferentes, y los judíos pervertirán fácilmente las almas de las gentes sencillas a su superstición e incredulidad si tales gentes están viviendo en continua e íntima conversación con ellos”.
El papa Inocencio II, en el fragor de la terrible lucha, escribía al emperador Lotario diciéndole:
“La Iglesia, con divina inspiración, te ha escogido y elegido a ti en calidad de legislador como a un segundo Justiniano, y como a un segundo Constantino para combatir la herética impiedad de los judíos”.
El ilustre papa Inocencio III, en su decretal Etsi Iudaeos(1198-1216.), dice cosas tan ciertas como la siguiente:
“Cuando (los judíos) son admitidos así por piedad en relaciones familiares con los cristianos, ellos compensan a sus benefactores, como dice el proverbio, como la rata escondida en el saco, o la serpiente en el pecho, o el tizón ardiente en el regazo de uno“.

Inocencio IV, en su importantísima Bula “Impia Judaeorum Perfidia”, decía textualmente lo siguiente:
“La impía perfidia de los judíos, de cuyos corazones por la inmensidad de sus crímenes, nuestro Redentor no arrancó el velo, sino que los dejó permanecer todavía en ceguedad cual conviene, no parando mientes en que por sola misericordia, la compasión cristiana los recibe y tolera pacientemente su convivencia; cometen tales enormidades que causan estupor a quienes las oyen, y horror a quienes son relatadas”.

Considerando dicho Papa que el Talmud y otros libros clandestinos de los hebreos, los incitaban a cometer toda clase de maldades, ordena en la misma Bula que sean quemados públicamente, “Para confusión de la perfidia de los judíos”

Gregorio IX en el siglo XIII, en la lucha que entabló el judaísmo en defensa de la Cristiandad, promulgó el 5 de marzo de 1233 su famosa Bula “Sufficere debuerat”.

Enrique II fue denunciado ante Gregorio XI como si fuese un judío, el resultado de esta denuncia fue la bula del 28 de Octubre de 1375 que censuraba la protección por él dispensada a los hebreos, le ordenaba poner en marcha las leyes de segregación y le recomendaba prestar su apoyo al converso Juan de Valladolid, activo perseguidor de sus hermanos de raza.

Gregorio XIII en su bula del 1 de julio de 1581 dice:

“La impía perversidad de los judíos, con la que siempre hicieron frente a la Divina Bondad, tanto o más execrable prevalece en sus descendientes”

Nicolás IV fulminó contra los judíos su famosísima Bula “Turbato Corde“, en que, siguiendo a sus predecesores, enardecía a los inquisidores, clérigos y autoridades seglares, que procedieran contra ellos con ahínco y también contra los que los defendieran, los favorecieran o protegieran. Esta bula fue una de las bases más firmes de la Santa Iglesia medieval en su lucha contra la quinta columna judías introducida en la Cristiandad.
Nicolás V: Confirma los documentos magisteriales anteriores sobre la necesidad de controlar a los judíos de diversas formas, como el guetto y un distintivo especial en la ropa.

San Juan Capistrano Hebraeonomastix (azote de los judíos), fue empleado como embajador en muchas y muy delicadas misiones diplomáticas y con muy buenos resultados. Fue quien salvó la Cristiandad de la invasión de los turcos . Tres veces le ofrecieron los Sumos Pontífices nombrarlo obispo de importantes ciudades, pero prefirió seguir siendo humilde predicador, pobre y sin títulos honoríficos.Tales pontífices fueron Martín V [Chieti], EugenioIV[Aquila], Nicolás V y Calixto III le confiaron misiones delicadas: como la detracción de los Fraticelli, la lucha en Moravia contra la herejía hussita (obra del judío Jean Huss), las negociaciones para la incorporación de los griegos a la Iglesia Romana, la vigilancia de los judíos, la contención del cisma de Basilea, etc.etc ..

Martín V, que ascendió al trono pontifical influenciado por las intrigas de los judíos, al hacerse éstos aparecer como víctimas de los cristianos [ya que la actitud de los judíos ha sido siempre 'ir de víctimas'], empezó observando una política de tolerancia desastrosa para la Cristiandad, por lo que pronto dicho Sumo Pontífice se vio obligado a rectificar.
Su famosa Bula “Sedes Apostólica” nos da una idea de la forma en que los judíos correspondieron a la protección que durante algún tiempo les dispensó dicho Papa. La referida bula, después de mencionar su equivocada política benévola hacia los israelitas, dice:
“Sin embargo, vino hace poco a nuestro conocimiento por relatos dignos de fe, no sin grave turbación de nuestro ánimo, que algunos judíos de ambos sexos que moran en Cafasse y Cannas y en otras ciudades de regiones de ultramar y en tierras y lugares sujetos a la jurisdicción de los cristianos, no satisfechos con su obstinación y para encubrimiento del fraude y la malicia, no llevan ninguna señal especial en su vestido, por lo cual se les pueda conocer como judíos. Y no temiendo aparentar ser cristianos, ante muchísimos cristianos de ambos sexos de las ciudades, territorios y lugares mencionados, que por lo mismo no los pueden identificar, cometen en consecuencia diversas cosas nefandas y crímenes: entre otros, cuya sola enumeración es horrenda, los crímenes de los Zachi, los Rossi, los Alani, Mingrelli y Anogusi, que bautizados según el rito griego y bajo profesión del nombre cristiano compran las personas de ambos sexos, que pueden, y después de compradas a su vez las venden despiadadamente a los sarracenos y otros infieles, enemigos ferocísimos y eternos del nombre cristiano, por un precio aún diez veces mayor que el precio de compra; convirtiéndolas con toda exactitud en mercancías, llevan a dichas personas a los territorios sarracenos o infieles”(Papa Martín V, Sedes Apostólica, año 1425)

Sixto IV en 1478 su bula Facit nos pietas aprobó el juicio sobre San Simón de Trento, víctima de uno de los numerosos asesinatos rituales realizados por los judíos.

Pablo III se refiere claramente a la perfidia hebraica en su Bula “Illis Vices” del 12 de octubre de 1535. Fue quien firmó (confirmándolo más tarde Benedicto XIII) los “Estatutos para la Limpieza de Sangre”.

Su Santidad el Papa Paulo IV, en su célebre Bula “Cum Nimis Absurdum” del 12 de julio de 1555, dice:
“Siendo demasiado absurdo e inconveniente que los judíos, a quienes su propia culpa sujeta a perpetua esclavitud, so pretexto de que la piedad de los cristianos, aguanta y tolera su convivencia, pagan a los cristianos con enorme ingratitud, ya que a las gracias recibidas, devuelven afrentas y procuran trocar en dominación, la servidumbre que les deben”.

Pasa luego a ordenar la santa bula que los judíos deben llevar el distintivo ordenado y deben habitar en aljamas (guettos).

San Pío V, ese santísimo papa a quien debemos que la Santa Misa fuera codificada PARA SIEMPRE, que tanto amó el Santísimo Rosario, en el primer año de su pontificado, alarmado por la acción subversiva de los hebreos, manifestó de forma enérgica su convicción de que era preciso obligar a los judíos a llevar una señal visible que les distinguiera de los cristianos, para que éstos pudieran cuidarse de sus ponzoñosas prédicas.

Al efecto, en Bula de fecha 19 de abril de 1566, confirmaba lo ordenado por bulas de Papas anteriores y por los santos concilios, mandando que todos los judíos debían llevar identificación, los varones un birrete y las mujeres una simple señal.

Además, como los judíos de los Estados Pontificios, por medio de fraudes y usuras, se estuvieran adueñando de la propiedad raíz, este Papa canonizado y santo, se vio obligado a promulgar la bula “Cum nos nuper” el 19 de enero del año 1567, segundo de su pontificado, confirmando las de Papas anteriores, al prohibir a los israelitas adquirir bienes raíces, obligándolos a venderlos en un plazo perentorio, so pena de que al desobedecer a este respecto una vez más las bulas papales, se les confiscaran dichos bienes raíces.

Este gran papa, entre otros muchos documentos de gran valía y virtud, el 26 de febrero de 1569 promulgó la fulminante Bula “Hebraorum Gens“, expulsando a los judíos de los Estados Pontificios.

“El pueblo judío […] llegado el tiempo de la plenitud, ingrato y pérfido, condenó indignamente a su Redentor a ser muerto con muerte ignominiosa […] omitiendo las numerosas modalidades de usura con las que por todas partes, los hebreos consumieron los haberes de los cristianos necesitados, juzgamos como muy evidente ser ellos encubridores y aun cómplices de ladrones y asaltantes que tratan de traspasar a otro las cosas robadas y malversadas u ocultarlas hasta el presente, no sólo las de uso profano, mas también las del culto divino. Y muchos con el pretexto de tratar asuntos propios de su oficio, ambicionando las casas de mujeres honestas, las pierden con muy vergonzosos halagos; y lo que es más pernicioso de todo, dados a sortilegios y encantamientos mágicos, supersticiones y maleficios, inducen a muchos incautos y enfermos a los engaños de Satanás, jactándose de predecir el futuro, tesoros y cosas escondidas… Por último tenemos bien conocida e indagada la forma tan indigna en que esta execrable raza, usa el nombre de Cristo, y a qué grado sea dañosa a quienes, habrán de ser juzgados con dicho nombre y cuya vida pues está amenazada con los engaños de ellos.”

Veamos lo que dice en una encíclica Su Santidad BENEDICTO XIV:
“Los judíos se ocupan de asuntos comerciales, amasan enormes sumas de dinero de estas actividades, y proceden sistemáticamente a despojar a los cristianos de sus bienes y posesiones por medio de sus exacciones usurarias. Aunque al mismo tiempo ellos piden prestadas sumas de los cristianos a un nivel de interés inmoderadamente alto, para el pago de las cuales sus sinagogas sirven de garantía, no obstante sus razones para actuar así son fácilmente visibles. Primero de todo, obtienen dinero de los cristianos que usan en el comercio, haciendo así suficiente provecho para pagar el interés convenido, y al mismo tiempo incrementan su propio poder. En segundo lugar, ganan tantos protectores de sus sinagogas y de sus personas como acreedores tienen.” (Carta encíclica a Quo Primum, 1751)


DIARIO PAMPERO Cordubensis
INSTITUTO EREMITA URBANUS
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