domingo, 26 de agosto de 2012

El obispo judío que bloquea a la "santa"




Javierre, cura «progre» de toda la vida, hermano de cardenal en el Vaticano, acusa al prelado de París de impedir la merecida beatificación, dice, de Isabel la Católica

Editó: Lic. Gabriel Pautasso

Por José Manuel Vidal

Por qué no se atreve el Vaticano a beatificar a la Reina Isabel? «Por las presiones del lobby judío y, en concreto, del cardenal Jean-Marie Lustiger, arzobispo de París». Lo dice José María Javierre, sacerdote, hermano de cardenal, periodista y escritor. Y lo proclama después de haber investigado documentos a los que sólo tienen acceso algunos privilegiados como él y haber escrito un tocho de 862 páginas. Y lo cuenta después de haberse «convertido» en un convencido defensor de «esta santa de altar».


Y eso que se acercó al personaje con recelo. José María Javierre fue siempre, y sigue siendo, un cura progre, sin pelos en la lengua, libre para cantarle las cuarenta a obispos y cardenales más preocupados por hacer carrera que por el bien de las almas.

A los 77 años y delicado de salud, Javierre aceptó quizás uno de los mayores retos de su vida: bucear en la historia de un personaje tan controvertido como la Reina Isabel. Le llevó más de tres años. Y a los 80, sin nada ya que perder o que ganar si no es la fidelidad a su conciencia, escribió Isabel la Católica. El enigma de una Reina, publicado recientemente por Ediciones Sígueme y en el que rompe una lanza a favor de su santidad. Y para convencerse tuvo que prescindir primero de sus propios prejuicios de cura progre.

SIMBOLO DE LA DERECHONA


Isabel de Castilla es el santo y seña de la derecha civil y eclesiástica. Su proceso fue promovido, en 1958, por el entonces arzobispo de Valladolid, García Goldáraz, con el apoyo decidido de Franco, a través del entonces ministro Ibáñez Martín. Después de la Guerra Civil, se la convirtió en «estandarte de las glorias de España». En la transición pasó a ser una «figura maldita, símbolo de la derechona fascista». Además, los judíos la comparan poco menos que con Hitler y los progresistas de la Iglesia, como los teólogos de la Liberación, la acusan de promover la Inquisición, arrasar la cultura indígena e imponer a sangre y fuego el catolicismo en Latinoamérica.

Deudor, al menos en parte, de estos viejos demonios de la progresía, el descubrimiento de la auténtica Isabel fue para Javierre «una enorme sorpresa». Pero se imponen las pruebas y los datos y, al final, proclama: «Ella fue como fue, ni roja ni azul ni blanca.Los documentos guardan la verdad de su existencia».

El 12 de noviembre de 1972, la Congregación para la Causa de los Santos recibió el proceso ordinario diocesano, pero lo dejó enfriar casi 20 años. Para descongelarlo, en el verano de 1990, se hizo un resumen de todo el material y con él se imprimió un libro de 1.074 páginas en la imprenta Sever-Cuesta de Valladolid.De este libro secreto (sub iudice) se realizó una tirada de 100 ejemplares, destruyéndose las planchas a continuación. Cincuenta ejemplares se enviaron a los cardenales y otros 49 permanecen clausurados en el Vaticano. Sólo un ejemplar se encuentra bajo llave en la archidiócesis vallisoletana. Es un voluminoso libro rojo, del tamaño de un misal antiguo, al que Javierre tuvo acceso.Con él y con otros muchos documentos escribió su libro. «Me exigí realizar una biografía serena, tal cual derivara de los documentos.Sin trampas ni disimulos. Sin polémica contra nadie, ni a favor ni enemiga de la reina Isabel».

La visión «negra» de la Reina se apoya en toda una serie de «pecados».Todos falsos, según Javierre. Por ejemplo, la acusan de haber llegado al trono tras haber envenenado a su hermano Alfonso con una trucha, a Pedro de Calatrava, un caballero anciano que la pretendía, para no tener que casarse con él, y a su hermanastro el rey Enrique IV.

Dicen que le robó el reino a su sobrina Juana la Beltraneja; que su matrimonio con Fernando de Aragón fue nulo; que sembró el terror mediante los procesos y las hogueras de la Inquisición; que expulsó a los judíos y a los moriscos; que consintió la masacre de guanches en Canarias y de indios en América. Basándose en todos estos cargos, el corregidor de Medina, García Sarmiento, proclamó: «La reina está en el infierno».

Fue, sin embargo, una mujer profundamente cristiana. «Su devoción a la Iglesia fue total», sentencia Javierre, que recuerda que ella consiguió del Papa el derecho de presentación de obispos, «porque quiso reformar el episcopado disoluto de la época». La oración era, para ella, «el diezmo del día». Isabel reza y da trigo: entrega unos 300 millones de euros actuales a los pobres.Y se consume por el celo divino. Por ese celo manda a Colón a descubrir el Nuevo Mundo y convierte la guerra de Granada en una «cruzada o causa de Dios».

Despojada de la leyenda negra, a la Reina sólo se le pueden hacer, según Javierre, dos reproches con cierto fundamento: la expulsión de los judíos y la Inquisición. La expulsión hay que leerla desde los criterios de la época. «Los expulsó para cohesionar el reino, no por racismo. Su confesor o sus administradores eran judíos», dice Javierre.

DOS MILAGROS

La única «sombra» que dice albergar sobre Isabel la Católica es la referida a la Inquisición. A su juicio, «una mujer que, como ella creía en el Evangelio, no debió quemar a nadie, aunque fuera un instrumento de la época y la cifra de condenados no represente ni una quinta parte de la que se dio en otros países europeos». Aun con esta sombra, Javierre la «canoniza» y la convierte en «santa de altar».

Para conseguirlo, tiene virtudes en grado heroico y ha obrado al menos dos milagros: la curación de un cáncer de páncreas en cuarta fase de un norteamericano y la sanación de un sacerdote español, tras haber sufrido una hemorragia cerebral. Y hasta tiene dinero para su causa. Porque mantener «vivo» su proceso cuesta millones de euros, sufragados por el empresario mexicano de origen leonés Pablo Díaz, que murió sin ver cumplida la «mayor ilusión de su vida». Pero sus herederos siguen aportando todo el dinero que la causa necesite.

Milagros, dinero y una vida ejemplar. ¿Por qué el Vaticano no la canoniza, entonces? «Por la oposición frontal del lobby judío y, en concreto, del cardenal Lustiger, el arzobispo de París de origen judío, íntimo amigo del Papa», cuenta Javierre. Él y la comunidad judía consiguieron congelar la causa de la Reina Isabel durante más de 30 años. Pero aún así, Javierre cree que «habrá novedades los próximos años». Y lo dice desde la fe del converso. «En mi juventud también a mí me llenaron la sesera con acusaciones contra la Reina Isabel, porque fue franquista, beata, maloliente, tirana, de todo me dijeron; y había que creérselo si querías ser progre, estar al día, y naturalmente me lo creí. Ahora de viejo, he gastado tres años en echarme los documentos a la cara, y soy un converso. Un converso de doña Isabel».

LAS CLAVES

Aniversario. El próximo 26 de noviembre se cumple el 500 aniversario de la muerte de Isabel la Católica en la ciudad de Medina del Campo (Valladolid). La efeméride puede servir para reavivar la causa de su beatificación, «dejada dormir» en el Vaticano desde 1972.

Un cura «progre». Sacerdote, hermano de cardenal, periodista y escritor, de 80 años, José María Javierre ha publicado decenas de libros. Ha dirigido periódicos y programas de televisión y ha fundado revistas como «Vida Nueva», «Incunable» o «Remanso».

Caridad. Fue profundamente devota y dio el equivalente a 300 millones de euros a los pobres. Se le atribuyen dos milagros: la curación de un cáncer de páncreas a un norteamericano y la sanación de un sacerdote español tras una hemorragia cerebral.

Las hogueras. Se le acusa de matar a tres personas antes de llegar al trono y otros «pecados», todos falsos según Javierre. Sí se le puede reprochar la expulsión de los judíos y los excesos de la Inquisición (eso sí, con cinco veces menos condenados que en Italia).

Empresario leonés. Mantener «vivo» el proceso de beatificación cuesta millones de euros aportados por un empresario leonés que se instaló en México, Pablo Díaz. Desde su muerte, sus herederos siguen donando todo el dinero necesario para la causa.

Más de 800 páginas. «Isabel la Católica, el enigma de una reina», por José María Javierre. Editorial Sígueme, 2004. 864 páginas, y casi 100 ilustraciones. Javierre, que analiza la biografía de esta singular mujer, asegura que descubrir el legado de la reina castellana fue «una enorme sorpresa».