miércoles, 10 de octubre de 2012

Isabel I "La Católica" (1272 – 1305)


Isabel nace el 22 de abril de 1451 en el pueblo abulense de Madrigal de las Altas Torres.   Será la tercera hija del rey Juan II de Castilla, casado en segundas nupcias con doña Isabel de Portugal, la madre de la futura Reina Católica.

Editó: Lic. Gabriel Pautasso

Su infancia transcurrió en Arévalo, donde se trasladó su madre al poco tiempo de enviudar. La estancia en Arévalo no fue muy agradable ya que la madre pronto empieza a dar muestras de locura. Poco sabemos de su instrucción, suponiendo que en estos años aprendería a leer y escribir.  

En 1464 el rey Enrique IV, su hermanastro, la lleva a su corte, dotándola de rentas, mercedes y una villa en Casarrubios del Monte.
Las relaciones entre los hermanos son bastante estrechas y don Enrique da muestras de cariño hacia la joven infanta al igual que a su otro hermano, don Alfonso.
La situación en la corte de Enrique no es muy gratificante ya que los nobles desean restar aún más poder al legítimo monarca, produciéndose un soterrado enfrentamiento entre los partidarios de una monarquía fuerte y los que optan por un monarca manejable del que puedan conseguir todo tipo de gracias y mercedes. En este ambiente se produce un hecho significativo conocido como "Farsa de Avila".  

Espada Isabel "La Católica"

En el que en una grotesca ceremonia los nobles deponen a Enrique IV y nombran rey de Castilla al príncipe Alfonso, alegando que la heredera Juana es ilegítima al ser fruto de los amores de la reina y el valido, Beltrán de la Cueva, de donde viene el nombre de Beltraneja con el que la infanta es conocida posteriormente.
Isabel estuvo al margen de todas estas maniobras pero pronto entró en escena.
La muerte del príncipe Alfonso en 1468 provocó que sus partidarios elijieran a la joven infanta como nueva candidata a arrebatar la corona a Enrique. El objetivo nobiliario será contar con una persona manejable con la que realizar sus intereses personales. En este contexto se firma el Pacto de los Toros de Guisando (1468) en el que Enrique reconoce a su hermana Isabel como princesa de Asturias, confirmando la ilegitimidad de su hija Juana.
Resulta curioso como Isabel, cuyas posibilidades de reinar en Castilla eran muy escasas al nacer, se había convertido en la sucesora al trono. Como princesa de Asturias Isabel "La Católica" debe elegir un buen marido para casarse. Los candidatos a este matrimonio político fueron varios: Alfonso V de Portugal; don Pedro Girón, maestre de Calatrava, y Fernando de Aragón, heredero de la corona vecina. La elección se consumó en Ocaña, donde Isabel "La Católica" eligió a Fernando de Aragón.  


El matrimonio se celebró en Valladolid el 19 de octubre de 1469, presentando el arzobispo Carrillo una bula papal falsa ya que ambos contrayentes eran primos segundos, teniendo como antepasado común a Juan I de Castilla.
Pero este matrimonio significará el enfrentamiento entre los dos hermanos ya que Enrique reacciona rápidamente y declara ilegal el nombramiento de Isabel como princesa de Asturias, reconociendo a Juana como su heredera legítima (Valdelozoya, 1470)
La guerra civil está servida aunque aún queden algunos años para estallar. En un primer momento, Isabel y Fernando apenas cuentan con aliados, retirándose a Medina de Rioseco, pero paulatinamente va creciendo el número de sus partidarios: el País Vasco, Borgoña, Roma y especialmente la poderosa familia Mendoza. La posición de Isabel es cada vez más fuerte y parece que el propio Enrique se aviene a negociar. Pero en estos momentos el monarca fallece en Madrid, en la noche del 11 al 12 de diciembre de 1474, sin hacer testamento.
Tomando como base el tratado de los Toros de Guisando Isabel se proclama reina de Castilla en Segovia, el 13 de diciembre.
Es una política de hechos consumados que provocará la guerra entre Isabel y sus partidarios -que apoyan una monarquía estable y consolidada- frente a Juana y sus aliados -curiosamente los que anteriormente la consideraban ilegítima, pretendiendo consolidar sus derechos feudales y relegar la monarquía a un plano meramente formal-
En enero de 1475 se firma la Concordia de Segovia entre Isabel y Fernando donde se produce un reparto de competencias entre ambos monarcas. Isabel es "reina y propietaria de Castilla" y su esposo recibe el título de rey. Desde ese momento los esposos formarán un bloque imposible de dividir y con esa firmeza pueden hacer frente al estallido de la guerra.  


La guerra civil se produce entre 1475 y 1479, convirtiéndose en guerra internacional al participar Portugal y Francia apoyando a Juana mientras que Aragón rinde su apoyo a Isabel. La derrota portuguesa en las cercanías de Toro (1 de marzo de 1476) y las dificultades francesas para invadir tierras guipuzcoanas gracias a la labor de la marina vasca inclinan la balanza a favor del bando isabelino.
Durante tres años se irán sofocando los focos de resistencia en tierras extremeñas y andaluzas, lo que indica que la causa isabelina no estaba tan arraigada. Los Tratados de Alcaçovas (septiembre de 1479) ponen fin a la contienda y desde ese momento Isabel está firmemente asentada en el trono. Ese mismo año de 1479 muere Juan II de Aragón por lo que Fernando se convierte en rey aragonés, poniéndose en marcha la unión dinástica de Castilla y Aragón.
Los cimientos del Estado moderno se están colocando en la Península Ibérica. Para robustecer el poder real se tomaron una serie de medidas de gran calado, la mayor parte de ellas en el seno de las Cortes: la constitución de la Santa Hermandad con fines de índole policial y judicial (Madrigal de las Altas Torres, 1476); la reorganización del Consejo Real, la ampliación de las competencias de los corregidores (Toledo, 1480); regulación de la Hacienda Real; revisión de las mercedes otorgadas a los nobles por Enrique IV; incorporación de los maestrazgos de las Ordenes Militares a la Corona al nombrar Gran Maestre a Fernando; establecimiento en Valladolid de la Real Chancillería, creando una segunda Chancillería en Granada (1505); constitución de un ejército permanente que tiene como núcleo las Guardias Reales, las milicias urbanas y la Santa Hermandad.
En materia religiosa se produce la expulsión de los judíos (1492); la reforma de las órdenes religiosas, labor realizada por el cardenal Cisneros; y la creación de la Inquisición en Castilla (1478) gracias a la bula "Exigit sinceras devotionis affectus" promulgada por Sixto IV por la que se otorga a los reyes el poder de nombrar dos o tres obispos para desempeñar el oficio de inquisidores, produciéndose las primeras condenas en Sevilla durante el año 1481.  

La santa inquisición

En 1492 se producen tres hechos de gran importancia para España: la conquista de Granada, la conquista de las Canarias y el descubrimiento de América gracias a Cristóbal Colón.
Los tres episodios se pueden relacionar con la política exterior desarrollada por Isabel y Fernando, encaminada a extender los dominios ibéricos para afianzar la corona como una potencia internacional, enfrentándose a Francia. Bien es cierto que la línea trazada por Fernando tenía como objetivo la expansión hacia el Mediterráneo -Italia y Sicilia- pero con estas nuevas aportaciones Castilla se abría al Atlántico. Gracias a las bulas "Inter Caetera" (mayo de 1493) el papa Alejandro VI concedió la soberanía de las tierras descubiertas.  Será este mismo pontífice quien otorgue a Isabel y Fernando el título de Reyes Católicos en 1494 que también disfrutarán todos sus herederos.  

Espada Reyes Católicos

Dentro de la política exterior conviene destacar la política de enlaces diseñada por los reyes para sus hijos. Todos los matrimonios están encaminados a aislar a Francia: Isabel casaría con el príncipe portugués don Alfonso y al enviudar, con su heredero, don Manuel el Afortunado; Juan casará con Margarita de Austria, hija del emperador Maximiliano I y María de Borgoña; Juana contraerá matrimonio con Felipe de Austria, también hijo del emperador; María se casará con su cuñado, el viudo don Manuel de Portugal; Catalina será la primera esposa de Enrique VIII de Inglaterra. 
Portugal, el Imperio e Inglaterra, rodeando con sus vástagos al reino francés. El diseño de Fernando no podía ser más perfecto. La muerte del príncipe Juan en 1497 provocará a doña Isabel una depresión, quizá por motivos sucesorios.
El fallecimiento de Isabel (1498) y su hijo Miguel (1500) el testamento deja como heredera y propietaria de la Corona de Castilla a su hija Juana.  

Retrato de Juana "La loca"

El cadáver de doña Isabel fue llevado a Granada donde será enterrado, pudiéndose apreciar hoy en día un precioso mausoleo, realizado por Domenico Fancelli, en la Capilla Real granadina, acompañada de su esposo Fernando.   

Sepulcro de los reyes católicos en la catedral de Granada

EPITAFIO:
“Mahometice secte prostratore 
Et heretice pervicacie extinctores
Fernandos Aragonum et Helisabetha castelle
Vir et uxor unanimes
Catholici apellati
Marmoreo claudumtur hoc tumulo”.
“Vencida la secta mahometana
Extinguida la obstinación herética
Fernando de Aragón e Isabel de Castilla
Varón y esposa
Llamados católicos
Terminan esta tumba de mármol”.
(traducción a la cordobesa, es traición al Latín,  de Diario Pampero, mayo de 2006).

* + LOS REYES CATÓLICOS: EL MOMENTO HISTORICO

por Leopoldo Torres Balvas.+

*“Mis arreos son las armas,
“mi descanso es pelear;
“mi cama, las duras peñas;
“mi dormir, siempre velar”. Viejo romance. *

Con la palabra HISPANIDAD se designa a todos los pueblos que recibieron la luz de la civilización de ESPAÑA y PORTUGAL. La HISPANIDAD es superior a la Geografía, puesto que abarca a hombres y mujeres que no están unidos por vínculos geográficos, y a la raza, al abrazar a personas de distinto color; la HISPANIDAD es el alma y comunidad de pueblos con idéntico espíritu, que persiste a través de la Historia, a pesar de estar políticamente divididos, conservando un sentimiento de unidad, de solidaridad y de lenguaje.
Cuando ESPAÑA fue una, en lo religioso y en lo político, hizo IMPERIO, no sólo en el sentido territorial, sino también en el moral de la unidad de destino del género humano. Los españoles fueron a América llevados por una religión que enseña la igualdad esencial de todos los hombres y, convencidos de esta verdad, todos sus esfuerzos se dirigieron a elevar el nivel cultural de los indios y a cristianizarlos como hermanos en CRISTO, característica la más típica de la civilización de la HISPANIDAD.

Aneja del palacio, los palacios, como decían, era una torre del recinto, la de la Reina refinada, tienen que poner a contribución y sin sentimentalismo toda su sagacidad y toda su astucia para defenderse de las convulsiones internas, últimos estertores del feudalismo, para imponer el principio de autoridad y hasta para sobrevivir, ya que aquella península es el centro de las ambiciones expansivas de Francia, de España y del Imperio. De aquí la actividad diplomática, las combinaciones, las ligas y contraligas. Roma era la ciudad a donde llegaban las noticias y se trataban los más graves asuntos de la Cristiandad, el lugar donde en contacto los mejores diplomáticos de Europa, escuela de ingenios, foco de intrigas y de engaños.
SAAVEDRA FAJARDO advierte que ninguna cosa es mejor y más provechosa a los mortales que la prudente difidencia. “Custodia y guardia es de la hacienda y de la vida. La conservación propia nos obliga al recelo. Donde no le hay, no hay prevención, y sin ésta todo está expuesto al peligro”. Don FERNANDO “conocía el mal trato y poca fe de aquellos tiempos y con sagacidad se defendía, obrando de suerte que sus émulos y enemigos quedasen enredados en sus mismas artes”. (1)
Pero las mismas reservas contenidas en los juicios de MAQUIAVELO y GUICCIARDINI en elogio de la perfección del pensamiento político del monarca aragonés, puesto tiene la habilidad y el mérito de lograr la identificación y la coincidencia de sus empresas y de su provecho con el aumento de la fe cristiana y con la defensa de la Iglesia. Y es que sin dejar de ser profundamente española, la visión, la visión occidental, católica y europea de Don FERNANDO no tiene semejanza en ninguno de los gobernantes contemporáneos. Nos hallamos en los albores del mundo moderno, pero perduran los resabios de la baja Edad Media. A una visión política reducida, de cortos horizontes, feudal, sucede otra más amplia, pero circunscrita a los límites del Estado nacional todavía en formación. La profundidad y la eficacia del pensamiento político de Don FERNANDO, que tampoco se pierde en la grandiosa quimera del universalismo teórico medieval, sino que es radicalmente realista y de una gran modernidad, se encuentra justamente en la superación de este nacionalismo angosto y recortado, y en la integración de una Europa católica y políticamente armónica que se enfrente con el gravísimo peligro que una vez más la amenaza por Oriente.

No se ha subrayado de modo suficiente la catástrofe que para el mundo de Occidente suponía la expansión turca. Jamás, desde la expansión islámica del siglo VIII, se había encontrado Europa tan gravemente amenazada. Al cabo de mil años de existencia había desaparecido el Imperio bizantino, que durante toda la Edad Media mantuvo a raya al mahometismo y defendió a Europa de invasiones y peligros. Con él se extinguía un vivero de helenismo y un foco de cultura de trascendental importancia en algunos momentos del Medioevo. En su lugar se había establecido un pueblo bárbaro, que llevaba a todas partes la devastación y la ruina; un pueblo infecundo, que como decía LEOPOLDO RANKE, caminó por entre los restos de una existencia noble sin advertirlos ni atenderlos. “Hay un refrán que dice que la hierba no crece donde ha pisado un caballo osmanlí, y la devastación de los hermosos países del mundo parece probarlo suficientemente”.
En pocos años dominaron toda la península balcánica y se asomaron al Adriático y al Jónico, dando vista a Italia. Fueron inútiles o de eficacia insignificante todas las tentativas de Cruzada y todos los intentos de los Papas para unir a los Estados cristianos, eternamente disociados. Ni siquiera la conquista de Otranto, realizada en 1480, logró la ansiada unión, a pesar de la ferocidad de los turcos, que asesinaron más de 12.000 cristianos, se llevaron millares de cautivos para convertirlos en esclavos o en galeotes y aserraron al arzobispo por la mitad.
Solamente España, como advierte con gran acierto J. M. DOUSSINAGUE, tuvo la sensación auténtica del peligro del peligro que suponía aquel avance para el mundo cristiano, y así se desprende no solamente de las crónicas, sino de la documentación.
Tampoco puede sorprendernos que ESPAÑA, AFECTADO POR UNA LUCHA MULTISECULAR Y LLENO TODAVÍA DE INFIELES, tuviera una mayor sentido de la previsión para apreciar el peligro turco.
HERNANDO DEL PULGA nos dice que “todos los días venían nuevas al Rey e a la Reyna que el turco tenía grand armada por mar e que enviaba a conquistar el Reyno de Sicilia, e ansimesmo que por tierra continuamente sus gentes tomaban cristianos, e les facian crueles muertes, lo cual puso tan grande terror que mandaron en las iglesias de sus reynos todos los dias facer oración a Dios porque le pliguiese alzar su ira e librar a los cristianos de las fuerzas e poderío de aquel gran enemigo de la Cristiandad”. Y del mismo modo se expresa ANDREAS BERNÁLDEZ con motivo de la toma de Otranto, de 1480: “y allí llegó esta nueva, mediado el mes de septiembre, y fue de grave dolor y sentimiento para toda la Cristiandad, así por el daño universal como por el que recibía aquel reino, y el que se podía seguir a todas las provincias del Occidente”. (2)
La documentación, muy abundante, revela todavía más la profunda preocupación del Rey Católico por estos avances. No se limita a ofrecer al Papa su escuadra por medio del Comendador GONZALO DE BETETA, alcaide de Soria, sino que hace grandes preparativos navales en la costa cantábrica y en Cataluña para defender al reino de Nápoles y envía al obispo de Gerona, JUAN MOLES MARGARIT, para convencer a la República de Venecia de la necesidad de avenirse con el Rey de Nápoles, sorprendiéndose de que la Señoría no sólo se entienda con el enemigo de nuestra fe, sino que anime al Rey de Francia, y al Duque de Lorena, y a toda la Casa de Anjou contra el Reino de Nápoles y les notifique “hauer llegado a nuestra noticia esta práctica dellos, la qual no podemos creer que, en Señoría e gente tan cuerda e tan cristiana, cayese tan gran yerro, como sería; e sería contra la antigua costumbres de sus predecesores, los quales siempre han entendido con todas sus fuercas, en exalcar e estender el nombre y la religión cristiana y en abatir la nefandísima seta de Mahoma”; y advierte que si “la cosa viniese en mayor estrechura e peligro de lo que oy está, lo que Dios no quiera, entendemos, non solo poner en esto todo el poder, fuercas y sustancias e nuestros reynos, más, si menester fuere, nuestra propia persona”. (3)
Pero en este mismo año de1481, el 3 de mayo, justamente al día siguiente de escribirse la citada carta a MARGARIT, cuando las naves de Barcelona estaban “en punto para partir”, falleció MOHAMED II, el terror del mundo cristiano, y cambiaron las circunstancias. Estalla una guerra entre sus hijos, BAYACETO II y DJEM o ZIZIM, y aunque éste fue vencido en la batalla de Yenisher, logró refugiarse en Rodas en Rodas (1482), donde el gran maestre de la Orden de San Juan le prestó favorable acogida. El sultán, para verse libre de su hermano, prometió a los caballeros de Rodas y pagar una pensión anual de 45.000 ducados por su custodia. De allí pasó a Auvernia, siempre vigilado por los caballeros, y por fin logró el Pontífice INOCENCIO VIII llevarle a Roma y alojarle en el Vaticano (1489), donde permaneció hasta que fue trasladado a Nápoles por CARLOS VIII de Francia, y allí murió, en 1495.
BAYACETO II se mantuvo en paz con los cristianos mientras vivió entre ellos su hermano, y don FERNANDO no perdió la oportunidad. En sus cartas a los reyes de Nápoles, fechadas en 1483, se manifiesta propicio a firmar la paz con Turquía y les envía los oportunos poderes, otorgando también a DJEM (GIENGEMIO) a petición del Maestre de Rodas. (4)  
Estos años de tregua y aun posteriores, porque BAYACETO II fue un monarca de temperamento pacífico, los aprovecho FERNANDO  para realizar sin graves complicaciones exteriores con los infieles la guerra y la conquista de Granada y para completar la defensa de sus posesiones mediterráneas contra las terribles incursiones de los piratas africanos con la toma de Melilla (1497), Mazalquivir (1505), Cazaza (1506), Peñón de Vélez de la Gomera (1508), Orán (1509), Bugía y Trípoli (1510), y todavía hubiera ido más allá, a pesar de los desastres de las islas de los Gelves y de las Querquenas, si las complicaciones de la guerra de Italia no lo hubiesen impedido. En todo caso, había asegurado una sólida red de posesiones para asegurar su predominio en el Mediterráneo occidental y para actuar contra los corsarios, que continuamente asolaban las costas italianas y el litoral español, frecuentemente en combinación con los moriscos.
Otro motivo de gran preocupación para los Reyes Católicos fueron los Santos Lugares. ZURITA nos habla de los preparativos que se hicieron, en 1501, para una nueva cruzada, que malograron diversas complicaciones políticas, y CRISTÓBAL COLÓN los halaga con la perspectiva del oro de las Indias para conquistar Jerusalén.
Pero sobre el Rey Católico pesa toda la tradición de una política sagacísima que ha heredado de sus antecesores aragoneses, de aquella Casa “de príncipes eminentes en el gobierno, todos a una mano secretos, políticos, sagaces, belicosos y prudentes; felicidad rara y envidiable de todos los demás reinos”. (5)
Por instigación de los moros fugitivos de Granada y de los judíos expulsados y en relación con el levantamiento de los moros granadinos de 1501, el sultán mameluco de Egipto en Tierra Santa y contra los peregrinos que se trasladan a aquellos lugares, y para tranquilizarle fue enviado como embajador PEDRO MÁRTIR DE ANGLERIA. Es una misión de amistad, en la que se le pide que proteja a los religiosos “y les faga guardar sus preuillejos, segund que los soldanes pasados los fauorecieron, guardaron y bien trataron, y aya por bien que puedan reedificar y rreparar los edificios de aquellos santos lugares; e que así mismo mande bien tratar a los peregrinos cristianos, de cualesquier naciones, que los van a visitar, e que le sean guardadas las ordenancas antiguas y mande rrevocar algunas que dis que de nuevo son fechas en su perjuysio; y especialmente prouea que el trujajam SABITINO que mora en Ramule, non les faga desagrauio ni desaguisado alguno”.
En cuanto al trato que recibían los moros residentes en España, motivo del disgusto del sultán, le encargan los Reyes “que si no vos hablare en como tratamos a los moros de nuestros rreynos, no hableys palabra de ello, pero si, por ventura. Os dixiere que no han sido bien tratamos los dichos moros y que desto tiene algund sentimiento, decirle eys que la verdad es que ningún agravio, ni daño se les ha fecho, ni nos diéramos lugar a que se les ficiese, por que, segund nuestras leyes, no deuen ser agrauiados ni maltratados, estando y biuiendo pacíficamente en nuestros reynos e señoríos e no faziendo subuersiones ni escándalos contra nuestra fe”. (6)
No olvida el Rey Católico las excelentes relaciones de amistad, paz y comercio que existieron siempre entre los sultanes mamelucos y sus antecesores aragoneses. Su propio tío, ALFONSO V el  MAGNÁNIMO, había estipulado un tratado con el sultán AL-MALIK AL-ASRAG BARSBAY, el día 16 de mayo de 1429, por el que, entre otros privilegios, se concedía a los cónsules de Aragón el derecho de intervención arbitral entre sus compatriotas y los súbditos de los sultanes mamelucos. (7). Los reyes aragoneses protegieron siempre el tráfico comercial con el Oriente, y el puesto de Barcelona, cuyos intereses mercantiles pesaron extraordinariamente en la política exterior del reino, fue un centro importantísimo de distribución de productos, que rivalizó frecuentemente con las más ricas y prósperas repúblicas italianas. No olvida esto Don FERNANDO, ni olvida que el único rival que tienen los turcos en el Mediterráneo oriental son los sultanes mamelucos, que ya entrado en conflicto con ellos por la posesión de Siria, venciendo KAIB-bey a BAYACETO II. Pero el conflicto es inevitable y habrá de plantearse con sus sucesores, KANSUH EL-GHURI y SELIM I. ¿Pensaría el Rey Católico en una “entende” con los mamelucos para destruir o contrapesar el poderío turco? Todo induce a suponerlo. Los argumentos de PEDRO MÁRTIR convencieron al sultán, y al Consejo de los beys, celebrado inmediatamente, aprobó sus decisiones, asegurándose la protección de los cristianos residentes o peregrinos en los Santos Lugares.
Para tranquilizar al sultán y evitar posibles disturbios, el embajador divulgaría la noticia de haber concertado una alianza fraternal. “Diremos que las flotas fondeadas en los puertos de Apulia y de Calabria estarán prestas con tropas seleccionadas, si surge alguna rebelión contra vos o estalla la guerra, para volar acá en vuestro auxilio... Por otra parte, los reyes vecinos vuestros, que codician la Siria, felicísima provincia nuestra, ¿se atreverán en adelante a declararos la guerra si creen que es cierta nuestra mutua amistad y temen que vengamos nosotros a socorreros a socorreros?” (8).
La previsión de Don FERNANDO tampoco falló en la apreciación de este problema. Depuesto BAYACETO por su hijo SELIM en el año de 1512, y resueltos con la ferocidad acostumbrada los problemas dinásticos que caracterizaban el advenimiento de los sultanes otomanos, mediante el asesinato de sus hermanos y de cinco sobrinos, aprovechó SELIM la paz con los cristianos para atacar al Shah de los persas, y vencido éste, al sultán de los mamelucos, cuyos territorios de Egipto y Siria se anexionó. Dueño ya del Mediterráneo oriental, proyecta una expedición contra Rodas, y muere, en 1520, dejando a su hijo, SOLIMÁN EL MAGNÍFICO, libre de enemigos y rivales en Oriente, en posesión de un inmenso Imperio y en condiciones de desencadenar con sus hordas asiáticas una tremenda ofensiva contra el mundo cristiano. CARLOS V, heredero de Don FERNANDO y continuador de su política, habrá de enfrentarse con este problema en el Mediterráneo y en la Europa central.
DOUSSINAGUE ha visto con meridiana claridad la penetración del Rey Católico y la continuidad de su pensamiento político y estratégico en su nieto, Don CARLOS V. Este “ateniéndose a su título de Emperador, concebido dentro de la visión fernandina, se afana por unir a los pueblos europeos en una comunidad de creencias que él está encargado de sustentar. Pero frente a la guerra contra los infieles, CARLOS I se nos presenta, sobre todo, como un rey español que ha pasado a dirigir los destinos del Continente, y que partiendo de las necesidades sentidas en nuestra costa mediterránea, en Sicilia, Córcega, Baleares, Nápoles, Malta y las plazas conquistadas en el norte de África, se vé en la precisión de cortar los avances de los turcos y los moros, como en los tiempos del Rey Católico. Si no puede dudarse de que su idea imperial, en lo que se refiere a la “paz entre cristianos”, ha sido heredera de FERNANDO V, es sin duda la española preocupación de “guerra contra los infieles” la que engendra esta íntima y secreta aspiración heroica que hace ir al Emperador contra Túnez o Argel o entrar, en 1532, como triunfador en Viena; que le lleva a ordenar la toma de Oné, Bona, Susa, Monastir, Sfax, Mahedia (ciudad llamada entonces por los españoles África), Corón, Castelnovo o Patrás y enviar su escuadra a enfrentarse, en Prevesa, en 1538, con la de BARBARROJA, no por un simple apetito de conquistas, sino para poner fin a los constantes ataques turcos a los países cristianos”. (9)
Lo que maravilla en el Rey Católico es su profundo sentido de la realidad, su visión objetiva y serena de las circunstancias del momento, su previsión, su tacto, su energía, su prudencia, su contención, deteniéndose en el momento preciso, sin abusar del triunfo ni provocar catástrofes, vacíos o desequilibrios peligrosos. “Ni la ira ni el placer facían en el alteración”, dice PULGAR en su retrato con rasgos de etopeya. Su clarividencia política alcanza las cumbres de la genialidad. No aniquila a Venecia, aunque tuvo ocasión de realizarlo, porque la considera necesaria e insustituible para el equilibrio de Italia y para la lucha contra el Turco, a pesar de sus reservas derivadas de sus intereses económicos en Oriente. Es el monarca más poderoso de la Cristiandad a sus enemigos. Ocupa Nápoles, que es herencia de la Casa aragonesa, porque lo considera imprescindible para su plan de defensa del Mediterráneo occidental y para evitar que caiga en manos de Francia, como irremediablemente hubiera sucedido de seguir gobernando en aquel reino la incapaz línea bastarda de ALFONSO V.
En relación con Francia, no se vale de sus triunfos para anexionarse territorios de difícil asimilación. Se limita a quedarse con el Rosellón y la Cerdeña, arrancados a su padre por LUIS XI, y a apartarla de lugares peligrosos para él, como el reino de Nápoles, pero transige con que ocupe el Milanesado. En cuanto a la incorporación de Navarra, “consagrada con la autoridad de la Iglesia y robustecida con la escasa resistencia nacional, sellada la íntima unidad espiritual que en los grandes momentos históricos habían mantenido siempre los reinos peninsulares...y estaba condenada a desaparecer en momentos en que se asomaba el concepto de las potentes nacionalidades, brote de Renacimientos, y cuajada la tendencia a las unidades territoriales, lo mismo en España con FERNANDO e ISABEL que en Francia con LUIS XI...”(10).
La alianza con el Imperio y con Inglaterra estrecha el cerco de Francia y la reduce en sus ambiciones expansivas, pero no la ahoga ni la exaspera. MAXILIANO I, fastuoso, versátil, caprichoso, incierto, implicado en todos los conflictos internacionales de su tiempo, y del que dice MAQUIAVELO que se despilfarraba a sí mismo, no consiguió adquirir los territorios perdidos por su suegro, CARLOS EL TEMERARIO, en la terrible lucha que sostuvo con LUIS XI.
Tampoco ENRIQUE VII ni su sucesor, ENRIQUE VIII de Inglaterra, lograron hacer efectivos sus derechos a los dominios de sus antepasados en territorio francés. La diplomacia del Rey Católico empleó sus mejores esfuerzos en mantener con ambos príncipes una amistad erizada de dificultades y en eludir compromisos peligrosos.
En cuanto a Portugal, tan vidrioso siempre en sus relaciones con Castilla, y más en aquellos tiempos, en que continuaban se suscitaban problemas de límites con motivo de los descubrimientos, es tan sutil la gestión del Rey Católico y sabe presionar y ceder tan a tiempo, que de no haberse interpuesto reiteradas y fatales desgracias familiares, hubiese logrado la unidad ibérica, meta de sus esfuerzos.
Por eso tienen actualidad aquellas palabras de GRACÍAN: “conoció y supo estimar su gran poder; tenía tomado el pulso a sus fuerzas y súpolas emplear; tenía tanteadas prevenir...Pero la eminencia de este gran político estuvo en hacer siempre la guerra con pólvora sorda. Esto es, sin el peligroso y no en vano ruido del armar, sin asonadas de empresa, que avisan a los contrarios, irritan a los neutrales y despiertan a todos ... No hubo hombre que así conociese la ocasión de una empresa, la sazón de un negocio, la oportunidad para todo. De suerte que con mucha razón el prudentísimo FILIPO, su nieto, haciendo cortesía a sus retratos, añadía: “A ÉSTE LO DEBEMOS TODO”. (11). De su perspicacia político tenemos una prueba definitiva en sus relaciones con el gobierno de Castilla, resueltas de un modo tan satisfactoria, gracias también al talento de ISABEL, que con razón pudo escribir humorísticamente HERNANDO DEL PULGAR en su Crónica: “En tal día el Rey e la Reina parieron una hija”. (12).
Creo que se ha subestimado la actuación política de FERNANDO el CATÓLICO en CASTILLA. Por fortuna para ella, como mujer y como reina, doña ISABEL  no prescindió jamás del consejo ni de la dirección de su esposo. En todo intervino decisivamente Don FERNANDO: en los tratos y convenios con BOABDIL, que facilitaron la conquista del reino granadino; en las negociaciones con CRISTÓBAL COLÓN, llevadas a feliz término y concluidas con singular generosidad, a pesar de las exorbitantes y lesivas pretensiones del almirante; en las capitulaciones con los descubridores y exploradores; en las disposiciones y pragmáticas que regularon la primitiva colonización de las Indias; en la organización de las empresas africanas...
La activa participación aragonesa, tanto del Rey como de los principales personajes de su corte, en el descubrimiento de América, no ofrece lugar a dudas. A Don FERNANDO se refiere de un modo personalísimo DIEGO COLÓN en el interrogatorio a que se sometió el Monarca con motivo de los pleitos colombinos, y sobre él – dice con razón MANZANO – gravitó todo el peso de laboriosa negociación. Intervención destacadísima, y en algunos aspectos, decisiva, tuvieron también su camarero, JUAN DE CABRERA, aragonés, de Zaragoza; LUIS DE SANTÁNGEL, escribano de ración, nacido en Valencia, del reino aragonés, de Borja, y algunos otros. “En principio, tan aragonesa como castellana era la empresa, aunque fuese de carácter privado a través de algunos elementos influyentes de la corte”.
“Como Estado nuevo, como ganancia conseguida durante el matrimonio, las Indias correspondían a ambos esposos. FERNANDO tenía en ellas su parte. De esta porción – la mitad – nos habla el Monarca aragonés en su último testamento, al instituir heredera de sus reinos y Estados a su hija doña JUANA”. Un texto de las actas de las Cortes aragoneses de Monzón (1528) nos dice la razón o, mejor aún, el pretexto que movió al Rey Católico a incorporar al reino castellano la parte que le correspondía en las Indias: la ayuda prestada por los castellanos para combatir a los franceses, que atacaban al rey don JUAN II en el Rosellón, cuando Don FERNANDO era todavía príncipe de Aragón, y a los servicios de tropas castellanas, al mando de GONZALO DE CÓRDOBA, para la conquista y defensa del reino napolitano. “Pero esto – agrega MANZANO – no pasa de ser un pretexto, puesto que si fueron eficaces los auxilios de Castilla para defender los reinos y posesiones aragoneses, no fueron menores los servicios del rey de Aragón para defender a la corona de Castilla de los ataques del rey de Portugal, que favorecía a la BELTRANEJA, y para conquistar el reino de Granada”.
Si Don FERNANDO incorporó las Indias y, lo que es más extraño todavía  - como ya observó el padre MARIANA -, el reino de Navarra a la corona de Castilla, se debió a propósitos sutilísimos, que acreditan la inteligencia del Rey y su clara visión de la realidad y del futuro de España.
A juicio de MANZANO, no puede presentarse la constitución política del reino aragonés como un modelo en que las libertades y derechos de los ciudadanos estaban perfectamente garantizados contra las extralimitaciones y abusos del poder absoluto de los príncipes. Aragón en esta época es el país, no de las libertades, sino de los privilegios, y de los privilegios de una sola clase social, la nobleza, clase directora del reino, que a lo largo de la Edad Media hizo jirones la dignidad real, arrancando a monarcas débiles una serie de leyes-pactos autolimitativas de su soberanía. En cambio, en Castilla, monarquía perfecta, el poder del Rey apenas si encuentra limitaciones de derecho humano.
“El incorporar a la Corona de Aragón los nuevos reinos adquiridos (Indias, Navarra) entrañaba un grave peligro, pues era dar ocasión para que los nuevos vasallos, en más estrecho contacto con los viejos, pretendieron alcanzar las mismas exenciones y libertades que éstos... Por otra parte, supuesto que la herencia de ambos esposos iba a recaer en la misma persona..., pudo muy bien FERNANDO incorporar sin escrúpulo alguno, como lo hizo, los reinos nuevos a la Corona de su mujer; con ello conseguía acrecentar el reino castellano y, al propio tiempo, robustecer su prestigio y su poder, pues en este reino sí tenía el príncipe las manos libres para hacer y deshacer y, por tanto, para llevar su política de expansión imperialista hasta las últimas consecuencias. Con esta forma de actuar conseguía FERNANDO un doble efecto: por una parte, con la incorporación de los Estados nuevos a Castilla obtenía el reconocimiento y la adhesión de unos vasallos que se encontraban enriquecidos con estas donaciones y, por ello, siempre bien a secundar los planes de su bienhechor, aunque estos planes favoreciesen a veces directamente los intereses particulares del reino aragonés; de otro lado, con la no incorporación a Aragón de estos nuevos reinos evitaba FERNANDO el fortalecimiento de las posesiones nobiliarias. Política altamente inteligente y beneficiosa para la causa general de la Monarquía española. Un monarca fuerte en Castilla para contrarrestar con ventaja la situación precaria en que se encontraba él mismo con respecto a los nobles en el reino de Aragón”. (13).
He aquí otro aspecto magnífico del Rey Católico, puesto de relieve por JUAN MANZANO y apenas vislumbrado en su profundidad por los tratadistas avezados al ditirambo o a la crítica menuda y localista.
Nada de ello quita mérito ni rebaja la categoría de la más grande entre todas las reinas de España. Por algo dijo el mismo GRACIÁN, y su testimonio tiene el más valor por venir de un aragonés:
“FUE RARA Y SINGULAR ENTRE TODAS LA CATÓLICA DOÑA ISABEL, DE TAN GRANDE CAPACIDAD, QUE AL LADO DE LA DE UN TAN GRANDE REY, PUDO NO SÓLO DARSE A CONOCER, PERO LUCIR. MOSTROSE PRIMERO EN ESCOGERLE, Y DESPUÉS EN EL ESTIMARLE. CADA UNO DE LOS DOS ERA PARA HACER UN SIGLO DE ORO Y UN REINADO FELICÍSIMO, CUANTO MÁS ENTREAMBOS JUNTOS”. (14).

Siguiendo la tradición errabunda de los monarcas castellanos, ISABEL y FERNANDO no tuvieron Corte ni residencia fija, ni palacio determinado en el que pasar temporadas de bien ganado descanso. Desde que comenzaron a reinar, su vida fue incesante peregrinación por la Península, de uno a otro cabo, atentos a los acontecimientos del momento, vigilándolo todo, interviniendo en todo, desde el detalle más nimio hasta el acontecimiento de máxima trascendencia.

Tan sólo la tradición señala el lugar en que nació la reina ISABEL en la villa de MADRIGAL DE LAS ALTAS TORRES (ÁVILA),  dada en arras por JUAN II a su mujer, pero merece crédito completo, pues el destartalado caserón, cedido en 1525 por CARLOS V a un convento de monjas agustinas.

Cumpliendo su voluntad, el cadáver de la soberana fue llevado “sin detenimiento alguno”, “como estuviese, a la Ciudad de Granada”, para ser sepultado “en el monasterio de San Francisco, que es en la Alambra... vestido en el hábito del bienaventurado pobre de JESU-CRISTO SAN FRANCISCO, en una sepultura baja, que no tenga bulto alguno, salvo una losa en el suelo, llana, con sus letras esculpidas en ella. (Palabras del testamento de la Reina, otorgado en Medina del Campo a 12 de octubre – el Descubrimiento – y 19 de noviembre – cuadro de JUAN ROSALES. Allí Estuvieron unos años los restos mortales de la reina, grande en todo, hasta en su desprecio, hasta que, terminada la CAPILLA REAL, fueron llevados a ésta: su deseo ser sepultada en San Franciscano de la ALAMBRA, la soberana dice que si Don FERNANDO dispusiese otro lugar para enterramiento de ambos se cumpla su voluntad.
En la sala del palacio musulmán, transformada en iglesia del modesto convento franciscano, permanecen aún las yeserías que la decoraban y los epígrafes, proclamando, en idioma arábigo, que tan sólo Dios, el que los ismalitas llaman Alláh, es vencedor. Abandonada y ruinosa esa y las inmediatas estancias monásticas, en camino de seguir la misma suerte que los palacios de la plaza de Medina del Campo, al repararlas y excavar su suelo hace un cuarto de siglo, encontré la fosa, sepulcro de la reina durante diecisiete años. Desde entonces, “una fosa baja, en el suelo, llana, con sus letras esculpidas en ella”, como quería, recuerda el hecho. En el ex convento se ha instalado después un Parador de Turismo.
La vida de la Reina Católica se desarrolló, pues, en gran parte en escenarios hispanomusulmanes y mudéjares, más ORIENTALES que de Occidente. Frecuente fue su trato con moros, tanto con los sometidos, habitantes en gran número en las ciudades cristianas, como con los enemigos vencidos del reino granadino. Reinando en una encrucijada histórica, al aconsejar en su testamento “NO CESEN EN LA CONQUISTA DE ÁFRICA”, manifestó su voluntad de proseguir una política de expansión al otro lado del Estrecho, pronto olvidaba por los Austrias.
Síntesis y corazón de la España medieval, TOLEDO es la ciudad – ha escrito don MANUEL B. COSSÍO – “que ofrece el conjunto más acabado y característico de todo lo que ha sido la tierra y la civilización genuinamente españolas. Es el resumen más perfecto, más brillante y más sugestivo de la historia patria”.
Repetidas veces estuvo la reina ISABEL en Toledo; en ella nació su hija doña JUANA EN 1479. Ordenó ensanchar su plaza, hacer alcantarillas y empedrar sus calles. MELCHOR DE SANTA CRUZ DE DUEÑAS cuenta que, cuando en presencia de la reina alababan otra ciudad, decía por Toledo: “Si tan grande, no tan fuerte; si tan fuerte, no tan grande”, y reconocía el ingenio y la habilidad de los toledanos, y el secular espíritu de cultura que en ella se respiraba, al afirmar que “Nunca me hallo necia, sino cuando estoy en Toledo”.

ORIGEN Y SENTIDO DE LA SANTA INQUISICIÓN MEDIEVAL

Prof. Dr. JUAN CARLOS OSSANDÓN VALDÉS – Chile.

Todos sabemos que el período histórico estúpidamente bautizado como Edad Media ¡como si alguna no lo fuera! Ha sido el más calumniado de la historia. El mismo nombre sólo dice que ese período viene después del anterior y es antecedente del posterior. Salvo el primero, el de ADÁN y EVA, y el último, el de Juicio Final, todos pueden ser llamados así...
Por desgracia, esta estupidez se ha introducido en nuestra Iglesia, que tiene más de un motivo para defender esos siglos que creyeron en ella, tal vez, como ningún otro. Hace algunos años, uno de mis hijos me presentó su libro de religión, autorizado por la Conferencia Episcopal chilena. La historia de la Iglesia se dividía en tres períodos: antiguo (espléndida foto del coliseo romano, medieval (mancha gris), moderno (espléndida foto de San Pedro en Roma). Sin comentarios.
Uno de los organismos medievales más calumniados es el Tribunal de la Santa Inquisición. Incluso se buscó por todos los medios que S.S. JUAN PABLO II pidiera perdón por ella. A Dios gracia no lo hizo. Es que no lo hizo. Es que no había razón alguna para hacerlo ya que su existencia debería enorgullecer a todo católico y a hacer que se mueran de envidia los que los que no pudieron dar origen a tan bella institución.
Lo primero que hay que tener, para entenderla, es que los pueblos jóvenes y vireles han sabido defender sus instituciones. ISRAEL crea esta instancia (cfr. Deuteronomio, 13, 1-5 y 17, 2-5) : c.13, vers.1-5: Si se alzare en medio de ti un profeta o un soñador que te anuncia una señal o un prodigio, 2: aunque se cumpliere la señal o el prodigio de que te habló, diciendo: Vamos tras de otros dioses – dioses que tu no conoces – y sirvámosles ; 3: no escuches las palabras de ese profeta de ese profeta o ese soñador, porque te prueba YAVÉ, tu Dios, para saber si amáis a YAVÉ, vuestro Dios, con todo vuestro corazón y toda vuestra alma. 4: Tras de YAVÉ, vuestro Dios, habéis de ir; a Él habéis de temer, guardar sus mandamientos, obedecer su voz, servirle y allegaros a Él. 5: Y ese profeta o soñador será condenado a muerte por haber aconsejado la rebelión contra YAVÉ, VUESTRO Dios, que os sacó de Egipto y os libro de la casa de la servidumbre para apartaros del camino por donde YAVÉ, tu Dios, te ha mandado ir. Así harás desaparecer la maldad de en medio de ti.
c.17, vers. 2-5: Si en medio de ti, en alguna de las ciudades que YAVÉ, tu Dios, te da, hubiere hombre o mujer que hiciere lo que es malo a los ojos de YAVÉ, tu Dios, traspasando su alianza, 3: yéndose tras otros dioses para servirles y postrarse ante ellos, ante el sol o la luna o cualquier astro del ejército de los cielos, cosa que yo no he mandado; 4: cuando la cosa llegue a ti, harás una escrupulosa INVESTIGACIÓN; si el rumor es verdadero y el hecho cierto, si se cometió tal abominación en Israel, 5: llevarás a tus puertas al hombre o mujer que tal maldad ha cometido y los lapidarás hasta que mueran.
Y alaba a las autoridades que la aplican en defensa de su fe (III Reyes, 18, 30-40; II Crónicas, 15,13; 17,6; 19, 3; 23, 16,17; y un largo etcétera). ¿Qué tiene de raro que la juvenil Iglesia “bárbara” haya hecho lo mismo? Sin embargo, con esto no se ha dicho todo. Porque la Iglesia siempre la indulgencia. Según sus máximos exponentes, convence VERBIS, NON VERBERIBUS, no con azotes.
¿Qué ocurrió para que esta Iglesia, que siente HORROR POR LA SANGRE, haya creado esta institución?
En el siglo XII apareció una secta que recibió muchos nombres y que no se limitaba al ámbito religioso sino que invadió al civil. ¿Cómo? El orden jurídico medieval, nacido de la cultura bárbara, estaba basado en el juramento de fidelidad. Por lo mismo, el delito más odiado, insufrible para toda persona bien nacido, era la felonía, la traición a un juramento. Como dice Santo TOMÁS, todo caballero prefiere morir a perder el honor, es decir, a no cumplir la palabra dada. Pues bien, ahora resultaba que el juramento, según esta secta, es ilícito; prestarlo es pecado mortal. Como si esto fuera poco, rechazaban el matrimonio; porque tener hijos es una perversidad, ya que mantiene encerrada la materia, reino del mal, partículas divinas. Amén de otras insensateces, fueron los primeros en practicar lo que hoy llamamos capitalismo salvaje; lo reseñado basta para comprender que atrajeron sobre sí las iras de los gobiernos y de la Iglesia.
Mas hay otro aspecto de la cuestión que ha sido ocultado maliciosamente. La persecución se dirigía a felones, traidores, herejes, que es todo uno en esta materia. Quien era judío o musulmán de toda la vida y se presentaba como tal en la sociedad medieval, no tenía nada que temer. Era un huésped de la ciudad y, como tal, tenía derechos y deberes que cumplir. Él no era hereje, ni felón, ni traidor. Allí donde eran muchos, se organizaba un barrio para que pudieran vivir conforme con su ley y creencias sin ser molestados ni molestar a nadie. Esos barrios, en España, serían conocidos como morería o judería.
Los gobiernos civiles iniciaron la persecución y FEDERICO II, el primer rey moderno según algunos historiadores, llegó al exceso de hacer quemar a los acusados de pertenecer a tal secta. Las quejas se acumulaban en Roma.
Tal parece que el emperador se aprovechó de la situación y condenó a sus enemigos políticos. ¿Cómo impedirlo? Al Papa GREGORIO IX se le ocurrió una idea realmente genial. Ya que se que se acusaba de herejía a los reos, sólo la Iglesia tenía autoridad para determinar sí era cierta la acusación. De este modo introdujo una cuña entre el reo y el tribunal civil.
Esta es la razón de que se llame SANTA INQUISICIÓN, es decir, INVESTIGACIÓN. Tal como hoy, en muchos países. Hay una policía de INVESTIGACIONES, encargada de descubrir a los delincuentes, así también, el Papa creó una instancia idéntica que debía informar al tribunal civil. Por ello la Santa Inquisición jamás condenó a nadie, sino que se limitaba a RELAXARLO AL BRAZO SECULAR, el cual dictaba la sentencia. Lo curioso del caso es que, al entregar al reo al tribunal civil, pedía clemencia por él.
Pero esta INQUISICIÓN la hacían teólogos, acostumbrados a perdonar los pecados. Por ello lo primero que hacían, al llegar a una ciudad, era proclamar un período de gracia. Se explicaban bien los errores monstruosos que pululaban por la región y se otorgaba perdón automático a todo el que comprendiese su error y se acusase a sí mismo, como en la confesión sacramental. Este período de gracia podía durar hasta un mes. Esta sola providencia ¿cuántas almas salvó? Porque muchos eran herejes por ignorancia.
Todo el procedimiento inquisitorial estaba marcado por ese inmenso esfuerzo por salvar al alma extraviada. En cualquier momento del mismo, el reo podía reconocer su error y evitar su RELAXICIÓN. En ese momento, la santa inquisición lo condenaba a alguna pena espiritual, tal como hoy nos condena el confesor a rezar alguna cosa como penitencia por nuestros pecados.
Muchos avances modernos en procedimiento penal tienen origen en este curioso tribunal. Es el primero que supuso la inocencia del acusado hasta el extremo de investigar al acusador antes que al acusado. Además, sólo tenía en cuenta una acusación si se habían producido al menos tres y provenían de distintas personas. Más aún, le pedía al supuesto hereje que hiciera una lista de sus enemigos, los que eran borrados de entre los acusadores. Creo que ningún tribunal actual se toma tantas molestias como aquél.
Como los inquisidores venían de otra ciudad, formaban una comisión de hombres probos, tomados del mismo pueblo, que tenían la misión de informar sobre la calidad de los acusadores y acusados. Porque bien sabían estos teólogos que muchas veces la envidia, la maledicencia, etc., están en el origen de muchas calumnias; que a veces no son más que eso lo que la gente da por sentado. Y como el reo tenía derecho a apelar ante el obispo, e, incluso ante el Papa, todo el proceso era puesto por escrito por un notario.
Como si todas estas providencias fueran pocas, el tribunal nombraba, de oficio, a un abogado defensor del inculpado cuya misión era, obviamente, demostrar su inocencia.
Lo que hoy no podemos comprender es el uso de la tortura. Ciertamente fue un error y muchos inquisidores lo comprendieron. Hay que hacer notar, sin embargo, que era una práctica fomentada por el derecho romano, redescubierto a fines del siglo XII; por desgracia, los medievales se dejaron convencer por su autoridad.
Todos los tribunales comenzaron desde esa época hasta hoy, si hemos de creer a tanta denuncia que, en ese sentido, se oye por ahí. Ahora bien, el único tribunal de esa época que procuró suavizar en todo lo posible tal árbitro judicial... fue la Inquisición.
Tomó toda suerte de providencias para que no dañara en lo más mínimo a la salud del reo, por lo que debía ser presidida por un médico, limitaba su duración y, lo que es menos aceptado, casi nunca la uso. Al mostrarnos instrumentos crudelísimos en museos europeos, no se toma en cuenta que era un tribunal mixto, civil y eclesiástico; por lo que, sin decirnos nada, nos muestran los que eran usados por el civil como si hubiesen sido empleados por el eclesiástico. 
Hay que reconocer, sí, que hubo males inquisidores, que cometieron abusos incalificables, como ha ocurrido en todos los tribunales de ayer y de hoy. Pero lo que no suele decirse que el mismo tribunal, en más de una ocasión, juzgó a sus inquisidores y los condenó por los abusos que cometieron. Tales atropellos hablan bien claro de la debilidad humana, más que de la maldad del tribunal. Ninguna institución puede pasar un test de inmaculada blancura, y menos una que ha durado varios siglos. Lo cual no nos autoriza a calumniarla, por cierto.
Permítaseme salir de la época a la que he dedicado este estudio para ilustrar mejor la gloria de este tribunal. Durante el Renacimiento europeo, por ejemplo, se desató esa increíble caza de brujas que perdurará hasta los tiempos modernos. Ésta fue más implacable en los países reformados que en los que mantuvieron su unión con Roma. Se calcula que mucho más de medio millón de mujeres pereció en las hogueras encendidas por el temor que provocaban.
Pero hubo dos países donde tan ominoso fenómeno no se produjo: ESPAÑA e ITALIA. ¿POR QUÉ? Porque en ellos había una Santa Inquisición que exigía probar la acusación. Ignoro por qué no se alzado en ninguna parte  una estatua al hombre que salvó a tantas mujeres de la hoguera. Me refiero a ALONSO DE SALAZAR FRÍAS, inquisidor español que negó la existencia de las brujas. Como, a su juicio, tal acusación nacía de la ignorancia, la Inquisición se dedicó a fomentar las artes y las letras, contribuyendo de modo decisivo al siglo de oro español.
Como puede apreciarse, nada hay que nos avergüence si conocemos la verdadera historia de tan calumniado tribunal.

PROF. DR. JUAN CARLOS OSSANDÓN VALDÉZ